Parashat Vayerá 04-5768 |
octubre 26, 2007
Parashat Vayerá 04-5768
Filed under: 1. Parashot año 5.768 (2007-2008), 1.1. - Bereshit (Genesis) — sinagogabeiteljai @ 12:56 pm
Parasháh: B’reshit 18:1-22:24
Haftaráh: Melajim bet (2 Reyes) 4:1-37
Brit HaDashah :Lucas 17:26-37; Romanos 9:6-9; Gálatas 4:21-31; Israelitas Mesiánicos (Hebreos) 6:13-20; 11:13-19; Yaakov 2:14-24; 2 Kefa (2 Pedro) 2:4-10
Tragedias y enseñanzas en este episodio de la Torah. Esta parashah nos habla del pasaje tan conocido de cuando Hashem se le muestra a Abraham Abinu y la visita de los 3 “varones”. Este relato de la Torah nos da un visión de lo importante que fue para Abraham, de atender o buscar atender a huéspedes, a pesar de cómo él se sentía para ese momento. A cuál momento nos referimos? Justo estos visitantes aparecieron a los tres días de haberse hecho Abraham el Brit Miláh (Circuncisión) en su prepucio y a todos los varones de su casa.
Este es el momento más doloroso de el brit miláh y de casi cualquier operación o cirugía mayor. A pesar de ello, Abraham se para, en un día caluroso y se dispone de salir no sólo de su tienda sino de la comodidad en la que se encuentra para llevar a cabo uno de los mandamientos más importantes que hay en la Torah en el aspecto social y humanitario. Lo realmente interesante de lo visto hasta aquí, es la acción de Abraham, quien cuando divisa hombres con posibilidad de convertirse en sus huéspedes, sale a toda prisa tras ellos, dejando a la mismísima Presencia Divina aguardando. Entendemos entonces, evaluando el hecho, la magnitud y el valor que alcanza esta acción de recibir invitados. Es por ello que los sabios sentenciaron en el Talmud, Masejet Shabat 127 “La acción de recibir huéspedes es mayor a la de recibir a la Presencia Divina”
Por lo tanto, haciendo una breve reflexión llegamos a la conclusión, que si recibir huéspedes es algo tan grande, importante y de tan alto valor, debe haber por ello una gran recompensa por parte del Creador a quien hace tal precepto. Y en contraposición, que gravedad debe alcanzar el pecado de aquel que impide a alguien recibir invitados, obstaculizándolo de algún modo para que no lo haga.
En días pasados me hicieron una invitación a una casa de la playa de una familia y una de las alegrías que pude tener, fue poder hacer el Birkat Hamazón sobre la mesa del dueño del lugar. No siempre tenemos la oportunidad de bendecir a otros. Muchos sólo llegan a decirle a uno “Adonai te bendiga”, pero cuando hay la posibilidad de decir el Birkat Hamazón sobre la mesa del dueño de un hogar, cumplimos con la mitrzváh de “al que te bendijere Yo le bendeciré”. Esto tiene un connotación más amplia pues la “bendición” implica economía y dinero, pero en el judaísmo hay unos conceptos que se manejan que implican algo mucho más amplio, como los “buenos deseos” que hay en una berajah como la de Birkat Hamazón cuando le deseamos los bueno al dueño de la casa y sobre la mesa en la que hemos comido. Esta berajáh es hecha por el hombre que es invitado a comer, debido a que en ella está dicho a Hashem que agradecemos “por el Pacto y la Torah, la vida y el alimento también…”. El término Pacto, hace más adelante al tema del Brit Milah, la circuncisión de piel, la cual llevamos todos los varones hebreos desde nuestra niñez.
Sumado al tema de la visita de estos varones a Abraham, está también la destrucción de Sedom y Amorá y con estas ciudades y otras más, la muerte y destrucción de las almas que en ellas habitaban. Las razones son bastante conocidas por vosotros, avaricia, egoísmo, idolatría, abominación, lujuria, aberración, etc. No había nada bueno que rescatar ahí. Incluso Lot, ahora un juez de Sedom, sól puede salvarse por la intervención de los mensajeros (malajim) de Hashem que vienen a actuar en favor de Abraham, quien ruega por él y su familia.
Contrariamente a Abraham, quien busca recibir huéspedes en su hogar, la esposa e Lot es convertida en sal por las razones que ya explicaré, ya que cuando se estructuró Sodoma, cincuenta y dos años antes de la destrucción total mencionada, a través del remanente de quienes habían construido la torre de Babel intentando subir al cielo y hacer idolatría, siendo finalmente esparcidos por El Eterno, vieron esta hermosa llanura, y construyeron en ella cuatro ciudades: Sedom (Sodoma), Amorá (Gomorra), Admá y Zboim. Aunque todas ellas eran llamadas según el nombre de la primera, la cual se sobreponía a todas las demás en poder y maldad.
Luego, aguardaron un año, y al pie del monte contiguo, al este, ensancharon su dominio, construyendo allí una quinta ciudad, llamada Tzoar. (No tiene que ver nada con la palabra hebrea “resplandor”, la cual se escribe Zohar)
Respecto a los tiempos en los que este imperio se inició, era una época extremadamente dura, pues había mucha hambre en toda la Tierra, y las personas deambulaban de un lado a otro en busca de algún alimento para calmar su necesidad. Los sembrados no crecían, y era muy dificultoso obtener resultados positivos en el cultivo de la tierra. Solo aquellos que descubrieron la hermosa planicie de Sodoma, disfrutaban de un suelo fértil que producía todo tipo de vegetales con una rapidez asombrosa.
Este fenómeno hace suponer que lo ideal y lógico, tras el hallazgo, hubiera sido que envíen mensajeros para informar al resto de la población acerca de este suelo, que permite por su fertilidad, alimentar a todo el mundo. Sin embargo no obraron de ese modo, prefirieron construir un cerco, y privar a todo extraño ingresar al lugar, querían toda la riqueza para ellos. Este era uno de los pecados grandes de Sedom.
Sobre estos fundamentos perversos y egoístas se fundó Sodoma, y está claro que las leyes que se legislaron allí en lo sucesivo, como parte de la constitución nacional de ese lugar, fueren basadas en esta vil manera de conducta, aborrecida por Hashem.
El egoísmo no sólo se refleja en eventos como no ayudar a otros, o como no brindar comida al hambriento o alojamiento, sino también en la egoísta e incrédula forma de proceder de no dar los diezmos y las ofrendas, las cuales generan multiplicación de bendiciones. Estas leyes o mandamientos, como los hemos explicado ya antes, están ordenadas por Hashem sobre UNICAMENTE el Pueblo de Israel, es decir sobre y los judíos. No es posible aceptar ni entender que los gentiles deben diezmar a sus pastores, pues ellos no son ni rabinos ni levitas. Este nivel tan alto de “ofrenda” como lo es el diezmo, trae consigo unas bendiciones tan especiales que muchas veces algunas personas pueden notar como Hashem obra por la tal fidelidad de esos corazones. Por otra parte, a ello se une la ayuda a la comunidad que da cobertura, en el sostenimiento de sus instalaciones, que están por encima de mantener el lujo y las necesidades propias que no son para cumplir mitzvah.
Volviendo a Sedom y contrario a los expuesto, entre sus normas constaba que quien da sustento a un pobre, debe ser condenado a recibir la pena capital a través de fuego. Y aquel que ingresa a su casa un huésped, su propiedad debía ser quemada, mientras que al invitado le quitaban sus ropas y aplicaban sobre él la ley de “conocerlo”, tomando asimismo todo su dinero.
Por lo tanto, la esposa de Lot, al enterarse de la acción de su marido de traer convidados, comenzó a riñar con su cónyuge reclamándole: (así nos relata la Torah Oral) “¿La gente de la ciudad se abstienen de permitir el ingreso de huéspedes a la ciudad, y tú los introduces en nuestra casa. Acaso pretendes que te maten a ti y también a mi?. Si los quieres aceptar de todos modos, dividamos la casa, y los recibes en tu parte”.
Lot en tanto, se dispone a hornear pan, y solicita a su mujer: “Dame para los huéspedes un poco de sal”. (Lo cual es parte de una comida y del sostenimiento de un cuerpo en el alimento) Ella le responde: “¿No te alcanza con haberlos traído a la casa, que también les quieres dar de comer?. ¿Acaso deseas instaurar por estos pagos nuevas costumbres?”.
La “doña” luego de este altercado simuló buscar sal sin hallar por ningún lado, hasta que sale y se dirige a lo de sus vecinas, entonces dice a cada una de ellas: “Hazme un favor vecina, préstame un poco de sal, que tengo huéspedes en mi hogar y la necesito para ellos…”. Lot se enteró de la situación generada por su mujer, y sabía ahora lo que le esperaba, sin embargo, prosiguió con la suya, horneó pan y trajo vino a los convidados, pues en Sodoma no existía una comida sin vino.
Mientras cenaban, los invitados preguntaron al anfitrión acerca de los habitantes del lugar, y les respondió que por estos pagos, la mayoría son perversos.
Aun se hallaban sentados a la mesa y platicaban, cuando se siente que un joven, quien había visto a los huéspedes ingresar a la vivienda, salió a toda prisa gritando: “Hay huéspedes en la casa de Lot!”.
De este modo, a causa de la mujer de Lot y este joven, se corrió la voz, hasta hacerse público que el sobrino de Abraham ha violado la ley local que prohíbe la recepción de invitados, llegando a reunirse todos allí hasta rodear la vivienda del anfitrión, tal como narramos arriba.
Vemos que lo sucedido a la esposa de Lot, le aconteció a través del mismo medio que ella utilizó para intentar impedir a su esposo recibir huéspedes, es decir, la sal, pues fue precisamente este, el elemento que la dama empleó para difundir la noticia públicamente, y ese mismo componente la tornó una columna inerte salificada cuando miró hacia atrás.
Queda claro, pues que es algo gravísimo impedir al prójimo realizar un acto de bien.
Por lo tanto, es menester aprender de este caso, y así poder superarnos y protegernos, para no caer en esta grave falta, pues los sabios revelaron que a quien impide a su prójimo la ejecución de un acto de bien, le impiden el arrepentimiento y retorno al Creador.
Si caemos en este error de impedir a nuestro prójimo la ejecución de una obra de bien, aconteciendo por ello que cerrarán las puertas en nuestras propias narices impidiéndonos el arrepentimiento y retorno al Creador. ¿Cómo podremos entonces heredar el mundo venidero?.
Es por ello, que debemos estar permanentemente en estado de alerta para no caer en esta falta, la cual fue contabilizada en primer lugar cuando fueron enumeradas las 24 causas que obstaculizan el arrepentimiento, siendo esta la terminología utilizada por Maimónides, y cito a continuación:
“Veinticuatro cosas impiden el arrepentimiento: cuatro de ellas representan un pecado enorme, y quien realiza una de ellas, el Creador no otorga suficiencia en él para lograr el arrepentimiento, acorde a la severidad de su falta, y estas son:
1) Quien hace pecar a la gente. Y dentro de esta generalidad, se halla quien impide a la gente realizar un acto bueno”.
2) Quien hace torcer a su compañero, desviándolo del camino bueno hacia el malo, por ejemplo, quien incita a alguien en particular o a muchos a practicar cultos idólatras. (No sólo a postrarse ante ídolos, sino cuando ponen sus esperanzas en objetos como el dinero o sus profesiones, su inteligencia, etc y no en Hashem)
3) Aquel que ve a su hijo desviarse del sendero del bien, y no le reprocha por esa actitud, pues dado que se trata de su hijo, el mismo está bajo su tutela, y si le reprendería por la mala acción, podría encaminarse por el sendero acertado, por lo tanto, al no hacerlo, se le considera como que lo instigó a pecar. Hallándose asimismo dentro de esta generalidad, aquel que tiene la posibilidad de reprender a otros, ya sea a alguien en particular, o a un grupo, y no le reprocha por su mala conducta, sino que los deja que prosigan en su camino equívoco.
4) Aquel que dice: pecaré y luego me arrepentiré, o pecaré y el Día del Perdón me redimirá”.
Hasta aquí, el texto de Maimónides que describe las cuatro cosas que impiden el arrepentimiento.
Ahora bien, al ser algo tan riguroso según la Torah, y las halajot que procuran no transgredir a la Torah (y que muchos no aceptan), es necesario analizar, tal como dijimos, a cada instante, cuando nos disponemos a emitir nuestra opinión, para estar seguros de que a través de lo que digamos no privamos a nadie de hacer una obra de bien.
Pues es muy común, que uno reaccione de manera automática, y ante la propuesta de nuestro interlocutor, sentencie: “Me opongo”, o “No estoy de acuerdo en que se haga”, “No me parece bien”. O en ocasiones: “No se de que se trata, pero me opongo”. Este tipo de expresiones, sobre todo de jóvenes y personas que tienen poco tiempo en el judaísmo, que sin estudios profundos, y con un sentimentalismo muy grande, es decir, interponiendo el corazón entre él y Hashem, deciden erróneamente hacer tal o cual cosa, al creer que sus vidas o salvación está en juego, a veces, hasta sin saber en qué consiste la salvación. Hemos sido testigos de vidas que se han alejado del judaísmo por causa de ideales y que hoy día están fuera de todo orden de Hashem. Reaccionan como bien dije de manera automática, si una enseñanza no hace un mash con sus ideales, y sin experiencia, sin convicciones, sin estudios, sin madurez, no sólo se apartan, sino que además involucran a otros amigos o familiares para que también tomen el camino equivocado.
He dicho reiteradas veces, que el judaísmo es para valientes y muchos que han entrado no lo son y nunca lo fueron. Recuerdo una vez que comentaba sobre los castigos y pecados de Moshéh rabenu, y uno de ellos fue, cuando dijeron, “este egipcio nos ha salvado”, lo que nos enseñó en esa parashah, que todo aquel que niega su judaísmo, que lo oculta, que le avergüenza mostrarse o confesarse como judío, no merece la pena ser judío, y por lo tanto Hashem no excluye de las promesas y bendiciones. Muchos han llegado a actuar así y lo malo es que hay muchos, familiares y amigos que le siguen CIEGAMENTE, lo cual trae también una maldición, por seguir a hombre como si él tal hombre fuera la luz al final del túnel.
¿Tienen todos los túneles luz al final? ¿Cómo se ve? ¿Podremos nosotros verla? ¿Existe alguna receta para poder vislumbrarla? Con sólo observar detenidamente algunos de los detalles de la “Akedat Ytzjak, la Atadura de Ytzjak, la prueba en la cual Hashem le pide a Abraham sacrificar a su hijo preferido Ytzjak”, podremos aprender el secreto de nuestro gran patriarca.
Ya antes del nacimiento de Ytzjak, Hashem le prometió a su padre que el mismo sería origen de una gran nación y un pueblo elegido. Sin embargo, al momento de esta prueba, Ytzjak aún no estaba casado. Nuestros sabios en el Midrash nos dan a entender que la principal prueba que implicaba para Abraham sacrificar a su hijo era la aparente contradicción entre este pedido y la promesa de instaurar desde Ytzjak un gran pueblo.
Más aún se agudiza la supuesta contradicción. Cuando Abraham divisa el sitio donde debía erguir el Altar para su hijo, la Torá dice lo siguiente: “Vaisá Abraham et enav vayar et hamakom merajok – y alzó Abraham sus ojos y divisó el sitio a lo lejos”. Este lugar que Abraham estaba viendo, era el mismo que sobre él iba a ser construido el Bet Hamikdash por la descendencia de Ytzjak. ¿Y cómo podía ser todo esto real si Ytzjak estaba a punto ser sacrificado?
Sin embargo, en este mismo versículo podemos hallar la repuesta. La Torá puntualiza: “Merajok – a lo lejos”, él tuvo la capacidad de ver algo que aún estaba a la distancia, algo completamente remoto. Él vio, con su convicción, que todos los planes de Hashem tienen un buen final. En esto no le quedaban dudas. Y en realidad vemos que luego de atravesar valientemente esta prueba, Hashem le comunica el nacimiento de Rivká, la futura mujer de Ytzjak. O sea, que justamente luego que él actúa íntegramente, sin cuestionarse qué será de la descendencia prometida a Ytzjak, recibe la noticia de que ya esto estaba contemplado en el plan Divino.
Mucha gente no está condicionada, para hacer verdaderos y grandes sacrificios por el Padre Celestial, de ahí la valentía a la que me he estado refiriendo en ocasiones. Es necesario estudiar Torah y andar en Sus Caminos para poder ver a los lejos, es decir, para poder ver el futuro, no por adivinación (Jas Veshalom!) sino por sabiduría, la cual la da sólo El por medio de la Torah, no de la lectura de la Biblia, eso sería algo demasiado superficial.
Amigos, muchos temas han sido tratados hoy aquí, pero sin lugar a dudas, el tema principal es que la prueba final a la que fue sometido Abraham Abinu, no fue la Atadura de su hijo, sino el sacrificio de sus propias convicciones y su ideología, a muchos les toca reaprender para poder dejar que las nuevas ideas de Torah calen y penetren hasta sus huesos.
Que Hashem nos ayude a alcanzar la sabiduría por medio del estudio de la Torah y alcancemos elevados niveles de santidad para poder ver la luz más allá del tunel en Mashiaj Yeshua.
Shabat Shalom,
Rav Janoj ben Abraham
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