miércoles, 23 de noviembre de 2016

Conocereis de Verdad | Evangelios - 4º escribas fariseos saduceos judíos esenios escritos rabínicos

Conocereis de Verdad | Evangelios - 4º escribas fariseos saduceos judíos esenios escritos rabínicos






Wednesday 23 November 2016 | Actualizada : 2016-11-15


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“Las
Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la
ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la
luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas
Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu
Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los
apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces,
allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la
Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.
MMV. V. VII – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.


Para
conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los
hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la
intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

+++

El
cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para
distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es
imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto
histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia,
se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio
y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la
Iglesia.

+++

¿Quién era Zaqueo? Un hombre rico que, como oficio, ejercía de «publicano»,
esto es, recaudador de impuestos por cuenta de la autoridad romana, y
precisamente por esto estaba considerado como un pecador público.

+++
1251. Pergamino. 21 x 15 cm. Monasterio de Romkla. Sicilia. Italia.




San Cesareo de Arles (470-543), monje y obispo de la Iglesia Católica
Sermones al pueblo, n° 57,4

«Los escribas y fariseos le espiaban…con el fin de encontrar un motivo para acusarlo» -      
El Señor dirá a los que han menospreciado su misericordia : «Hombre,
soy yo quien con mis manos te he formado del barro, soy yo quien con mi
aliento he puesto el espíritu en tu cuerpo de tierra, soy yo quien se ha
dignado darte nuestra imagen y semejanza, soy yo quien te ha puesto en
el centro de las delicias del Paraíso. Pero tú, menospreciando los
mandamientos de vida, has preferido seguir al seductor antes que al
Señor…
        «Luego, cuando has sido expulsado del Paraíso y, por
el pecado, retenido por las ataduras de la muerte, conmovido por la
misericordia, para venir al mundo he entrado en un seno virginal, sin
perjuicio de su virginidad . He sido recostado en un pesebre, envuelto
en pañales; he soportado las dificultades de la infancia y los
sufrimientos humanos, a través de los cuales me he hecho semejante a ti
con la única finalidad de hacerte semejante a mí. He soportado las
bofetadas y salivazos de los que se burlaban de mí, he bebido vinagre
mezclado con hiel. Azotado con varas, coronado de espinas, clavado en la
cruz, traspasado por la lanza, en medio de los tormentos he entregado
mi alma para arrancarte a ti de la muerte. Puedes ver las señales de los
clavos de los que he sido suspendido ; puedes ver mi costado traspasado
lleno de heridas. He soportado los sufrimientos que eran para tí a fin
de poder darte mi gloria; he sufrido tu muerte para que tú vivas por
toda la eternidad. He descansado, encerrado en el sepulcro, para que tu
puedas reinar en el cielo.
        «¿Por qué has perdido lo que he
sufrido por ti ? ¿Por qué has renunciado a las gracias de tu redención
?… Devuélveme tu vida, por la que he dado la mía ; devuélveme tu vida
que, sin cesar, has destruido por las heridas de tus pecados.»

+++
  
El contexto religioso de los Evangelios (I)



Acostumbrado
a las definiciones dogmáticas que caracterizan a las religiones que
conoce, más o menos superficialmente, el hombre de nuestro tiempo
difícilmente puede hacerse una idea de la enorme flexibilidad doctrinal
que caracterizaba al judaísmo que antecedió la época de Jesús y que
existió, al menos, hasta la destrucción del Templo en el año 70 d. de C.

Salvo
la creencia en un Dios único que se había revelado históricamente al
pueblo de Israel (Deuteronomio 6, 4) y cuyas palabras habían sido
entregadas en la Torah o Ley a Moisés, los distintos segmentos
espirituales del pueblo judío no tenían nada que lo uniera por igual a
todos.

En estos primeros artículos nos acercaremos a las
diferentes escuelas religiosas (o sectas) judías para examinar lo que
tenían de distintivo y en qué medida se podían relacionar con el
movimiento originado en Jesús de Nazaret.

Comenzaremos por los escribas;
y luego iremos analizando a los fariseos y saduceos (todos ellos
aparecen en las páginas del Nuevo Testamento) y después en la última
parte de esta serie haremos mención de los esenios y la secta de Qumrán,
los zelotes y los apocalípticos, para concluir con una referencia a los
judeo-cristianos.

LOS ESCRIBAS

El término "escriba" no es del todo claro y parece referirse, inicialmente, a una labor relacionada fundamentalmente con la capacidad para leer y poder poner por escrito. Dado
el grado de analfabetismo de la sociedad antigua no es de extrañar que
constituyeran un grupo específico, aunque no puede decirse que tuvieran
una visión tan estrictamente delimitada como la de los fariseos o los
saduceos.

Su estratificación debió ser muy variada yendo
desde puestos del alto funcionariado a simples escribas de aldeas que,
quizá, se limitaban a desarrollar tareas sencillas como las de consignar
contratos por escrito

Hubo escribas seguramente en la mayoría de los distintos grupos religiosos judíos. Los
intérpretes de la Ley que había entre los fariseos seguramente fueron
escribas; los esenios contaron con escribas y lo mismo podíamos decir en
relación al servicio del Templo o de la corte.
Esto obliga a pensar que debieron distar de mantener un punto de vista uniforme.
En
las fuentes judías, los escribas aparecen relacionados por regla
general con la Torah y resulta lógico que así sea por cuanto ellos eran
los encargados de escribir, preservar y transmitir el depósito escrito
de la fe judía. Esdras, que vivió en el s. IV a. de C. y que tuvo un
papel de enorme relevancia en la recuperación espiritual de Israel tras
el destierro en Babilonia, aparece descrito en el libro que lleva su
nombre precisamente como escriba (Esdras 7, 6).

Con todo, la literatura rabínica dista mucho de presentarnos una imagen homogénea de ellos. En ocasiones resultan copistas y en otras aparecen como expertos en cuestiones legales.
Esta
misma sensación de que eran un grupo diverso que se extendía por buen
número de las capas sociales es la que se desprende de los escritos del
historiador judío del s. I d. de C., Flavio Josefo.
Este
autor nos habla tanto de un cuerpo de escribas del Templo que,
práctica­mente, equivalía a un funcionariado (Ant, 11, 5, 1; 12, 3, 3)
como de algún escriba que pertenecía a la clase alta (Guerra 5, 13, 1).

El
retrato contenido en los Evangelios armoniza con estas fuentes por
cuanto se refleja la misma diversidad. En algún caso, los escribas están
ligados al servicio del Templo (como nos informa Josefo), en otros
aparecen como intérpretes de la Ley (como en las fuentes rabínicas) e
incluso, aunque en general parecen haberse opuesto a Jesús, conocemos
por lo menos un caso en que un escriba coincidió con él en lo relativo a
cuáles eran los mandamientos más importantes (Marcos 12, 28-34).

En
el próximo artículo iniciaremos el estudio de un grupo de enorme peso y
trascendencia, tanto en la sociedad judía como en los mismos
Evangelios: los fariseos.
César Vidal Manzanares es un conocido escritor protestante, historiador y teólogo.

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El contexto religioso de los Evangelios (II)
Acostumbrado
a las definiciones dogmáticas que caracterizan a las religiones que
conoce, más o menos superficialmente, el hombre de nuestro tiempo
difícilmente puede hacerse una idea de la enorme flexibilidad doctrinal
que caracterizaba al judaísmo que antecedió la época de Jesús y que
existió, al menos, hasta la destrucción del Templo en el año 70 d. de C.
Salvo la creencia en un Dios único que se había revelado históricamente
al pueblo de Israel (Deuteronomio 6, 4) y cuyas palabras habían sido
entregadas en la Torah o Ley a Moisés, los distintos segmentos
espirituales del pueblo judío no tenían nada que lo uniera por igual a
todos.

Comenzamos en el capítulo anterior por los escribas; y en éste y los siguientes artículos estudiaremos a los fariseos;
para finalizar con los saduceos (todos éstos aparecen en las páginas
del Nuevo Testamento). Finalmente, haremos mención de los esenios y la
secta de Qumrán, los zelotes y los apocalípticos, para concluir con una
referencia a los judeo-cristianos.

Los datos de que disponemos
acerca de los fariseos nos han llegado fundamentalmente a partir de tres
tipos de fuentes: los escritos de Josefo, los contenidos en el Nuevo
Testamento y los de origen rabínico.
LOS FARISEOS EN LOS ESCRITOS DE JOSEFO
Josefo ha conservado para nosotros un retrato de saduceos, esenios y fariseos

que estaba dirigido, fundamentalmente, a un público no judío y que,
precisamente por ello, en su deseo por hacerse inteligible opaca en
ocasiones la exactitud de la noticia. Josefo
utiliza
para referirse a los tres colectivos el término "hairesis" que podría
traducirse como "secta" pero sólo si se da a tal palabra un contenido
similar al de "escuela"
en el ámbito helenístico.
Josefo
mismo estaba ligado a los fariseos e incluso tenía un especial interés
en que los romanos los aceptaran como la columna vertebral del pueblo
judío tras la destrucción del Templo en el 70 d. de C.
No debería extrañarnos, por ello, que el retrato que nos transmite sea, lógicamente, muy favorable:

"Los
fariseos, que son considerados como los intér­pretes más cuidadosos de
las leyes, y que mantienen la posición de secta dominante, atribuyen
todo al Destino y a Dios. Sostienen que actuar o no correctamente es
algo que depende, mayormente, de los hombres, pero que el Destino
coopera en cada acción. Mantienen que el alma es inmortal, si bien el
alma de los buenos pasa a otro cuerpo, mientras que las almas de los
malos sufren un castigo eterno" (Guerra 2, 8, 14).
"En cuanto a los
fariseos, dicen que ciertos sucesos son obra del destino, si bien no
todos. En cuanto a los demás sucesos, depende de nosotros el que sucedan
o no." (Ant. 13, 5, 9).
"Los fariseos siguen la guía de aquella
enseñanza que ha sido transmitida como buena, dando la mayor importancia
a la observancia de aquellos mandamientos... Muestran respeto y
deferencia por sus ancianos, y no se atreven a contradecir sus
propuestas. Aunque sostienen que todo es realizado según el destino, no
obstante no privan a la voluntad humana de perseguir lo que está al
alcance del hombre, puesto que fue voluntad de Dios que existiera una
conjunción y que la voluntad del hombre, con sus vicios y virtudes,
fuera admitida a la cámara del destino. Creen que las almas sobreviven a
la muerte y que hay recompensas y castigos bajo tierra para aquellos
que han llevado vidas de virtud o de vicio. Hay una prisión eterna para
las almas malas, mientras que las buenas reciben un paso fácil a una
vida nueva. De hecho, a causa de estos puntos de vista, son
extremadamente influyentes entre la gente de las ciudades; y todas las
oraciones y ritos sagrados de la adoración divina son realizados según
su forma de verlos. Este es el gran tributo que los habitantes de las
ciudades, al practicar el más alto ideal tanto en su manera de vivir
como en su discurso, rinden a la excelencia de los fariseos..." (Ant.
18, 1, 3).

No
se limitan a éstas las referencias a los fariseos contenidas en las
obras de Josefo. Incluso puede decirse que resultan contradictorias
entre si en algunos aspectos. Así, la descripción de las Antigüedades
(escritas c. 94 d. de C.) contiene un matíz político y apologético que
no aparece en la de la Guerra (c. 75 d. de C.). Ya hemos indicado que
tal variación es lógica porque, como vimos ya, por esa fecha los
fariseos eran la única fuerza religiosa de envergadura en Israel. De
hecho, Josefo en Ant 18, 1, 2, 3, los presenta como todopoderosos (algo
muy tentador, seguramente, para el invasor romano) aunque es más que
dudoso que su popula­ridad entre la población fuera tan grande.

El
mismo relato de la influencia de los fariseos sobre la reina Alejandra
(Ant, 13, 5, 5) o cerca del rey Herodes (Ant 17, 2, 4) parece estar
concebido para mostrar lo beneficioso que podía resultar para un
gobernante que deseara controlar Judea el tener a los fariseos como
aliados políticos. En esta misma obra, Josefo retrotrae la influencia de
los fariseos al reinado de Juan Hircano (134©104 a. de C.).

La
autobiografía de Josefo, titulada “Vida”, escrita en torno al 100 d. de
C., vuelve a abundar en esta presentación de los fariseos. Uno de sus
miembros, un tal Simón, aparece como persona versada en la Ley y dotada
de una moderación política y una capacidad persuasiva encomiables (Vida
38 y 39).
Aunque
es innegable el tono laudatorio con que Josefo contempla a los
fariseos, exagerando seguramente su popularidad y su influencia, lo
cierto es que, pese a todo, nos proporciona algunas referencias
sustanciales acerca de ellos mismos.
Las mismas pueden quedar resumidas así:
  • Creían en la libertad humana. Ciertamente el Destino influía en los hombres, pero éstos no eran juguetes en sus manos. Ellos podían decidir lo que hacer con su vida.
  • Creían en la inmortalidad del alma. No todo acababa con la muerte sino que las almas seguían viviendo.
  • Creían en un castigo y una recompensa eternos.
    Las almas de los malos eran confinadas en el infierno para recibir un
    castigo eterno, mientras que las de los buenos eran premiadas.
  • Creían en la resurrección.
    Las almas de los buenos recibían un nuevo cuerpo como premio. No se
    trataba de una serie de cuerpos humanos mortales; como sucede en las
    diversas visiones de la reencarnación; sino de un cuerpo para toda la
    eternidad.
  • Creían en la obligación de obedecer su tradición interpretativa y ésta iba referida a obligaciones religiosas como las oraciones, los ritos de adoración, etc.
  • Estaban dispuestos (seguramente, no sólo eso) a obtener influencia política en la vida de Israel. Quizá contaron ya con cierto peso antes de Herodes, pero después del reinado de éste perdieron influencia. En opinión de Josefo, resultaría recomendable que la recuperaran.
Naturalmente, a estas notas distintivas habría que añadir
la común creencia en el Dios único y en su Torah; la aceptación del
sistema de sacrificios sagrados del Templo (que, no obstante, no era
común a todas las sectas) y la creencia en la venida del Mesías (que
tampoco era sustentada por todos).
En el siguiente artículo seguiremos con los fariseos, vistos a la luz del Nuevo Testamento.
Agradecemos a ‘protestante digital’ MMV.XII.VIII Festividad de la Inmaculada Concepción, Madre de la Iglesia.

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El contexto religioso de los Evangelios (III)



Acostumbrado
a las definiciones dogmáticas que caracterizan a las religiones que
conoce, más o menos superficialmente, el hombre de nuestro tiempo
difícilmente puede hacerse una idea de la enorme flexibilidad doctrinal
que caracterizaba al judaísmo que antecedió la época de Jesús y que
existió, al menos, hasta la destrucción del Templo en el año 70 d. de C.
Salvo la creencia en un Dios único que se había revelado históricamente
al pueblo de Israel (Deuteronomio 6, 4) y cuyas palabras habían sido
entregadas en la Torah o Ley a Moisés, los distintos segmentos
espirituales del pueblo judío no tenían nada que lo uniera por igual a
todos.

En
estos primeros artículos nos estamos acercando a las diferentes
escuelas religiosas (o sectas) judías –en concreto saduceos y fariseos-
para
examinar lo que tenían de distintivo y en qué medida se podían
relacionar con el movimiento originado en Jesús de Nazaret.
Finalizaremos con los saduceos (todos éstos aparecen en las páginas del
Nuevo Testamento). Finalmente, haremos mención de los esenios y la secta
de Qumrán, los zelotes y los apocalípticos, para concluir con una
referencia a los judeo-cristianos.

Los
datos de que disponemos acerca de los fariseos nos han llegado
fundamentalmente a partir de tres tipos de fuentes: los escritos de
Josefo, los contenidos en el Nuevo Testamento y los de origen rabínico.
En
el anterior artículo comenzamos a estudiar a los fariseos en los
escritos de Flavio Josefo. En el presente continuamos el análisis de
este grupo a partir de los textos del Nuevo Testamento.

LOS FARISEOS EN EL NUEVO TESTAMENTO

El
Nuevo Testamento ofrece un retrato de los fariseos que, a diferencia
del presentado por Josefo, no arranca de una mente favorable a los
mismos.
El
Evangelio de Mateo, en especial, muestra una notable animadversión
hacia los mismos. Si efectivamente su autor fue el antiguo publicano
llamado Leví o Mateo, o se utilizaron tradiciones recogidas por el
mismo, podría explicarse tal oposición en el recuerdo del desprecio con
que fue contemplado durante años por aquellos "que se consideraban a si
mismos justos".

Jesús parece haber reconocido (Mateo 23, 2-3) que enseñaban la Ley de Moisés y que mucho de lo que decían era adecuado.
A la vez, sin embargo, parece haber repudiado profundamente mucho de su
interpretación específica de la Ley de Moisés o halajah.

Jesús se manifestó opuesto a las interpretaciones farisaicas en
cuestiones como el cumplimiento del sábado (Mateo 12, 2; Marcos 2, 27),
los lavatorios de manos antes de las comidas (Lucas 11, 37 ss), sus
normas alimenticias (Marcos 7, 1 ss) y, en general, todas aquellas
tradiciones interpretativas que tendían a centrarse en el ritual
desviando con ello la atención de lo que él consideraba lo esencial de
la ley divina (Mateo 23, 23-24). Para él, resultaba intolerable que
hubieran "sustituido los mandamientos de Dios por enseñanzas de hombres"
(Mateo 15, 9; Marcos 7, 7).

Por
paradójico que pudiera resultar (y, sin lugar a ninguna duda, debió de
ser muy ofensivo para los fariseos), Jesús contemplaba la especial
religiosidad farisaica no como una ayuda para llegar a Dios sino como
una barrera para conocerlo.

La parábola del publicano y del fariseo pronunciada por Jesús recoge extraordinariamente este punto de vista: "A
unos que confiaban en si mismos como justos, y menospreciaban a los
otros, les dijo asimismo esta parábola: Dos hombres subieron al templo a
orar. Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie,
oraba consigo mismo de esta manera: `Dios, te doy gracias porque no soy
como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni tampoco como
este publicano. Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que
gano´. Mas el publicano, estando apartado, no quería ni siquiera alzar
los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, mientras decía: `Dios,
ten misericordia de mi, pecador.´ Os digo que éste descendió a su casa
justificado pero el otro no, porque el que se ensalza, será humillado; y
el que se humilla será ensalzado.
" (Lucas 18, 9-14).
Sin
duda, el personaje del fariseo señalado en el relato obedecía a un
prototipo muy extendido en la época de Jesús. No sólo su vida era moral
en términos generales, sino que además iba mucho más allá de lo
establecido como corriente en lo que al cumplimiento de obligaciones
religiosas se refería.
La afirmación de que no era igual que otros hombres no era ninguna mentira.
Con
todo, la enseñanza de Jesús era que las personas que se acercaban así a
Dios no podían ser aceptadas por El, ya que este sólo busca los
corazones humildes y rechaza los de aquellos convencidos de que son
justos gracias a su esfuerzo personal. Los que eran religiosos al estilo
de los fariseos -no digamos si además caían en la hipocresía- sólo
podían esperar "una condenación más severa" (Marcos 12, 40).

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LOS FARISEOS III

Acostumbrado
a las definiciones dogmáticas que caracterizan a las religiones que
conoce, más o menos superficialmente, el hombre de nuestro tiempo
difícilmente puede hacerse una idea de la enorme flexibilidad doctrinal
que caracterizaba al judaísmo que antecedió la época de Jesús y que
existió, al menos, hasta la destrucción del Templo en el año 70 d. de C.
Salvo la creencia en un Dios único que se había revelado históricamente
al pueblo de Israel (Deuteronomio 6, 4) y cuyas palabras habían sido
entregadas en la Torah o Ley a Moisés, los distintos segmentos
espirituales del pueblo judío no tenían nada que lo uniera por igual a
todos.

En
estos primeros capítulos nos estamos acercando a las diferentes
escuelas religiosas (o sectas) judías, en concreto saduceos y fariseos,
para examinar lo que tenían de distintivo y en qué medida se podían
relacionar con el movimiento originado en Jesús de Nazaret.
Finalizaremos con los saduceos (todos éstos aparecen en las páginas del
Nuevo Testamento). Finalmente, haremos mención de los esenios y la secta
de Qumrán, los zelotes y los apocalípticos, para concluir con una
referencia a los judeo-cristianos.

Los
datos de que disponemos acerca de los fariseos nos han llegado
fundamentalmente a partir de tres tipos de fuentes: los escritos de
Josefo, los contenidos en el Nuevo Testamento y los de origen rabínico
.
En los anteriores artículos comenzamos a estudiar a los fariseos en los
escritos de Flavio Josefo y en los textos del Nuevo Testamento. En el
presente continuamos el análisis de este grupo a partir de los textos
rabínicos.

LOS FARISEOS EN LOS ESCRITOS RABÍNICOS

Con todo lo dicho hasta ahora, no debemos sacar de esto una visión meramente negativa.
Para empezar, el
retrato que los Evangelios ofrecen de los fariseos, se ve corroborado
por testimonios de las fuentes rabínicas en buen número de casos y es
coincidente en aspectos doctrinales con el que vemos en Josefo. Los
datos, aunque emitidos desde perspectivas muy diversas, coinciden.

Pero es que además, probablemente fuera con los fariseos con quien más similitudes presentaban Jesús y sus discípulos.
Al igual que ellos creían en la inmortalidad del alma (Mateo 10, 28;
Lucas 16, 21b-24; en el castigo de los malos en un infierno (Mateo 18,
8; 25, 30; Marcos 9, 47©8; Lucas 16, 21b-24, etc) y en la resurrección
(Lucas 20, 27©40); y esta última circunstancia salvó en alguna ocasión a
algun seguidor de Jesús de los ataques de los saduceos (Hechos 23,
1©11).

Las
tradiciones rabínicasœ acerca de los fariseos revisten una especial
importancia por cuanto éstos fueron los predecesores de los rabinos. Se
hallan recogidas en la Mishnah (concluida hacia el 200 d. de C. aunque
sus materiales son muy anteriores), la Tosefta (escrita hacia el 250 d.
de C.), y los dos Talmudim, el palestino (escrito sobre el 400©450 d. de
C.) y el babilonio (escrito hacia el 500©600 d. de C.).

Dada
la distancia considerable de tiempo entre estos materiales y el periodo
de tiempo abordado, los mismos han de ser examinados críticamente. J.
Neusner ha señalado la existencia de 371 tradiciones distintas,
contenidas en 655 pasajes, relacionadas con los fariseos anteriores al
año 70 d. de C. De las 371, unas 280 están relacionadas con un fariseo
llamado Hillel. El mismo fue un rabino del s. I a. de C. que vino desde
Babilonia hasta Judea y fundó una escuela de interpretación concreta.

Opuesta
a la escuela del rabino Shammai, se convertiría en la corriente
dominante del fariseismo (y, con ello, del judaísmo) a finales del s. I
d. de C.
Los
datos que nos ofrecen las fuentes rabínicas en relación con los
aspectos específicos de los fariseos coinciden sustancialmente con los
contenidos en el Nuevo Testamento y en Josefo: tradiciones
interpretativas propias, creencia en la inmortalidad del alma, el
infierno y la resurrección, etc.
No obstante, nos proporcionan más datos en cuanto a los personajes claves del movimiento.
La
literatura rabínica nos ha transmitido críticas dirigidas a los
fariseos que resultan similares a las pronunciadas por Jesús.
El
Talmud (Sota 22b; TJ Berajot 14 b) habla de siete clases de fariseos de
las cuales sólo dos eran buenas, mientras que las otras cinco estaban
constituidas por hipócritas. Entre éstos, estaban los fariseos que "se
ponen los mandamientos a las espaldas" (TJ Berajot 14 b), algo que
recuerda la acusación de Jesús de que echaban cargas en las espaldas de
la gente sin moverlas ellos con un dedo (Mateo 23, 4).

De la misma forma, los escritos de los sectarios de Qumran manifiestan una clara animosidad contra los fariseos. Los
califican de "falsos maestros", "que se encaminan ciegamente a la
ruina" y "cuyas obras no son más que engaño" (Libro de los Himnos 4,
6©8), algo que recuerda mucho la acusación de Jesús de ser "ciegos y
guías de ciegos" (Mateo 23, 24). En cuanto a la invectiva de Jesús
acusándolos de no entrar ni dejar entrar en el conocimiento de Dios
(Lucas 11, 52) son menos duras que el Pesher de Nahum 2, 7-10, donde se
dice de ellos que "cierran la fuente del verdadero conocimiento a los
que tienen sed y les dan vinagre para apagar su sed".

De
los 655 pasajes o perícopas estudiados por Neusner, la mayor parte
están relacionados con diezmos, ofrendas y cuestiones parecidas y,
después, con normas de pureza ritual.
Los
fariseos habían llegado a la conclusión de que la mesa donde se comía
era un altar y que las normas de pureza sacerdotal que sólo eran
obligatorias para los sacerdotes debían extenderse a toda la población
.
Para ellos, tal medida era una manera de extender la espiritualidad más
refinada a toda la población de Israel, haciéndola vivir en santidad
ante Dios;
para Jesús, era colocar el acento en lo externo olvidando lo más importante:
la humildad, el reconocimiento de los pecados y de la incapacidad
propia para salvarse, el arrepentimiento, la aceptación de él como
camino de salvación y la adopción de una forma de vida conforme a sus
propias enseñanzas.

Cuando
uno contempla lo dispar de ambas posturas aunque existieran
coincidencias en aspectos importantes no puede sorprenderse de que la
oposición entre las mismas sólo pudiera radicalizarse con el paso del
tiempo.
-.- 
Agradecemos a ‘protestante digital’ MMV.XII.VIII Festividad de la Inmaculada Concepción, Madre de la Iglesia.

+++
En lo que hagas, ¡sé modesto!

Eclesiástico 3, 19-21.30-31; Hebreos 12, 18-19.22-24a; Lucas 14, 1.7-14En lo que hagas, ¡sé modesto!

«El inicio del Evangelio de este domingo nos ayuda a corregir un prejuicio sumamente difundido.
«Un
sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos.
Ellos lo observaban atentamente». Al leer el Evangelio desde un cierto
punto de vista, se ha acabado haciendo de los fariseos el modelo de
todos los vicios: hipocresía, doblez, falsedad; los enemigos por
antonomasia de Jesús. Con estos significados negativos, el término
«fariseo» ha pasado a formar parte del diccionario de nuestra lengua y
de otras muchas.

Semejante idea de los fariseos no es correcta.
Entre ellos había ciertamente muchos elementos que respondían a esta
imagen y Cristo se enfrenta duramente con ellos. Pero no todos eran así.
Nicodemo, que va a ver a Jesús de noche y que después le defiende ante
el Sanedrín, era un fariseo (Cf. Juan 3,1; 7, 50 y siguientes). También
era fariseo Saulo, antes de la conversión, y era ciertamente una persona
sincera y celosa, aunque todavía no estaba bien iluminado. Fariseo era
Gamaliel, quien defendió a los apóstoles ante el Sanedrín (Cf. Hechos 5,
34 y siguientes).

Las relaciones de Jesús con los fariseos no
fueron sólo conflictivas. Compartían muchas veces las mismas
convicciones, como la fe en la resurrección de los muertos, en el amor
de Dios y el compromiso como primer y más importante mandamiento de
la ley. Algunos,
como en nuestro caso, incluso le invitan a comer en su casa. Hoy se
considera que más que los fariseos, quienes quisieron la condena de
Jesús fueron los saduceos, a quienes pertenecía la casta sacerdotal de
Jerusalén.
Por
todos estos motivos, sería sumamente deseable dejar de utilizar el
término «fariseo» en sentido despreciativo. Ayudaría al diálogo con los
judíos que recuerdan con gran honor el papel desempeñado por la
corriente de los fariseos en su historia, especialmente tras la
destrucción de Jerusalén.


Durante
la comida, aquel sábado, Jesús ofreció dos enseñanzas importantes: una
dirigida a los «invitados» y otra al «anfitrión». Al dueño de casa,
Jesús le dijo (quizá cara a cara o en presencia sólo de sus discípulos):
«Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus
hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos…». Es lo que hizo
el mismo Jesús, cuando invitó al gran banquete del Reino a los pobres, a
los afligidos, a los humildes, a los hambrientos, a los perseguidos
(las categorías de personas mencionadas en las Bienaventuranzas).

Pero
en esta ocasión quisiera detenerme a meditar en lo que Jesús dice a los
«invitados». «Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en
el primer lugar…». Jesús no quiere dar consejos de buena educación. Ni
siquiera pretende alentar el sutil cálculo de quien se pone en última
fila, con la escondida esperanza de que el dueño le pida que se acerque.
La parábola en esto puede dar pie a equívoco, si no se tiene en cuenta
el banquete y el dueño de los que Jesús está hablando. El banquete es el
universal del Reino y el dueño es Dios.

En la vida, quiere decir
Jesús, escoge el último lugar, trata de contentar a los demás más que a
ti mismo; sé modesto a la hora de evaluar tus méritos, deja que sean
los demás quienes los reconozcan y no tú («nadie es buen juez en su
casa»), y ya desde esta vida Dios te exaltará. Te exaltará con su
gracia, te hará subir en la jerarquía de sus amigos y de los verdaderos
discípulos de su Hijo, que es lo que realmente cuenta.

Te
exaltará también en la estima de los demás. Es un hecho sorprendente,
pero verdadero. No sólo Dios «se inclina ante el humilde y rechaza al
soberbio» (Cf. Salmo 107,6); también el hombre hace lo mismo,
independientemente del hecho de ser creyente o no. La modestia, cuando
es sincera, no artificial, conquista, hace que la persona sea amada, que
su compañía sea deseada, que su opinión sea deseada. La verdadera
gloria huye de quien la persigue y persigue a quien la huye.

Vivimos en una sociedad que tiene suma necesidad de volver a escuchar este mensaje evangélico sobre
la humildad. Correr
a ocupar los primeros lugares, quizá pisoteando, sin escrúpulos, la
cabeza de los demás, son característica despreciadas por todos y, por
desgracia, seguidas por todos. El Evangelio tiene un impacto social,
incluso cuando habla de humildad y modestia».
Predicador del Papa: La revolución social de la humildad
Comentario del padre Cantalamessa - 2007-IX-01

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En
el tiempo de Cristo los saduceos formaban, en el ámbito del judaísmo,
una secta ligada al círculo de la aristocracia sacerdotal. Contraponían a
la tradición oral y a la teología elaboradas por los fariseos, la
interpretación literal del Pentateuco, al que consideraban fuente
principal de la religión yahvista. Dado que en los libros bíblicos más
antiguos no se hacía mención de la vida de ultratumba, los saduceos
rechazaban la escatología proclamada por los fariseos, afirmando que
“las almas mueren juntamente con el cuerpo” (cf. Joseph., Antiquitates
Judaicae, XVII 1. 4, 16).
Sin
embargo no conocemos directamente las concepciones de los saduceos, ya
que todos sus escritos se perdieron después de la destrucción de
Jerusalén en el año 70, cuando desapareció la misma secta. Son escasas
las informaciones referentes a los saduceos; las tomamos de los escritos
de sus adversarios ideológicos.
Los
saduceos, al dirigirse a Jesús para un “caso» puramente teórico,
atacan, al mismo tiempo, la primitiva concepción de los fariseos sobre
la vida después de la resurrección de los cuerpos; efectivamente,
insinúan que la fe en la resurrección de los cuerpos lleva a admitir la
poliandria, que está en contraste con la ley de Dios. CDV.

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1266. Pergamino. 



Jesús sentado la mesa con los fariseos
-      El Creador del mundo, eterno e invisible, dispuesto a salvar a
todo el género humano que, desde el inicio de los tiempos, se arrastraba
y estaba sometido a las duras leyes de la muerte, «en estos tiempos que
son los últimos» (Heb 1,2) se ha dignado hacerse hombre..., y, en su
clemencia, rescatar a aquellos que su misma justicia había condenado.
Para demostrar cual es la profundidad de su amor hacia nosotros, no sólo
se hizo hombre, sino hombre pobre y humilde, y «siendo rico, por
vosotros se hizo pobre, para que vosotros, con su pobreza, os hagáis
ricos» (2Co 8,9). De tal manera se hizo pobre por nosotros que ni tan
sólo tuvo dónde reclinar su cabeza: «Las zorras tienen madrigueras y los
pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la
cabeza» (Mt 8,20).
     Es por eso que él aceptaba ir a las comidas a
las que se le invitaba, no por el gusto inmoderado de las comidas, sino
para mostrar que había llegado la salvación y suscitar en ellos
la fe. En
ellas y a través de sus milagros, llenaba de luz a los invitados. En
ellas, incluso los sirvientes que, ocupados, estaban en el interior,
escuchaban su palabra de salvación. En efecto, nunca menospreció a
nadie, nadie era indigno de su amor  puesto que «te compadeces de todos,
Señor, y no odias nada de lo que has hecho» (Sb 11,24).
     Para
llevar a cado su obra de salvación, el Señor entró, pues, un sábado en
casa de un fariseo notable. Los escribas y fariseos le observaban para
poderle recriminar pues si curaba a un hidrópico, le podían acusar de
violar la Ley y, si no le curaba, podían acusarle de falta de compasión y
de debilidad...  A través de la luz de su purísima palabra de verdad,
vieron pronto desvanecerse todas las tinieblas de su mentira.
Bienaventurado Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense
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 Los saduceos

El
contexto religioso de los Evangelios (V) Acostumbrado a las
definiciones dogmáticas que caracterizan a las religiones que conoce,
más o menos superficialmente, el hombre de nuestro tiempo difícilmente
puede hacerse una idea de la enorme flexibilidad doctrinal que
caracterizaba al judaísmo que antecedió la época de Jesús y que existió,
al menos, hasta la destrucción del Templo en el año 70 d. de C. Salvo
la creencia en un Dios único que se había revelado históricamente al
pueblo de Israel (Deuteronomio 6, 4) y cuyas palabras habían sido
entregadas en la Torah o Ley a Moisés, los distintos segmentos
espirituales del pueblo judío no tenían nada que lo uniera por igual a
todos.Tras habernos acercado escribas y fariseos ahora lo haremos con
los saduceos, la tercera escuela religiosa (o secta) para examinar lo
que tenían de distintivo y en qué medida se podían relacionar con el
movimiento originado en Jesús de Nazaret.


Tras
escribas, fariseos y saduceos (que aparecen en las páginas del Nuevo
Testamento) en los siguientes capítulos haremos mención de los esenios y
la secta de Qumrán, los zelotes y los apocalípticos, para concluir con
una referencia a los judeo-cristianos.

Al
igual que sucede con los fariseos, contamos con noticias relativas a
esta secta procedentes de los escritos de Josefo, de los
neotestamentarios y de los rabínicos. Sin embargo, los datos con que
contamos resultan mucho más limitados.

LOS SADUCEOS EN TEXTOS EXTRABÍBLICOS
Josefo los
menciona, por primera vez, junto a los fariseos, en un pasaje al que ya
hemos hecho referencia relacionado con Juan Hircano (Ant 13, 10, 5-6).
Según el historiador judío, Juan Hircano había sido originalmente
simpatizante de los fariseos pero los saduceos consiguieron convertirse
en asesores suyos y que se enfrentara con aquellos.

Aparte de este pasaje, Josefo recoge en sus obras cuatro descripciones breves de los saduceos:

"El partido saduceo... sostiene que sólo aquellas regulaciones que
están escritas deberían ser considera­das como válidas, y que aquellas
que han sido transmiti­das por las anteriores generaciones no tienen que
ser observadas. Respecto a estos asuntos, los dos partidos (fariseos y
saduceos) tienen controversias y serias diferencias, contando los
saduceos con la confianza de los poderosos sólo pero sin que los siga el
pueblo, mientras que los fariseos cuentan con el apoyo de las masas"
(Ant 13, 10, 6).


"Los saduceos sostienen que el alma perece junto con el cuerpo. No
observan nada salvo las leyes y, de hecho, consideran como virtud el
discutir con los maestros del camino de sabiduría que siguen. Son pocos
los hombres a los que se ha dado a conocer esta doctri­na, pero los
mismos pertenecen a una posición elevada." (Ant 18, 1, 4).


"Los saduceos, el segundo de los partidos, también rechazan el destino y
apartan de Dios no sólo la comisión, sino la misma visión del mal.
Mantienen que el hombre cuenta con una voluntad libre para elegir entre
el bien y el mal, y que depende de la voluntad del hombre si sigue uno u
otro. En cuanto a la persistencia del alma después de la muerte, las
penas en el infierno, y las recompensas, no creen en ninguna de estas
cosas... Los saduceos,..., son, incluso entre si mismos, bastante
ásperos en su comportamiento y, en su conducta con sus iguales son tan
distantes como en la que observan con los extraños." (Guerra 2, 8, 14).


"Pero los saduceos niegan el destino, sosteniendo que no existe tal
cosa y que las acciones humanas no se realizan de acuerdo a su decreto,
sino que todas las cosas están en nuestro poder, de manera que nosotros
mismos somos responsables de nuestro bienestar, mientras que si sufrimos
la desgracia, ésta se debe a nuestra propia falta de razón." (Ant, 13,
5, 9).


De los detalles suministrados por Flavio Josefo pueden deducirse las siguientes características relacionadas con este grupo:
1. Sólo creían en la Ley de Moisés como Escritura canónica.
2. Rechazaban las tradiciones humanas como vinculantes y, especialmente, las de los fariseos.
3. No creían en la inmortalidad del alma, ni en la resurrección ni en el infierno.
4. Sostenían la existencia de un libre albedrío y de una responsabilidad del hombre por lo que le aconteciera.
5. Estaban constituidos fundamentalmente por gente de clase alta, lo que eliminaba considerablemente la solidaridad entre ellos.
En cuanto a la literatura rabínica es muy parca en
sus descripciones de los saduceos. Siempre aparecen opuestos a los
fariseos en cuestiones relacionadas con regulaciones de pureza y, por
supuesto, son presentados de manera negativa, pero poco obtenemos sobre
su historia.

Los
saduceos existieron como grupo organizado hasta algun tiempo después de
la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d. de C. Tras este
desastre, se vieron desplazados de la vida espiritual por los fariseos y
debieron desaparecer como colectivo quizá antes del final del s. I d.
de C.

LOS SADUCEOS EN EL NUEVO TESTAMENTO
El Nuevo Testamento confirma el retrato de los saduceos que nos ha llegado a través de Josefo.
En Hechos 23, 6-8, se dice expresamente que "los saduceos dicen que no
hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mientras que los fariseos creen
en la existencia de estos tres".

Tanto
en el Evangelio de Marcos como en el de Lucas, la única vez que
aparecen los saduceos con una posición teológica concreta es para
enfrentarse con Jesús porque él sí creía en la resurrección (Marcos 12,
18; Lucas 20, 27).

El libro de los Hechos nos ha transmitido asimismo la noticia de cómo los saduceos mantenían una fuerte relación con el control del Templo (4, 1; 5, 17). Muy posiblemente, no todos eran sacerdotes pero sí habían sometido a su voluntad el sistema sacerdotal
Esta
vinculación de los saduceos con la vida del Templo así como su
pertenencia a la clase alta explica con facilidad su actitud hacia Jesús
y sus seguidores. El primero no sólo se diferenciaba de ellos en
creencias como las de la inmortalidad del alma, la resurrección o el
infierno, sino que además disminuía el papel espiritual del Templo en la
vida de Israel. Al igual que otros judíos de la época, Jesús previó que
el Templo terminaría siendo arrasado (Lucas 13, 34-5, Marcos 13, Mateo
24, Lucas 21) pero vinculó tal catástrofe al hecho de que sus
compatriotas lo habían rechazado. Al ser el Templo una de las claves del
poder saduceo, seguramente la más importante, Jesús no podía ser visto
con buenos ojos.

Pero
además, el movimiento de Jesús parecía estar hallando eco en una zona
como Galilea, preñada de una historia de revueltas. ¿Quién podía saber
exactamente lo que pretendía? ¿Acaso no podía levantar aquello las
sospechas del ocupante romano hasta el punto de llevarle a intervenir en
un conflicto donde no sólo se corría el riesgo de que fuera destruido
el Templo sino de que también quedara arruinado el "status" de los
saduceos?

Prescindiendo
de lo que pensara o no Jesús, constituía una amenaza en potencia que
había que yugular cuanto antes. La iniciativa de tal medida en las altas
esferas contó con un respaldo innegable (quizá decisivo) de los
saduceos.

El Evangelio de Juan recoge un testimonio que refleja, sin duda, una situación real:
"Entonces
los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y
dijeron: `¿Qué vamos a hacer? Porque este hombre hace muchas señales. Si
le dejamos así, todos creerán en él; Y
VENDRÁN LOS ROMANOS, Y DESTRUIRÁN NUESTRO LUGAR SANTO Y NUESTRA NACIÓN´. Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: `Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca´". (Juan 11, 47-50) (Las mayúsculas son nuestras).
El
hecho de que Jesús procediera además a crear un alboroto en el Templo
volcando las mesas de los cambistas (Juan 2, 13 ss; Mateo 21, 12 ss y
par.) sólo sirvió para precipitar lo inevitable de su muerte.
  
+++

En los saduceos siempre
sobre sale el espíritu escéptico, pragmático y, con ello, relativista.
Algo así como el progresismo, si queremos ponerlo al día.
Los
fariseos, en cambio, pasaban por mucho más conservadores y ritualistas.
En el fondo, eso es lo que Jesús les echaba en cara, que a fuerza de
formalismos, había dejado sin sustancia la Fe.
La
impresión evangélica es que los fariseos estaban mucho más cerca -pese a
sus errores- de la Verdad, que los fríos saduceos, calculadores y
asépticos, en el fondo se burlaban de la ley eterna y la Revelación.

+++ 

La resurrección de los cuerpos 


según las palabras de Jesús a los saduceos
1.
"Estáis en un error, y ni conocéis las Escrituras ni el poder de Dios"
(Mt 22, 29); así dijo Cristo a los saduceos, los cuales —al rechazar la
fe en la resurrección futura de los cuerpos— le habían expuesto el
siguiente caso: "Había entre nosotros siete hermanos; y casado el
primero, murió sin descendencia, y dejó la mujer a su hermano (según la
ley mosaica del "levirato"); igualmente el segundo y el tercero, hasta
los siete.
Después de todos murió la mujer. Pues en la resurrección, ¿de cuál de los siete será la mujer?" (Mt 22, 25-28).
Cristo
replica a los saduceos afirmando, al comienzo y al final de su
respuesta, que están en un gran error, no conociendo ni las Escrituras
ni el poder de Dios (cf. Mc 12, 24; Mt 22, 29). Puesto que la
conversación con los saduceos la refieren los tres Evangelios
sinópticos, confrontemos brevemente los relativos textos.
2. La versión de Mateo (22, 24-30), aunque no haga referencia a la zarza, concuerda casi totalmente con la de Marcos
(12, 18-25). Las dos versiones contienen dos elementos esenciales: 1)
la enunciación sobre la resurrección futura de los cuerpos; 2) la
enunciación sobre el estado de los cuerpos de los hombres resucitados
[1]. Estos dos elementos se encuentran también en Lucas (20, 27-36)[2].
El primer elemento, concerniente a la resurrección futura de los
cuerpos, está unido, especialmente en Mateo y en Marcos, con las
palabras dirigidas a los saduceos, según las cuales, ellos no conocían
"ni las Escrituras ni el poder de Dios". Esta afirmación merece una
atención particular, porque precisamente en ella Cristo puntualiza las
bases mismas de la fe en la resurrección, a la que había hecho
referencia al responder a la cuestión planteada por los saduceos con el
ejemplo concreto de la ley mosaica del levirato.

3.
Sin duda, los saduceos tratan la cuestión de la resurrección como un
tipo de teoría o de hipótesis, susceptible de superación
[3].
Jesús les demuestra primero un error de método: no conocen las
Escrituras; y luego, un error de fondo: no aceptan lo que está revelado
en las Escrituras —no conocen el poder de Dios—, no creen en Aquel que
se reveló a Moisés en la zarza ardiente. Se trata de una respuesta muy
significativa y muy precisa. Cristo se encuentra aquí con hombres que se
consideran expertos y competentes intérpretes de las Escrituras. A
estos hombres —esto es, a los saduceos— les responde Jesús que el solo
conocimiento literal de la Escritura no basta. Efectivamente, la
Escritura es, sobre todo, un medio para conocer el poder de Dios vivo,
que se revela en ella a sí mismo, igual que se reveló a Moisés en
la zarza. En esta revelación El se ha llamado a sí mismo "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y de Jacob"
[4],
de aquellos, pues, que habían sido los padres de Moisés en la fe, que
brota de la revelación del Dios viviente. Todos ellos han muerto ya hace
mucho tiempo; sin embargo, Cristo completa la referencia a ellos con la
afirmación de que Dios "no es Dios de muertos, sino de vivos". Esta
afirmación-clave, en
la que Cristo
interpreta las palabras dirigidas a Moisés desde la zarza ardiente,
sólo pueden ser comprendidas si se admite la realidad de una vida, a la
que la muerte no pone fin. Los padres de Moisés en la fe, Abraham, Isaac
y Jacob, para Dios son personas vivientes (cf. Lc 20, 38: "porque para
El todos viven"), aunque, según los criterios humanos, haya que
contarlos entre los muertos. Interpretar correctamente la Escritura, y
en particular estas palabras de Dios, quiere decir conocer y acoger con
la fe el poder del Dador de la vida, el cual no está atado por la ley de
la muerte, dominadora en la historia terrena del hombre.

4. Parece que de este modo hay que interpretar la respuesta de Cristo sobre la posibilidad de la resurrección [5],
dada a los saduceos, según la versión de los tres sinópticos. Llegará
el momento en que Cristo dé la respuesta, sobre esta materia, con la
propia resurrección; sin embargo, por ahora se remite al testimonio del
Antiguo Testamento, demostrando cómo se descubre allí la verdad sobre la
inmortalidad y sobre
la resurrección. Es
preciso hacerlo no deteniéndose solamente en el sonido de las palabras,
sino remontándose también al poder de Dios, que se revela en esas
palabras. La alusión a Abraham, Isaac y Jacob en aquella teofanía
concedida a Moisés, que leemos en el libro del Éxodo (3, 2-6),
constituye un testimonio que Dios vivo da de aquellos que viven "para
El"; de aquellos que gracias a su poder tienen vida, aún cuando,
quedándose en las dimensiones de la historia, sería preciso contarlos,
desde hace mucho tiempo, entre los muertos.

5.
El significado pleno de este testimonio, al que Jesús se refiere en su
conversación con los saduceos, se podría entender (siempre sólo a la luz
del Antiguo Testamento) del modo siguiente: Aquel que es —Aquel que
vive y que es la Vida— constituye la fuente inagotable de la existencia y
de la vida, tal como se reveló al "principio", en el Génesis (cf. Gén
1-3). Aunque, a causa del pecado, la muerte corporal se haya convertido
en la suerte del hombre (cf. Gén 3, 19)
[6]6,
y aunque le haya sido prohibido el acceso al árbol de la vida (gran
símbolo del libro del Génesis) (cf. Gén 3, 22), sin embargo, el Dios
viviente, estrechando su alianza con los hombres (Abraham, Patriarcas,
Moisés, Israel), renueva continuamente, en esta Alianza, la realidad
misma de la Vida, desvela de nuevo su perspectiva y, en cierto sentido,
abre nuevamente el acceso al árbol de
la vida. Juntamente
con la Alianza, esta vida, cuya fuente es Dios mismo, se da en
participación a los mismos hombres que, a consecuencia de la ruptura de
la primera Alianza, habían perdido el acceso al árbol de la vida, y en las dimensiones de su historia terrena habían sido sometidos a la muerte.

6.
Cristo es la última palabra de Dios sobre este tema; efectivamente, la
Alianza, que con El y por El se establece entre Dios y la humanidad,
abre una perspectiva infinita de Vida: y el acceso al árbol de la vida
—según el plano originario del Dios de la Alianza— se revela a cada uno
de los hombres en su plenitud definitiva. Este será el significado de la
muerte y de la resurrección de Cristo, éste será el testimonio del
misterio pascual. Sin embargo, la conversación con los saduceos se
desarrolla en la fase pre-pascual de la misión mesiánica de Cristo. El
curso de la conversación según Mateo (22, 24-30), Marcos (12, 18-27) y
Lucas (20, 27-36) manifiesta que Cristo —que otras veces,
particularmente en las conversaciones con sus discípulos, había hablado
de la futura resurrección del Hijo del hombre (cf., por ejemplo, Mt 17,
9. 23; 20, 19 y paral.)— en la conversación con los saduceos, en cambio,
no se remite a este argumento. Las razones son obvias y claras. La
conversación tiene lugar con los saduceos, "los cuales afirman que no
hay resurrección" (como subraya el Evangelista), es decir, ponen en duda
su misma posibilidad, y a la vez se consideran expertos de la Escritura
del Antiguo Testamento y sus intérpretes calificados. Y, por esto,
Jesús se refiere al Antiguo Testamento, y, basándose en él, les
demuestra que "no conocen el poder de Dios"
[7].

7.
Respecto a la posibilidad de la resurrección, Cristo se remite
precisamente a ese poder, que va unido con el testimonio del Dios vivo,
que es el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob y el Dios de Moisés. El
Dios, a quien los saduceos "privan" de este poder, no es el verdadero
Dios de sus Padres, sino del Dios de sus hipótesis e interpretaciones.
Cristo, en cambio, ha venido para dar testimonio del Dios de la Vida en
toda la verdad de su poder que se despliega en la vida del hombre.

[1]
Aunque el Nuevo Testamento no conoce la expresión "la resurrección de
los cuerpos" (que aparecerá por vez primera en San Clemente: 2 Clem 9, 1
y en Justino: Dial 80, 5) y utilice la expresión "resurrección de los
muertos", entendiendo con ella al hombre en su integridad, sin embargo,
es posible hallar en muchos textos del Nuevo Testamento la fe en la
inmortalidad del alma y su existencia incluso fuera del cuerpo. (cf. por
ejemplo: Lc 23, 43; Flp 1, 23-24; 2 Cor 5, 6-8).
[2] El texto de Lucas contiene algunos elementos nuevos en torno a los cuales se desarrolla la discusión de los exégetas.
[3]
Como es sabido, en el judaísmo de aquel período no se formuló
claramente una doctrina acerca de la resurrección; existían sólo las
diversas teorías lanzadas por cada una de las escuelas.
Los
fariseos, que cultivaban la especulación teológica, desarrollaron
fuertemente la doctrina sobre la resurrección, viendo alusiones a ella
en todos los libros del Antiguo Testamento. Sin embargo, entendían la
futura resurrección de modo terrestre y primitivo, preanunciando por
ejemplo un enorme aumento de la recolección y de la fertilidad en la
vida después de la resurrección.
Los saduceos, en cambio, polemizaban contra esta concepción, partiendo de la premisa que el Pentateuco no habla de la escatología. Es necesario también tener presente que en el siglo I el canon de los libros del Antiguo Testamento no estaba aún establecido.
El caso presentado por los saduceos ataca directamente a la concepción farisaica de la resurrección. En efecto, los saduceos pensaban que Cristo era seguidor de ellos.
La respuesta de Cristo corrige igualmente tanto la concepción de los fariseos, como la de los saduceos.
[4]
Esta expresión no significa: "Dios que era honrado por Abraham, Isaac y
Jacob", sino: "Dios que tenía cuidado de los Patriarcas y los libraba".
Esta
fórmula se vuelve a encontrar en el libro del Exodo: 3, 6; 3, 15; 46;
4, 5, siempre en el contexto de la promesa de liberación de Israel: el
nombre del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es prenda y garantía de
esta liberación.
"Dieu de X est synonyme de secours, de soutien et d´abri pour Israel". Un
sentido semejante se encuentra en el Génesis 49, 24: "Por el poderío
del fuerte de Jacob, por el nombre del Pastor de Israel. En el Dios de
tu padre hallarás tu socorro" (cf. Gén 49, 24-25; cf. también: Gén 24,
27; 26, 24; 28, 13; 32, 10; 46, 3).
Cf.
F. Dreyfus, o.p., "L´argument scripturaire de Jésus en faveur de la
résurrection des morts (Mc XII, 26-27), Révue Biblique 66, 1959, 218.
La
fórmula: "Dios de Abraham, Isaac y Jacob", en la que se citan los tres
nombres de los Patriarcas, indicaba en la exégesis de los Patriarcas,
indicaba en la exégesis judaica, contemporánea de Jesús, la relación de
Dios con el Pueblo de la Alianza como comunidad.
Cf. E. Ellis, Jesus, The Sadducees and Qumram, New Testament Studies, 10, 1963-64, 275.
[5]
Según nuestro modo actual de comprender este texto evangélico, el
razonamiento de Jesús sólo mira a la inmortalidad; en efecto, si los
Patriarcas viven después de su muerte ya ahora antes de la resurrección
escatológica del cuerpo, entonces la constatación de Jesús mira a la
inmortalidad del alma y no habla de la resurrección del cuerpo.
Pero
el razonamiento de Jesús fue dirigido a los saduceos que no conocían el
dualismo del cuerpo y del alma, aceptando sólo la bíblica unidad
sico-fisica del hombre que es "el cuerpo y el aliento de vida". Por
esto, según ellos, el alma muere juntamente con el cuerpo. La afirmación
de Jesús, según la cual los Patriarcas viven, para los saduceos sólo
podía significar la resurrección con el cuerpo.
[6]
No nos detenemos aquí sobre la concepción de la muerte en el sentido
puramente veterotestamentario, sino que tomamos en consideración la
antropología teológica en su conjunto.
[7] Este es el argumento determinante que comprueba la autenticidad de la discusión con los saduceos.
Si
la perícopa constituye "un añadido postpascual de la comundiad
cristiana" (como pensaba, por ejemplo, R. Bultmann), la fe en la
resurrección de los cuerpos estaría apoyada por el hecho de la
resurrección de Cristo, que se imponía como una fuerza irresistible,
como lo da a entender por ejemplo San Pablo (cf. 1 Cor 15, 12).
Cf.
J. Jeremias, Neutestamentliche Theologie, I Teil, Gutersloh 1971 (Mohn)
; cf., además, I. H. Marshall, The Golpel of Luke, Exeter 1978, The
Paternoster Press, pág. 738.
La
referencia al Pentateuco —mientras en el Antiguo Testamento hay textos
que tratan directamente de la resurrección (como por ejemplo, Is 26, 19,
o Dan 12, 2)— testimonia que la conversación se tuvo realmente con los
saduceos, los cuales consideraban el Pentateuco la única autoridad
decisiva.
La
estructura de la controversia demuestra que ésta era una discusión
rabínica, según los modelos clásicos que se usaban en las academias de
entonces.
Cf.
J. Le Moyne, o.s.b., Les Sadducéeus, París 1972, Gabalda, pág. 124 y
s.; E Lohmeyer, Das Evangelium des Markus, Göttingen 1959, pág. 257; D.
Daube, New Testament and Rabbinic Judaism, Londres 1956, págs.
158-163;
J. Rademakers, s.j., La bonne nouvelle de Jèsus selon St. Marc,
Bruselas 1974, Institut d´Etudes Théologiques, pág. 313.
18.XI.1981

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Los esenios

Acostumbrado
a las definiciones dogmáticas que caracterizan a las religiones que
conoce, más o menos superficialmente, el hombre de nuestro tiempo
difícilmente puede hacerse una idea de la enorme flexibilidad doctrinal
que caracterizaba al judaísmo que antecedió la época de Jesús y que
existió, al menos, hasta la destrucción del Templo en el año 70 d. de C.
Salvo la creencia en un Dios único que se había revelado históricamente
al pueblo de Israel (Deuteronomio 6, 4) y cuyas palabras habían sido
entregadas en la Torah o Ley a Moisés, los distintos segmentos
espirituales del pueblo judío no tenían nada que lo uniera por igual a
todos.


En
este capítulo nos acercaremos a primera de las diferentes escuelas
religiosas (o sectas) judías para examinar lo que tenían de distintivo y
en qué medida se podían relacionar con el movimiento originado en Jesús
de Nazaret.

Así,
tras haber comenzado por los escribas, fariseos y saduceos (que
aparecen en las páginas del Nuevo Testamento) ahora trataremos a los
esenios y la secta de Qumrán, para pasar luego a los zelotes y los
apocalípticos, para concluir con una referencia a los judeo-cristianos.

LOS ESENIOS
Junto
a los fariseos y los saduceos existió una secta en la Judea de la época
que, aunque desprovista de la importancia de estas dos, presenta rasgos
de cierto interés para la historia del periodo y del cristianismo
primitivo. Me estoy refiriendo a los esenios.

Dónde
pudo originarse el nombre es algo sometido todavía a controversia. Para
algunos, el mismo no es sino la forma griega de "jasya" (piadoso,
santo) mientras que otros lo han relacionado con "´asya" (sanador), lo
que podría encajar con su identificación con los "Zerapeute"
(sanadores), una comunidad de vida aislada a la que se refiere Filón (De
vida contemplativa, 2 ss) como "adoradores" de Dios.

Las referencias que tenemos a los esenios aparecen en una pluralidad de fuentes.

Plinio
nos
da noticia de ellos en su Historia Natural 5, 73 (escrita entre el 73 y
el 79 d. de C.), al hacer referencia al Mar Muerto. De ellos nos dice
que "En el lado oeste (del Mar Muerto)... viven los esenios... Viven sin
mujeres (porque han renunciado a toda vida sexual), viven sin dinero, y
sin ninguna compañía salvo la de las palme­ras".

El
hecho de que Plinio parezca además situar en su pasaje Engadi al sur
del enclave esenio ha llevado a algunos autores a identificar a éste con
Jirbet Qumran, lo que tiene una enorme trascendencia.

Filón de Alejandría nos
ha dejado dos relatos de los esenios. Uno de ellos, el más largo, se
encuentra en su obra "Todo hombre bueno es libre", y el otro, más breve,
forma parte de su apología en favor de los judíos denominada
Hypothetica.

En
su relato más largo, Filón calcula el número de los esenios en unos
cuatro mil, y los describe habitando en aldeas donde obtienen el
sustento de la agricultura y dedican gran parte de su tiempo a
cuestiones religiosas como la interpretación de las Escrituras. Su
propiedad era comunitaria. Se abstenían de los sacrificios de animales,
de hacer juramentos, de realizar el servicio militar y de la actividad
comercial. No poseían escla­vos, se ocupaban de aquellos de sus miembros
que ya no podían trabajar a causa de la edad o la enfermedad, y
cultivaban todo género de virtudes.

En
su noticia más breve, Filón añade que sólo admitían adultos en su
comunidad, y que practicaban el celibato ya que las esposas y los hijos
distraen la atención del hombre.

Josefo se
refiere a los esenios en Guerra 2, 119 ss; Ant 18, 18 ss; y Ant 13, 171
ss. Su retrato de los esenios es más detallado que el de Filón y además
se centra en testimonios que, al menos en parte, debieron ser de
primera mano, ya que en su Vida 10 ss, nos habla de que conoció a los
esenios cuando era joven.

Según
Josefo, los esenios vivían esparcidos por todas las ciudades de
Palestina (incluso en Jerusalén) y practicaban la hospitalidad entre
ellos. Cabe la posibilidad de que, quizá, en las ciudades vivieran en
algún tipo de fraternidad.

Creían
en la predestinación y en la inmortalidad del alma. Presentaban sus
sacrificios en el Templo de Jerusalén pero de acuerdo a su propia
normativa. Se dedicaban totalmente a la agricultura. Tenían todas las
cosas en común. No se casaban (es interesante, no obstante, señalar que,
según Josefo, existía también un grupo de esenios que sí permitían el
matrimonio) ni tenían esclavos, y contaban con administradores que se
ocupaban de controlar los productos del campo, así como con sacerdotes
que supervisaban la preparación del pan y de otros alimentos.

Cualquiera
que deseara entrar en el colectivo, debía pasar por un periodo de
prueba de tres años. Al final del primero se admitía al novicio a la
purificación ritual con agua, pero sólo al término del trienio podía
tomar parte de la comida comunitaria, tras pronunciar un conjunto de
juramentos solemnes relacionados con su nuevo estado.

La
pena por infringir las normas del grupo era la excomunión que
implicaba, en realidad, condenar a morir de hambre al penado por cuanto
no podía comer alimentos no supervisados ni recibirlos de sus antiguos
compañeros.

Josefo
también nos relata lo que constituía la actividad cotidiana de este
colectivo. Sus miembros se levantaban antes del amanecer y oraban en
dirección a oriente (algo inusual en los judíos), sin poder pronunciar
palabra antes de terminar las plegarias. Después, salvo los sábados,
marchaban a trabajar hasta el mediodía aproximadamente. Entonces se
reunían en el centro comunitario, se bañaban y entraban en el refectorio
vestidos con sus hábitos de lino. La comida era precedida y concluida
por una acción de gracias pronunciada por un sacerdote y el
comportamiento de los asistentes (sólo los miembros de pleno derecho)
estaba presidido la sobriedad. La secta contaba con cuatro rangos
diferentes y sólo se podía hablar conforme a las normas relativas a los
mismos. Tras la comida, los esenios abandonaban sus hábitos blancos,
volvían a vestirse con sus ropas de trabajo y continuaban en sus labores
hasta la tarde. Después se reunían para otra comida en la que sí podían
estar presentes los visitantes y los extraños.

No
usaban el aceite por considerarlo impuro (¿quizá porque lo consideraban
un artículo de lujo?), evitaban los juramentos (salvo los pronunciados
en su inicia­ción), y tenían fama de interpretar a los profetas, hacer
predicciones acertadas y conocer las propiedades médicas de diversos
productos.

Hipólito se refiere también a los esenios en el noveno libro de su obra Refutación de todas las herejías ,
escrita en los primeros años del s. III. Este autor coincide con Josefo
en buen número de datos pero parece haber contado con una fuente
independiente de información que le permite corregir y suplementar al
autor judío.
Según
Hipólito, los esenios se habían dividido a lo largo de su historia en
cuatro partidos diferentes, uno de los cuales era el de los zelotes o
sicarios. Como veremos en el próximo apartado, esta afirmación resulta
discutible
pero
no puede negarse el que algunos esenios optaran por una postura tan
opuesta a los no judíos que algunos los confundieran con los zelotes.
Por otro lado, sabemos que hubo un rebelde judío en la guerra contra
Roma llamado Juan, cuyo origen era zelote (Refutación 9, 21).

Los
zelotes no utilizaban monedas con la efigie del emperador o de ningún
otro hombre, porque consideraban que el mismo acto de ver una cosa
semejante era una forma de idolatría. Sabemos por el Talmud de Jerusalén
(Abodah Zarah 3, 1) que Nahum de Tiberiades, que no era zelote sino
fariseo, jamás miró en su vida la imagen de una moneda, pero en la
literatura rabínica tal caso es excepcional, mientras que entre los
esenios parece haber sido la regla.

Resulta
también interesante señalar que Hipólito afirma que los esenios creían
en la resurrección además de en la inmortalidad del alma
(Josefo no nos ha transmitido el primer dato).
La existencia de los esenios como colectivo no parece que pueda situarse más atrás de mediados del s. II a. de C. No
hay referencias a los mismos en el Nuevo Testamento y no parece que
tuvieran el más mínimo contacto con Jesús. De haber sido así, como
aconteció con los fariseos, las relaciones no hubieran sido cordiales
dada la enorme diferencia de perspectivas existentes entre ambos. Jesús
no sólo distó de ser un asceta (de hecho, se le acusó de glotón y
borracho) sino que además no parece haber tenido el más mínimo interés
por recluirse en una comunidad concreta o conceder importancia al
sacerdocio.

Cuestión
muy debatida en las últimas décadas es la de si puede identificarse a
la comunidad de Qumrán con los esenios. Analizaremos ese aspecto, pero
antes tenemos que ocuparnos de otro colectivo de enorme trascendencia en
los años inmediatamente anteriores a la destrucción del Templo de
Jerusalén en el 70 d. de C. Me estoy refiriendo a los zelotes, que
estudiaremos en el próximo artículo de esta serie sobre “El contexto
religioso de los Evangelios”, ya en enero del nuevo año 2006.

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Interior de la cueva nº 4 de Qumrán, uno de los lugares
en que se encontraron los rollos del mar Muerto.

Los esenios y Jesús

Los esenios
Los
esenios constituyen uno de los grupos más estudiados en los últimos
años, debido a los famosos descubrimientos del mar Muerto (1946), en la
localidad de Qumrán.

No se sabe con exactitud el origen de la palabra esenio. Se sostiene que derivaría de essenoi o essanaoi. Significa piadoso. Por lo tanto, tendría la misma raíz que hassidim o asideo, que eran los judíos maximalistas en la observancia de la Ley.

Para el estudio de este grupo, hay que distinguir los siguientes tipos de fuentes:
1) Fuentes anteriores a Qumrán: Son escasas. Pueden sintetizarse en las siguientes tres:
• Filón de Alejandría (25 a.C.-40 d.C.): El famoso historiador de la Iglesia de nacionalidad española, Bernardino Llorca:
“Filón dice que eran como y que estaban acreditados como verdaderos
servidores de Dios; que vivían en aldeas huyendo de las grandes
ciudades; que trabajaban en la tierra y no ejercían comercio; enseñaban
la piedad, la justicia y el amor de Dios; por otro lado, no tenían
ninguna propiedad y practicaban una especie de comunismo” (Llorca,
Bernardino,
Historia de la Iglesia católica. I: EDAD ANTIGUA. La Iglesia en el mundo grecorromano, Biblioteca de autores cristianos, Madrid, 2001, p. 30).
• Plinio el Viejo (23-79 d.C.): Leamos el trozo en que este romano se refiere a los esenios:
En
la parte occidental del mar Muerto, distanciados prudentemente de sus
aguas malsanas, viven los esenios; pueblo singular y admirable entre
todos los pueblos de la tierra; sin mujeres, sin amor y sin dinero, con
la sola compañía de las palmeras. Se renueva naturalmente gracias a la
nutrida afluencia de los que se ven empujados hacia allá por el hastío
de la vida y los reveses de
la fortuna. De
esta manera se perpetúa a través de los siglos este pueblo, en el que
nadie nace: tan fecundo ha sido para ellos el tedio y hastío de los
demás. Debajo de los esenios (…) se levantaba la ciudad de Engaddi, la
primera después de Jericó en fertilidad y abundancia de palmeras,
reducida, sin embargo, en la actualidad a un montón de ruinas. Después
viene la fortaleza de Masada, situada sobre la montaña, no muy alejada
tampoco del mar Muerto” (Citado por: González Lamadrid, Antonio,
Los descubrimientos del Mar Muerto, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1985, p. 119).

• Flavio Josefo (38-101 d.C.): Permaneció tres años con ellos, recibiendo sus enseñanzas. Según el gran historiador español Luis Suárez,
“los presentó como una especie de dulces objetores de conciencia” La
Conversión de Roma, Libros MC, Madrid, 1987, p. 67). Este mismo autor
señala que su aplicación de la Ley era más rigurosa que la de los
fariseos, en especial en lo que se refiere a las normas dietéticas y a
la observación del Sabbaht. En su obra
La Guerra Judía
(2, 117-166), Josefo señala las siguientes características de este
grupo: predilección por el celibato, estructuración jerárquica,
comunidad
de bienes y pobreza, oración en común y comidas sagradas,
purificaciones y distintas etapas de iniciación a la vida comunitaria,
estima por los escritos antiguos y custodia de los libros, práctica de
la adivinación y distribución en
comunidades federadas, entre otros elementos.
2) Descubrimientos del mar muerto: Pueden distinguirse dos tipos de descubrimientos:
• Documental:
En el invierno de 1946 tres beduinos encuentran documentos (rollos) de
pápiro y pergamino en una cueva en la localidad de Qumrán, en las
cercanías del mar Muerto. Después, esos rollos los venden y se dan a
conocer a la
comunidad científica. Más adelante se encuentran varias otras cuevas con nuevos documentos.
• Arqueológico:
En 1960 un grupo de arqueólogos y de miembros del ejército israelita
descubren construcciones en Engaddi y Masada (las mismas de que hablaba
Plinio el Viejo). Concretamente, se encuentran tres ocupaciones,
correspondientes a tres épocas:

— Período calcolítico.
— Período israelita.
— Segunda revolución judía.

Pueden destacarse los siguientes tipos de documentos descubiertos:
• Textos bíblicos: Hay fragmentos de todo el canon hebreo, salvo Ester.
• Libros apócrifos: Algunos ya conocidos, otros nuevos.
• Epístolas: Se dan en el contexto de la segunda revolución.
• Documentos jurídico-administrativos.
• Textos comunitarios: Se refieren a la vida de la comunidad
de Qumrán en sus múltiples aspectos. De éstos, se destacan las
siguientes reglas: Regla de la Comunidad, Regla de la Congregación,
Regla de la Guerra, Documento de Damasco.
¿Cuál es la importancia del descubrimiento? Es triple:
• Para la historia del texto hebreo del Antiguo Testamento:
Se encuentran copias de hasta 12 siglos más antiguas que las existentes
antes de 1946. En la biblioteca de Qumrán están representados todos los
libros del AT, menos el de Ester. También hay copias de la versión
griega de los Setenta.
• Para la historia del judaísmo:
Ayuda a conocer la vida de los esenios, una de las sectas más
importantes del judaísmo tardío. La mayoría de estas obras son nuevas,
desconocidas con anterioridad. Además, enriquece el conocimiento de las
dos revoluciones judías contra Roma (66-73 y 132-135).
• Para el Nuevo Testamento: Los textos de la comunidad
de Qumrán nos ponen en contacto con el ambiente histórico, literario y
religioso en que nace la Iglesia y los escritos del NT. Hay un cierto
paralelismo entre los documentos de Qumrán, pero ello no implica
dependencia.
¿Fue Jesús un esenio?

Sobre la eventual relación entre Jesús y esa secta judía,
Antonio González Lamadrid señala: “El 26 de mayo de 1960, el profesor de la Sorbona Dupont-Sommer tuvo una ponencia ante la Academia Francesa
de Inscripciones y Letras que, ampliada y desarrollada, daría luego
lugar a un pequeño libro. Las afirmaciones del profesor francés
provocaron amplia y profunda sensación, pues, según él, Jesús de Nazaret
no sería más que una reencarnación del ‘Maestro de Justicia’ [que fue
el fundador y líder de la secta], y, consiguientemente, la verdadera
cuna del cristianismo no era tanto Galilea o Jerusalén cuanto Qumrán”
(González Lamadrid, Antonio,
op. cit., pp. 249 y 250).

Dupont-Sommer enumera, entre otras, las siguientes semejanzas entre el “Maestro de Justicia” y Jesús de Nazaret:

1) Ambos predican la penitencia, la pobreza, la humildad, el amor al prójimo, la castidad.

2)
Ambos ordenan la observancia de la Ley de Moisés, de toda la ley, pero
de una Ley completada, perfeccionada por sus propias revelaciones.

3) Ambos son elegidos Mesías de Dios, redentores del mundo.

4) Ambos son objeto de la hostilidad de los sacerdotes, especialmente saduceos.

Sin
embargo, las divergencias son radicales; mencionemos algunas que pueden
inferirse de lo dicho por Jean Danielou (Danielou, Jean, y Henri-Irénée
Marrou,
Nueva Historia de la Iglesia. Desde los orígenes a San Gregorio Magno, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1964, pp. 51 y ss.):

1) El cristianismo renuncia a la actitud de odio contra el sistema imperante, característica de Qumrán.

2) Proclama que el sabbaht es para el hombre y no a la inversa [no es rigorista, como los fariseos y esenios].

3) El Bautismo cristiano no es una ceremonia lustral (de purificación), sino un rito único.

4) Afirmación de la divinidad de Jesucristo.
Además,
agreguemos, los cristianos no se apartan del mundo: tienen una
mentalidad de penetrar en todas las esferas sociales. No se sienten
especiales, diferentes al resto de
la sociedad. El cristianismo es universal, no es para gentes especiales o particularmente elegidas, como así se sentían los esenios.
Agradecemos 2008.III. a:



http://apologeticahistorica.blogspot.com/2008/02/los-esenios-y-jess.html

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Desgraciadamente,
lo que el Protestantismo ha hecho es exaltar y tratar como algo sagrado
al rebelde y disidente juicio privado considerándolo como un dogma de
fe, y las consecuencias de esto se han hecho manifiestas. ¡No funciona!
La Enciclopedia Cristiana Mundial (Publicación de la Universidad de
Oxford, 1983) estima que hay mas de 20,000 denominaciones en existencia,
y la aplastante mayoría de ellas – todas excepto por un puñado de ellas
– han sido creadas en los últimos 500 años y son denominaciones
Protestantes. Ese es el fruto de la doctrina de juicio privado.
Podemos
ver, desde nuestro punto de observación 500 años después de la Reforma,
las consecuencias devastadoras de esta doctrina, como actúa como un
martillo para machacar y hacer trizas a las iglesias haciéndolas más y
más pequeñas con el pasar del tiempo. Sin embargo, las gentes de aquel
tiempo debieron haber podido prever estas consecuencias, y de hecho así
lo hicieron. Los Católicos de aquel periodo abiertamente predijeron el
caos; mismo que ahora ha florecido en el mundo Cristiano, y los
Reformistas mismos vieron lo que pasaría. Los Reformistas por eso
tomaron medidas para mitigar esta situación y desacelerar el número de
denominaciones que estaban siendo creadas.






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de textos
cristianos primeros, comparados a otros como la Ilíada, Platón,
Aristóteles, Virgilio o Cesar… y del fluir o brotar con facilidad el
griego en los escritos, siglos y siglos antes del islam

Se ha dicho,
recordando la visión del ‘Ad Diognetum’, que los cristianos no difieren
por ningún signo exterior de los otros hombres. Lo mismo sucede con sus
textos, que no hay que leer y estudiar de forma diferente a otros
escritos coetáneos no cristianos. De cualquier forma, es indudable que
los textos cristianos presentan particularidades que, si bien no
exclusivas, los caracterizan respecto a otros. Antes que nada, la
tradición manuscrita, constituida por todos los testimonios
supervivientes de un escrito, es para los textos cristianos antiguos
generalmente mucho más abundante y cercana a los originales que para
otras obras de la antigüedad. Considerando la literatura griega, piénsese en la ‘Ilíada’,
conservada en su integridad por códices copiados alrededor de quince
siglos después de su composición. Por su parte, el Nuevo Testamento se
lee íntegramente en manuscritos copiados unos tres siglos después de su
realización*. Además, el número de los ejemplares respetivos, íntegros y fragmentarios, se acerca a los trescientos para la Ilíada
y a casi seis mil para los escritos neo-testamentarios. Una cifra no
superada por ningún otro texto. Por lo que se refiere a la cercanía
entre un original y su testimonio más antiguo, no son excepcionales los
textos patrísticos que se pueden leer en códices casi coetáneos, como
algunas de las obras de Agustín. La mayor antigüedad y abundancia de la
tradición manuscrita de los escritos cristianos, respecto a gran parte
de la literatura clásica, debida a que los primeros son más tardíos,
aumenta la posibilidad de encontrar ediciones antiguas abiertas, es
decir, de obras que el mismo autor, una vez publicadas, habría revisado,
modificado y nuevamente difundido. Se crean asín no tanto ediciones
sucesivas cuanto un texto abierto, casi en evolución, fuente de
problemas para el filólogo que deba realizar la edición crítica.

Otra particularidad se refiere a la lengua de los textos cristianos, compuestos en griego y latín
en época ya avanzada, si se tienen en cuenta los respectivos cánones
lingüísticos clásicos. Con arreglo a éstos, los textos fueron estimados
bárbaros y, por consiguiente, fueron a menudo normalizados en las
ediciones críticas. Sin embargo, los textos cristianos
resultan lingüísticamente de la evolución de las dos lenguas, evolución
que se puede encontrar en otros textos coetáneos y que, por tanto, hace
falta respetar en su forma, aunque sea lejana de los supuestos ideales
clásicos. Por otra parte, se trata de verdaderas lenguas características
de los cristianos, estudiadas en el s. XX, sobre todo el latín. En el
trasfondo está la lengua de la Biblia griega,
constituida por traducciones de las Escrituras hebreas y por el Nuevo
Testamento, modelo para los autores cristianos de lengua griega y que
pone a prueba los traductores latinos de la Biblia.
Importante es, además, el fenómeno cultural de las traducciones de los textos
cristianos,
bíblicos y no bíblicos, a lenguas orientales, que abren sus respectivas
historias literarias, hasta el nacimiento de nuevos alfabetos, como el
gótico, y el paleoeslavo, creados precisamente para traducir la Biblia. 
-.-
No se repetirá
nunca suficientemente una obviedad a menudo pasada por alto: que Jesús y
sus inmediatos seguidores no eran y no se convirtieron jamás en
cristianos. Eran judíos y como tal permanecieron todos los que en las
primeras décadas se refirieron a la predicación del maestro nazareno que
consideraban el Cristo, es decir , el Mesías.  No obstante, ya desde el
decenio siguiente a los acontecimientos que lo tuvieron como
protagonista, estos judíos comenzaron a distinguirse y a llamarse
cristianos. Su texto sagrado era el ‘tanak’,
no fiado aún del todo por un canon. Con él aprendió Jesús a leer. La
lengua hablada era el arameo y eran conocidos el hebreo de la Escritura y
el griego. Este último era el fruto principal de una helenización extensa
y profunda que hacía al menos tres siglos había afectado a toda
Palestina, sobre todo a su región septentrional, la Galilea, patria de
Jesús y de sus primeros seguidores. Las mismas escrituras sagradas habían sido traducidas al griego a partir del s. III antes de la era cristiana. Las traducciones se habían hecho básicamente en Egipto, donde esta asentada una populosa e importante comunidad judía, pero también en Palestina, donde igualmente circulaban. Todos estos textos, aún no del todo canónicos, además de ser considerados inspirados por Dios,
tenían otra característica: constituir una especie de universo donde
las diferentes partes se repetían con variaciones y se mencionaban y
comentaban unas a otras. En definitiva, generaban continuamente nuevas
Escrituras, quizás más tarde no incluidas en el canon vencedor. Además
de los textos repetidos (por ejemplo el mismo relato de la
creación), baste pensar en la historia de la liberación de la esclavitud
de Egipto que aparece en el segundo libro de la ‘torah’ (titulado por los traductores griegos Éxodo, es decir , y es incesantemente releída en otros libros, desde los nebim a los ketubim,
hasta la obra griega de la Sabiduría, escrita alrededor de los
comienzos de la era cristiana, pero atribuida tradicionalmente a
Salomón.

(P:
¿Hay indicios de que la Biblia pueda estar mutilada en cuanto a
testimonios contrarios a ciertas posiciones inamovibles de la Iglesia
Católica en la actualidad?

R:
No, el Antiguo Testamento ha sido conservado también por los judíos y
en cuanto al Nuevo Testamento, es el texto de la Antigüedad que cuenta
con más copias y más antiguas superando de manera escandalosa
verdaderamente a las obras de Platón, Aristóteles, Virgilio o César).

+++


Dios no abandona a su Iglesia y se cumple la promesa de Nuestro Señor:
"Estaré
con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt. 28,20); esto fastidia tanto a
las sectas jehovistas, bautistas, mormones y otras miles que aparecen y
desaparecen.

+++

La
Iglesia Católica es SANTA en su doctrina, en su moral, en sus medios de
santificación -los sacramentos- y en sus frutos. No quiere esto decir
que todos los católicos sean santos. Esto es imposible dado la libertad
humana.

+++

«La
Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por
pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de
nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos
ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo», S. S. Benedicto
XVI – 29 Junio 2005 Festividad de San Pedro y Pablo; ambos mártires de
la Iglesia católica, 64/7ca. en Roma. ITALIA.

+++

La
Iglesia una, santa, católica y apostólica». «Catolicidad significa
universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que sin
embargo sigue siendo multiplicidad».Que Dios nos guíe hacia la plena
unidad de modo que el esplendor de la verdad, que sólo puede crear la
unidad, sea de nuevo visible en el mundo». S. S. BENEDICTO XVI -
2005-06-29.

+++

Cristo
es –piedra angular- origen y principio de donde dimana la luz y
santidad que le sirve de base, alimento y razón, a su Iglesia Católica.
La Iglesia, madre y maestra,
respetuosa con la verdad que Cristo le depositara hace 2.000 años,
expone con detalles y datos históricos su trayectoria evangélica.
Ininterrumpidamente predica a Jesucristo y las virtudes cristianas.
Estas sectas (adventistas, álamos, bautistas, jehovistas, etc.)
  inexistiendo
durante no menos de 1.600 años, y, sin dicha trayectoria histórica, no
pasan de tener algunos aviesos parlanchines. Estos, podrán ser menos
honrados y veraces, pero han resultado siempre más hábiles en la
manipulación y la maniobra inescrupulosa. Ricos en lisonjear, motes y
requiebros, como de dividirse inventando por arte de magia, sectas y más
sectas día a día.
  Porque
tanto da para todos: sola gracia, sola fe, sola escritura, solo Cristo,
solo gloria a Dios… solo sectas y más sectas; ¡mala combinación la
protesta con el resentimiento! ¡extraña y agria hermandad vomita quien
es más etéreo que hombre cabal! Lobos rapaces que hacen
-cada
día- nacer nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el
engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al
error».

+++

Si
vamos a la raíz de lo que origina estos desacuerdos [con evangélicos
diversos protestantes y evangelistas], vemos que ocurren cuando cada
persona al estar convencida de que su interpretación de la Biblia es la
correcta, simplemente la del otro es una herejía. Para este tipo de
Iglesias y personas que no aceptan que lo que la Biblia dice “puede” ser
diferente a los que ellos interpretan, nunca será posible reconocer que
la otra parte puede tener argumentos bíblicos para pensar lo que
piensa, y nunca buscará conciliar diferencias como lo hacían los
primeros cristianos en la Iglesia primitiva (Hechos 15) deliberando
unidos en Concilio.
Mientras
la Iglesia Católica siempre ha seguido el modelo bíblico y ha tomado
sus decisiones en conjunto y dichas decisiones han sido acatadas por los
fieles, para las iglesias protestantes las decisiones tomadas por la
Iglesia en concilio son “palabras de hombre”, les importa “un pepino” y
se ven obligadas a reinterpretar todas las Escrituras una y otra vez,
generación tras generación, basándose en la interpretación humana de su
fundador. Cosa que es mucho peor porque es la interpretación de un
individuo versus la interpretación de la Iglesia entera.
Scoth
Hann un Ex–pastor presbiteriano ahora convertido al catolicismo resume
esto en una frase que dice: “Mientras los protestantes están discutiendo
el menú, nosotros estamos disfrutando el banquete”.
Por eso dice la Escritura:
“Pero,
ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede
interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido
por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han
hablado de parte de Dios.” 2 Pedro 1,20-21
“Y
yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te
daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra
quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará
desatado en los cielos.»”
Mateo 16,17-18

+++

Jesucristo,
al momento en que envía a los apóstoles a predicar el evangelio a todo
el mundo, desea que su Iglesia sea universal (en griego ‘católicos’), es
decir: en plena catolicidad hasta al final de los tiempos, la designa
Jesucristo.

+++

La
universalidad salvífica de Jesucristo hace a su Iglesia ‘Católica’,
porque católico es su anuncio cristiano y salvífico, propuesto a todo el
universo.

+++

P. He escuchado que la palabra ‘Católica’ no fue usada sino hasta cientos de años después de que Jesucristo fundó Su Iglesia.

R.
No es cierto. El primer indicio del uso de la palabra que pude
encontrar está en la carta a los ’Smymeans’, de San Ignacio de Antioquía
(del 106 D.C.), párrafo 8: "Cuando el arzobispo aparece, deja ser a la
gente como es, donde está Jesucristo, allí está la Iglesia Católica". 
Indudablemente la palabra se utilizaba antes de la época de esta escritura.

+++

"Obedecer al Obispo y al clero con mentes sin divisiones y compartir el pan -la medicina de la inmortalidad- y el remedio soberano para escapar la muerte y vivir en Jesucristo para siempre... La única Eucaristía que deben apreciar como válida es una que es celebrada por Obispo mismo o por una persona autorizada por él.Donde está el Obispo, ahí debe estar su gente, al igual que donde estaba presente Jesucristo, ahí está la Iglesia católica..."
[San Ignacio de Antioquía, discípulo de San Juan Evangelista, (+ 107)] Ignacio nació en los días en que Cristo era crucificado. Conoció a San Pedro y a San Pablo.

+++

«Una
investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con
la documentación científica es insustituible para derrumbar las
barreras entre los pueblos» (S. S. Juan Pablo II – P.P.)

+++


“El
hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no
convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos
errores no convierte éstos en verdades; y el hecho de que millones de
personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de estas
personas gente equilibrada.” [E. Fromm]

+++

Para
no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la
inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías
mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se
efectuaron.
  
 
Al
igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana,
quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a
cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de
buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al
mayor grado de objetividad histórica posible.

+++

Sed
siempre humildes y amables; sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente
con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo
de la paz. Dios acepta y recibe con agrado a la Iglesia como
sacrificio cuando la Iglesia conserva la caridad que derramó ella el
Espíritu Santo: así, si la Iglesia conserva la caridad del Espíritu,
puede presentarse ante el Señor como una hostia viva, santa y
agradable a Dios. 

+++

Los
humildes obedecen, los obedientes se salvan. En una punta Jesús y en la
otra María, la primera mujer perfectamente obediente. La que dijo que
al Espíritu en su aldea de Belén y luego en el cuarto aquel de Jerusalén en el Pentecostés.
En la primera vez nació Jesús, en la segunda: la Iglesia. La Madre es la misma.

Y
Judas se mete en el juego de Dios pensando que puede sacar ventajas
como nosotros creemos que podemos arreglar la radio con un
destornillador y la terminamos de romper. Pero nosotros no somos mucho
menos tarambanas que él. Como siempre: Dios sabe todo lo que está
pasando y nunca se le escapa un detalle. Así tienes –ahí- a los
charlatanes en las sectas bautistas, jehovistas, mormones, etc. y creen
que la Iglesia ha estado equivocada dos mil años hasta que ellos
abrieron una Biblia y se pusieron a "interpretar". Hasta esa suprema
mentecatez superará Jesús porque no hay quien se le resista en eso de
salvar almas.
Es
que le ves a Él, y te enamoras de Su gracia y como siempre pasa en el
amor: naces de nuevo. Para nacer hace falta una madre y para eso está
María.

+++

Saturno visto desde la sonda Cassini - MMV.XII.VIII 
“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

“Dios
no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un
ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es
inútil luchar”.

Dios
se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por
ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la
infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».
«El
primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la
creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las
estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en
la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos,
ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por
tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo
de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la
vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».

El
Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un
pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de
Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el
ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni
orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de
este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció
S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El
Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos
dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora
--esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto
inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó
exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a
pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje
de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de
todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad».
S. S. Benedicto XVI. P.M. MMV.XI.X. 



"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-
«La
crisis medioambiental es un desafío moral». La preocupación primaria de
la delegación vaticana es por tanto la de subrayar «la importancia de
captar el imperativo moral subyacente, por el que todos, sin excepción,
tienen una gran responsabilidad en la defensa del medio ambiente». Este
deber, prosiguió el arzobispo, no debe ser considerado en oposición al
desarrollo pero no tiene tampoco que «ser sacrificado en el altar del
desarrollo económico».  Dado que
la cuestión medioambiental está directamente relacionada con otras
cuestiones fundamentales, constató, la consecuencia es que las
necesarias «soluciones solistas» son todavía más difíciles de encontrar.
«Mientras tratamos de encontrar el modo mejor de defender el medio
ambiente y lograr el desarrollo sostenible, debemos también trabajar por
la justicia en las sociedades y entre las naciones», observó el
prelado.

 
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por los autores en los artículos aquí publicados, sin embargo, estima
que son dignos de consideración en su conjunto.

El
siguiente tema está escrito por el serio y respetable doctor don César
Vidal – protestante, ex - testimonio de Jehová, desconocemos a la fecha a
qué grupo cristiano – entre miles existentes– adhiere hoy: MMV. XII.
VIII Festividad de la Inmaculada Concepción.
Compendio del Catecismo de la Iglesia católica: ¿por qué no lo sabemos?La
fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la
Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos
esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005. ¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!
Creer,
celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace
2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la
ilumina y sólo Él la guía.
 
Recomendamos vivamente: Título: ¿Sabes leer la Biblia?
Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado - Autor: Francisco Varo – MMVI. Marzo - Editorial: Planeta Testimonio

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Cristo».-
Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación, lo que se pretende desde ‘CDV’ es contribuir muy modestamente, y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz. ‘CDV’ Gracias.-
Grüss Gott. Salve, oh Dios.
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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'

Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto
del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la
Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de
Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…



Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo
- Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania;
entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia
(Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo
esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas
viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido:
"Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del
seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta
toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa
de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede
huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de
Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la
tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz
y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.


La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia

495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf.
Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como
'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1,
43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del
Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne,
no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la
Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente
Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).

La virginidad de María

496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia
ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María
únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto
corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu
Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de
varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción
virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha
venido en una humanidad como la nuestra:

Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis
firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de
la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la
voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una
virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo
Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó
verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).


El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia

639 El misterio de la resurrección de Cristo es un
acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas
como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56,
puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar,
lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según
las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según
las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).

El sepulcro vacío
640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc
24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer
elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba
directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría
explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A
pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo
esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para
el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer
lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn
20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra
humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como
había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).




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