miércoles, 23 de noviembre de 2016

Europa Soberana: Roma contra Judea, Judea contra Roma (I) —las bases del conflicto

Europa Soberana: Roma contra Judea, Judea contra Roma (I) —las bases del conflicto












































sábado, 4 de mayo de 2013






Roma contra Judea, Judea contra Roma (I) —las bases del conflicto




Los judíos hace tiempo que están en rebelión, no sólo contra Roma, sino contra toda la humanidad.
(Éufrates).
Los
judíos pertenecen a una oscura y repulsiva fuerza. Yo sé cuán numerosa
es esta camarilla, cómo permanecen unidos y qué poder ejercen a través
de sus uniones. Son una nación de mentirosos y de engañadores.
 
 (Cicerón).
Los
temores de los judíos parecen haber estado confinados al estrecho
ámbito de la vida presente. La hosca obstinación con que mantuvieron sus
peculiares ritos y costumbres sociales, pareció señalarlos como una
especie distinta de hombres, que insolentemente profesaban o que apenas
disfrazaban, su implacable odio al resto de la humanidad.
(Edward Gibbon). 
ÍNDICE
PRIMERA PARTE
- CONTEXTO GEOPOLÍTICO, ANTROPOLÓGICO Y ÉTNICO
- ROMA
- JUDEA
- ANTISEMITISMO ROMANO: UN CONFLICTO ESPIRITUAL
- EL LEGADO HELENÍSTICO
- EL ANTISEMITISMO GRIEGO
- LA CONQUISTA DE POMPEYO
- HERODES EL GRANDE
- SOBRE JESUCRISTO Y EL NACIMIENTO DEL CRISTIANISMO
- CALÍGULA
- CLAUDIO Y NERÓN
- PRIMERA GUERRA JUDEO-ROMANA: LA GRAN REVUELTA JUDÍA (66-73 EC)
· Los disturbios étnicos en Egipto

· Asedio y caída de Jerusalén —la destrucción del Segundo Templo

· Caída de Masada

· Consecuencias de la Gran Revuelta Judía
- SEGUNDA GUERRA JUDEO-ROMANA: LA REBELIÓN DE LA DIÁSPORA O REVUELTA DE KITOS (115-117)
- TERCERA GUERRA JUDEO-ROMANA: LA REBUELTA PALESTINA O REBELIÓN DE BAR KOJBA (132-135)
· Consecuencias de la Revuelta Palestina
- ALGUNAS CONCLUSIONES
- ANEXO: NIETZSCHE SOBRE EL CONFLICTO ROMA VS. JUDEA
- SITUÉMONOS
- APARECE "LA SECTA JUDÍA"
- EL CASO DE NERÓN COMO EJEMPLO DE DISTORSIÓN HISTÓRICA
- DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN: EL CRISTIANISMO SE AFIANZA FUERA DE JUDEA
- LOS CRISTIANOS DEJAN DE SER PERSEGUIDOS
- EN LO ALTO DE LA PIRÁMIDE... SOLO HAY ESCLAVOS: GENOCIDIO ANTIPAGANO
- EL EMPERADOR JULIANO COMO ÚLTIMO COLETAZO ROMANO
- CONTINÚA EL GENOCIDIO ANTIPAGANO CON MÁS VIRULENCIA
- EL MARTIRIO DE HIPATIA COMO EJEMPLO DE TERRORISMO CRISTIANO
- A MODO DE CONCLUSIÓN
- NIETZSCHE SOBRE EL CRISTIANISMO
- VERSIÓN NIETZSCHEANA DEL SERMÓN DE LA MONTAÑA
En la tercera parte, El cristianismo y la caída del Imperio Romano, veremos
procesos que marcaron el primer desarrollo del cristianismo, esa
extraña síntesis entre mentalidad judía y greco-decadente que, desde
Oriente, devoró al mundo clásico hasta los huesos, minando las
instituciones romanas y la mentalidad romana hasta propiciar su derrumbe
total. Sin embargo, comenzaremos centrándonos en las provincias romanas
del Este, especialmente Judea, que fueron arrebatadas por Roma a los
herederos de Alejandro Magno. ¿Cómo fueron las relaciones entre griegos y judíos? ¿Qué papel jugaron los romanos en
Asia Menor y en la gestión del problema judío? ¿Cuáles son las
verdaderas raíces de Israel y de la actual inestabilidad en Próximo
Oriente? Valdrá la pena extenderse sobre el tema para familiarizarse con
las bases del que hoy es el mayor conflicto geopolítico del planeta: el
Estado de Israel. También vendrá bien para ver la imposibilidad, a
largo plazo, de la convivencia entre dos culturas radicalmente
diferentes —en este caso, la grecorromana y la judía.
  
Por
ahora, los romanos se van a encontrar con un pueblo que se toma la
tradición con la misma seriedad que ellos, pero sustituyendo ese toque
olímpico, artístico, atlético y aristocrático por una chispa de
fanatismo y dogmatismo, y cambiando el patriotismo romano por una
especie de pacto sellado a espaldas del resto de la humanidad. Un
pueblo, sobre todo, con un sentimiento de la identidad ferozmente
arraigado —de hecho, mucho más que ningún otro pueblo— y que además se
consideraban ni más ni menos que el "pueblo elegido"...
  
CONTEXTO GEOPOLÍTICO, ANTROPOLÓGICO Y ÉTNICO
Próximo Oriente o el Levante —lo que hoy son Turquía, Líbano, Siria, Irak, Israel, Palestina, Jordania y Egipto— ha
sido una importantísima zona geoestratégica de enfrentamientos entre la
Europa de los bosques, las nieves, los ríos y las nieblas, y el
profundo Oriente del seco, celoso, estéril e inhóspito espíritu del
desierto. En esta zona ha habido, desde tiempos inmemoriales, flujos y
reflujos procedentes tanto de Europa como de Asia y África, y que
cristalizaron en la aparición del Neolítico y de las primeras
civilizaciones del mundo.
Citando
a Nietzsche, diríamos que "si miras al desierto fijamente durante mucho
tiempo, el desierto también mirará fijamente hacia ti". Si existe un
entorno de selección natural radicalmente diferente al de las
glaciaciones, es sin duda el entorno desértico, monótono e infinito como
los lamentos de los cánticos hoy predicados desde los minaretes de las
mezquitas. Sumido en este tipo de paisaje durante mucho tiempo, es fácil
que un hombre tenga visiones, que vea espejismos y reflejos
distorsionados, que escuche voces que, según el folklore oriental,
proceden de espíritus malignos y, finalmente, que pierda su camino, que
se hunda en la desesperación y en la locura, y que su mente emprenda un
viaje hacia la oscuridad, de la cual no volverá jamás. Los desiertos son
los lugares donde la total ausencia del poder fecundador del cielo
(representado por la lluvia y el relámpago, y por dioses típicamente
europeos como Zeus o Júpiter) ha propiciado el triunfo de la Tierra, y
por tanto la muerte de la Naturaleza y la nivelación, la devastación, la
igualación de los horizontes y la falta de permanencia del mismo suelo
que se pisa. Es del todo imprudente pensar que todos estos elementos no
dejan una profunda huella en la idiosincrasia y en el imaginario
colectivo de un pueblo.
Se
transluce en el tema que tratamos un enfrentamiento que, en última
instancia, se reduce a una insurrección evolutiva de Oriente para no
desaparecer en una desigual competencia con las variedades humanas
europeas. En 56 AEC, en un discurso titulado "De Provinciis Consularibus", dado en el Senado de Roma, el mismo Cicerón describe a los judíos, junto con los sirios como una "raza nacida para ser esclava"Sirios y judíos eran comunidades étnicas en las que la raza arménida estaba
fuertemente representada, y que se engloban como culturas semíticas.
Las oleadas semíticas constituyeron, desde hace milenios, una fuente de
dolor, malestar, violencia y tragedia para Europa, desde los
cartagineses hasta los otomanos. El presente artículo se ocupará
particularmente de los judíos, pero sin olvidar otros grupos que, como
los árabes, persas y sirios, hicieron causa común con ellos en muchas
ocasiones, incluyendo durante el auge del cristianismo.
Aunque
hoy en día intentan endosarle a Europa un irreal multiculturalismo, la
realidad cotidiana e histórica es que la convivencia entre razas
diferentes sólo tiene dos resultados: la tercermundización y/o la
balcanización (conflictos étnicos y rupturas territoriales). Lo que
vamos a ver en este artículo, desde luego, no tiene nada de multi-culti y
nada de "convivencia pacífica", puesto que durante siglos y siglos, la
convivencia entre griegos y judíos estuvo marcada por grandes oleadas de
sanguinaria violencia y, por tanto, no funcionó.
Lejos,
por tanto, de la fantasía políticamente correcta de la "convivencia de
culturas", indagaremos en el inicio de una serie de limpiezas étnicas en
todo el Mediterráneo Oriental, que culminarían en el bajo Imperio
Romano con la erradicación, en Noráfrica y en Próximo Oriente, de las
comunidades griega y romana, y de la mayor parte del legado clásico, a
manos de Oriente.
ROMA
Es
increíble la cantidad de adulteraciones y basura vertida sobre la
historia de Roma y la biografía de sus emperadores, pero no tanto si
pensamos que el Imperio Romano se enfrentó directamente a lo que después
serían dos fuerzas poderosísimas: el judaísmo y el cristianismo. Roma
representó durante siglos (como los macedonios la habían representado
antes que ella) la encarnación armada y conquistadora de la voluntad
europea y el vehículo de la sangre indoeuropea en Próximo Oriente, en
plena cuna del mundo semita, del judaísmo, del Neolítico y del
matriarcado.
En
su "Anábasis de Alejandro Magno", Arriano nos cuenta cómo, estando
Alejandro Magno en Babilonia, recibió embajadas de infinidad de reinos
del mundo conocido. Una de esas embajadas procedía de Roma, que por
aquel entonces era una humilde república dirigida por un consejo de
patricios ancianos, llamados senadores. Alejandro Magno vio las
costumbres y el modo de comportarse de los embajadores romanos y, sin
titubear, les vaticinó que si su pueblo continuaba siendo fiel a ese
estilo de vida sobrio y recto, Roma llegaría a ser una poderosísima
ciudad. Antes de morir, Alejandro Magno dejó en su testamento que debía
construirse una inmensa flota para, algún día en el futuro, hacer frente
a la amenaza cartaginesa, que comenzaba a perfilarse en el horizonte.
Roma, como heredera de la misión alejandrina, heredó también la tarea
geopolítica de acabar con los cartagineses, un pueblo de origen fenicio
(actuales Siria, Líbano e Israel) que se había asentado en lo que hoy es
Túnez. Roma destruyó Cartago en el año 146 AEC, pero quedó con fuertes
secuelas y malos recuerdos de aquel enfrentamiento de Occidente vs.
Oriente, y ya nunca volvería a ser la misma.
¿Qué
es lo que impactó a Alejandro Magno de los embajadores romanos, y qué
hizo que los distinguiese enseguida del resto de embajadores? Que los
romanos eran un pueblo extremadamente tradicional y militarizado, cuya
vida bailaba al compás de un severo ritualismo religioso y una
disciplinada austeridad. La religión romana y las costumbres romanas
estaban presentes en absolutamente todos los momentos de la vida del
ciudadano. El mundo, ante los ojos de un romano, era un lugar mágico y
santo, donde los antiguos dioses, los númenes, los manes, los lares, los
penates, los genios e infinidad de espíritus folklóricos, campaban a
sus anchas influyendo en las vidas de los mortales, hasta en sus
vaivenes más cotidianos (la "Civitas Dei" de San Agustín, a pesar de
atacar la religión romana, proporciona valiosa información acerca de su
complejidad). Cuando nacía el niño, había una frase para invocar a un
numen. Cuando el niño lloraba en la cuna, se invocaba a otro. Y lo mismo
rezaba para cuando el niño aprendía a caminar, para cuando venía
corriendo, para cuando se alejaba corriendo, para cuando, siendo ya
hombre, recibía su bautismo de armas, para su boda, antes de entrar en
combate, al caer herido, al triunfar sobre el enemigo, al volver al
hogar victorioso, al ponerse enfermo, al engendrar su primer hijo, antes
de comer, antes de beber, al sembrar los campos… Un numen era
responsable de hacer crecer las doradas cosechas, otro numen (en este
caso un numen de Júpiter) precipitaba la lluvia del cielo, otro se
ocupaba de hacer ondear la hierba con el viento, otro, en tiempos
inmemoriales, volvió roja la barba de un linaje familiar masculino… Todas las cualidades, todas las cosas y todos los
acontecimientos, según la mentalidad romana, mostraban la huella de la
intervención creadora de las fuerzas benditas del mundo, los espíritus
de los ríos, de los árboles, de los bosques, de las montañas, de las
casas, de los campos... Las familias veneraban al pater familias y al antepasado del clan, mientras que todo varón se preciaba de tener virtus, una
cualidad divina que era asociada a la destreza militar, al
adiestramiento y al espíritu combativo, y que sólo los hombres jóvenes
podían poseer. Sólo se comía la carne de animales sacrificados a los
dioses en rituales de inflexible liturgia, y en las ceremonias
religiosas, el simple tartamudeo de un sacerdote era más que suficiente
para invalidar una consagración o tener que comenzarla de nuevo
El
espíritu romano: representada aquí con dos antorchas, Vesta,
equivalente a la helénica Hestia, era una diosa virginal asociada al
hogar y al fuego, que simbolizaba el centro de la casa, en torno al cual
se agrupaba la familia. Sus sacerdotisas, las vestales, eran chicas
vírgenes que, en el interior de su templo circular, velaban porque jamás
se apagase el fuego sagrado. Existía una ley según la cual, si un
condenado a muerte se cruzaba por la calle con una vestal, quedaba
absuelto. Cuando alguna de ellas faltaba a sus deberes, se le azotaba, y
si alguna transgredía el voto de virginidad, era enterrada viva. Eso no
es más que un ejemplo de la inmensa seriedad religiosa que reinó en los
orígenes de Roma, muy alejados de la famosa "decadencia del imperio".
A
pesar de la posterior influencia que tuvo sobre ellos Grecia, era tan
extrema la seriedad con la que los romanos se tomaban el ritualismo y el
folklore, y tan increíble su patriotismo, que puede llegar a pensarse
seriamente que la fidelidad (lo que ellos llamaban la pietas, el
cumplimiento del deber para con los dioses en el día a día cotidiano)
que profesaban a las costumbres y a las tradiciones ancestrales fue el
secreto de su inmenso éxito como pueblo. Desarrollaron una tecnología
avanzada y, por la disciplina de sus soldados, la capacidad de sus
mandos y una manera superior de "hacer las cosas", conquistaron todo el
Mediterráneo, blindando el sur de Europa.
Si
tuviésemos que poner más ejemplos de pueblos en los que la fidelidad a
las tradiciones se tomaba con la extrema gravedad con la que se tomaba
en Roma, sólo se encontrarían tres. Dos de ellos son la India védica y
la China Han.
El otro es el pueblo judío.
JUDEA
Los
judíos, en muchos sentidos, eran la exacta antítesis de los romanos,
pero tenían algo en común con ellos: la rigidez ritual y la lealtad a
las costumbres. En el caso judaico, el carácter estaba teñido de cierto
fanatismo, dogmatismo e intransigencia. Los romanos consideraban
siniestra esta religiosidad: el transfondo religioso bíblico, que es la
matriz del judaísmo (también del cristianismo y del Islam), procede de
una antigua tradición sirio-fenicia-cananea-semita, que entre otras
cosas sancionaba el sacrificio humano, incluyendo el de hijos
primogénitos.
La
judería, que tenía un largo historial de nomadismo, esclavitud,
persecuciones y expulsiones de Egipto y las civilizaciones
mesopotámicas, había mantenido, a pesar de sus grandes vaivenes a través
de mil desiertos y mil ciudades extranjeras, su idiosincrasia
esencialmente imperturbada. Desde la más remota antigüedad, los judíos
demostraron ser un pueblo inasimilable y altamente conflictivo, dotado
de una inaudita capacidad para trepar en los puestos sociales de
civilizaciones ajenas, minar sus instituciones y destruir sus
tradiciones y costumbres desde una posición parasitaria y aventajada,
enriquecerse con el proceso, tomar cuanto les fuese útil, hacerse cada
vez más sofisticados y, finalmente, sobrevivir a la caída de la
civilización a la que devoraron, llevándose un bagaje de experiencia y
símbolos robados a la siguiente civilización destinada a padecer la
repetición del ciclo. En todos los países que les acogieron, a los
judíos se les acusó de apropiarse de las riquezas de los demás sin
trabajar (usura), de ejercer el vampirismo sobre la economía, de ser
aduladores con la nobleza y abiertamente hostiles con el pueblo, de
endeudar a los Estados y de odiar mortalmente, en secreto, a toda la
humanidad no judía.
Quienes
tenían el poder entre los judíos eran los rabinos, sacerdotes que
habían pasado la vida aprendiendo la Torá y que ejercían un firme
control psicológico sobre su pueblo a base de amenazar con la ira de
Yahvé y manipular los miedos del individuo y sentimientos como la culpa o
el pecado. El historiador griego Estrabón acabaría describiendo a los
sacerdotes judíos como "supersticiosos y con temperamento de tiranos".
Este
es el primer templo de Jerusalén, también llamado templo de Salomón o
de Sión, construido en la explanada del monte Moria, en torno al año 960
AEC. Fue arrasado por los babilonios en el año 586 AEC, y reconstruido
setenta años más tarde por aquellos judíos que, liderados por Zorobabel,
Esdrás y Nehemías, regresaron de la deportación del llamado "cautiverio
babilonio". Se trata de una estructrura más bien modesta y, por
supuesto, siguiendo la tradición semítica fundamentalista, carecía de
imágenes o de representaciones de la figura humana: literalmente, el
judaísmo era una religión sin ídolos. El estilo del templo estaba en
sintonía con la tradición sirio-fenicia-cananea, considerada siniestra
por los romanos por admitir el sacrificio humano incluyendo el
infanticidio ritual de los primogénitos. Los cartagineses, quienes
habían sido aplastados por Roma en el transcurso de las guerras púnicas,
habían sido también herederos de esta tradición fenicia, asociada a la
presencia de haplogrupos J.
Pero
para ser un pueblo "bárbaro" y "tercermundista", despreciado y
considerado destinado a la esclavitud, los judíos tenían un altísimo
índice de alfabetización y, por su experiencia, se manejaban
extremadamente bien en los entornos urbanos, ya que de todo el mundo,
ellos eran el pueblo que llevaba más tiempo viviendo en condiciones
civilizadas. Había entre ellos, además, sin ningún tipo de duda, hombres
extremadamente inteligentes y astutos, buenos médicos, contables,
adivinos, comerciantes y escribas, y su radical monoteísmo, casi
sofisticado en su total ruptura con todo lo demás, los diferenciaba bien
de cualquier otro pueblo.
ANTISEMITISMO ROMANO: UN CONFLICTO ESPIRITUAL
Lo
que sucedió tras irrupción de las tropas romanas en Judea fue una
confrontación espiritual sin precedentes en la historia de la humanidad.
4 millones de judíos iban a compartir ahora fronteras con los otros 65
millones de súbditos del imperio romano.
Es
imposible escribir un artículo sobre este tema sin mencionar las citas
profundamente antijudías que escribieron grandes autores romanos de la
época. En ellos se percibe un verdadero conflicto entre dos sistemas de
valores exactamente opuestos el uno al otro. El choque entre la rigidez
romana y el dogmatismo del desierto provocó en Roma un auténtico
movimiento de rechazo al judaísmo. Si bien el antisemitismo se remonta a
los mismos orígenes de la judería, los romanos, herederos de los
griegos y de una disciplina militar superior, fueron sin duda, hasta
entonces, los que más hostilidad manifestaron hacia los judíos.
Cicerón (106-43
AEC), como veremos más adelante, condena hostilmente a la judería,
considerando que su mentalidad de trapicheo y cobardía es incompatible
con la mentalidad altruista de los mejores de Roma.
Horacio (65-8 AEC), en el Libro I de sus "Sátiras", se burla del shabato descanso sabático, mientras que Petronio (muere en 66 EC), en su "Satiricón", ridiculiza la circuncisión.
Plinio el Viejo (23-79 EC) en su "Historia Natural", habla sobre la "impiedad judía", y se refiere a "los judíos, muy conocidos por su desprecio a los dioses".
Séneca (4-65 EC) llamó a la judería "la nación más malvada, cuyo despilfarro de un séptimo de la vida [se refiere al Shabat] va
contra la utilidad de la misma… Esta gente perversísima ha llegado a
extender sus costumbres en el mundo entero; vencidos han dado leyes a
los vencedores".
Quintiliano (30-100
EC) dice en su "Institutio oratoria" que los judíos son un escarnio
para el resto de los hombres, y que su religión es la encarnación de la
superstición.
Marcial (40-105),
en sus "Epigramas", cree a los judíos seguidores de un culto cuya
verdadera naturaleza es secreta para esconderla a los ojos del resto del
mundo, y ataca la circuncisión, el Shabat (o Sábado, es decir,
no hacer nada el séptimo día de la semana, lo cual les daba prensa de
perezosos) y su abstinencia de la carne de cerdo.
Tácito (56-120),
el famoso historiador que elogió a los germanos, habló también sobre
los judíos, pero en términos muy distintos. Dice que descienden de
leprosos expulsados de Egipto y que bajo los asirios, medos y persas
fueron el pueblo más despreciado y humillado. Entre los términos con los
que califica a la judería, tenemos "perversa, abominable, cruel,
supersticiosa, ajena a toda ley de religión, malvada y facinerosa" entre
muchos otros:
Las
costumbres judías son tristes, sucias, viles y abominables, y si han
sobrevivido es gracias a su perversidad. De todos los pueblos
esclavizados, los judíos son los más despreciables y repugnantes...

Para los judíos es despreciable todo lo que para nosotros es sagrado, y para ellos es lícito lo que a nosotros nos repugna.

Los
judíos revelan un terco vínculo los unos con los otros, que contrasta
con su odio por el resto de la humanidad... Entre ellos, nada es lícito.
Los que abrazan su religión practican lo mismo, y lo primero que se les
enseña es a despreciar a los dioses, a olvidar el patriotismo y a
renegar de sus padres, hijos y hermanos.


("Historia", capítulos 4 y 5).
Los
judíos son una raza que odia a los dioses y al género humano. Sus leyes
están en oposición a las de los mortales. Desprecian lo que para
nosotros es sagrado. Sus leyes les incitan a cometer actos que nos
horrorizan.


Juvenal (55-130), en las "Sátiras", critica a los judíos por el Shabat, por
no adorar imágenes, por circuncidarse, por no comer carne de cerdo, por
ser escrupulosos con sus leyes mientras desprecian las de Roma, y que
sólo a los "iniciados" les revelan la verdadera naturaleza del judaísmo.
Además, culpa a los orientales en general y a los judíos en particular
por la degeneración del ambiente en la misma Roma.




Marco Aurelio
(121-180) pasó a través de Judea en su viaje a Egipto, siendo
sorprendido por los modos de la población judía local. Dirá que
"Encuentro a este pueblo peor que los marcómanos, los cuados y los
sármatas" ("Historias", Amiano Marcelino).
Estas
citas resumen cómo los romanos, pueblo indoeuropeo marcial, viril y
disciplinado, veían a la judería. Puede decirse que, hasta el triunfo de
los romanos, ningún pueblo había sido tan consciente del reto que
planteaba el judaísmo.
Todas
estas citas apuntan a un terco enfrentamiento ideológico además de
militar, en el que tanto Roma como Judea iban a pelarse la frente. Un
conflicto que influiría de manera descomunal en la Historia y que, por
tanto, no se puede ignorar bajo ningún pretexto. Este artículo pretende
dar una idea de lo que supuso el antiguo choque de Oriente contra
Occidente.
EL LEGADO HELENÍSTICO
Cuando los macedonios tomaron el poder [en Judea], el rey Antíoco procuró extirpar sus supersticiones e introducir los hábitos griegos para transformar a esa raza inferior.
(Tácito, "Historia")
Para
comprender los virulentos conflictos étnicos que se dieron durante la
dominación romana, es necesario retroceder unos años y colocarnos en la
época de la dominación macedonia, ya que los estratos sociales griegos
legados por la conquista de Alejandro Magno tuvieron mucho que ver en
los alzamientos de la judería y en el larguísimo historial de odios,
tensiones, represalias y contra-represalias que se sucedieron a partir
de entonces.
Cuando
Alejandro Magno se dirigía a conquistar Egipto, pasó por Judea, y la
comunidad judía, temerosa de que arrasase Jerusalén, hizo con los
macedonios lo que solía hacer siempre que venía un nuevo invasor
triunfante: traicionar a sus antiguos señores y acoger al invasor con
los brazos abiertos. Así, del mismo modo que habían traicionado a los
babilonios con los persas, traicionaron a los persas con los macedonios.
Agradecido, Alejandro les concedió amplios privilegios, por ejemplo, en
Alejandría los equiparó jurídicamente a la misma población griega. Este
punto es importante, porque el estatus legal de los judíos alejandrinos
(que llegarían a constituir casi la mitad de la población de la ciudad)
supuso después amargos recelos por parte de la comunidad griega,
desembocando en disturbios, que veremos después.
Cuando
Alejandro Magno murió en el año 323 AEC, dejó un vasto legado. Toda la
zona que había dominado, desde Egipto hasta Afganistán, recibió una
fuerte helenización, que produjo el periodo llamado helenístico, para
diferenciarlo del helénico clásico. Los generales macedonios, los
llamados diádocos, insensatamente, lucharon entre sí para establecer sus
propios imperios, y en este caso nos interesarán el imperio de los
ptolomeos (centrado en Egipto) y el de los seléucidas (centrado en
Siria), porque Israel quedaría entre ambos, pasaría a formar parte del
primero y finalmente, en 198 AEC, fue anexionado por los seléucidas.
Bajo
el paraguas de la protección alejandrina, los judíos se hallaban
extendidos no sólo en Palestina y Próximo Oriente, sino por toda Roma,
Grecia y Noráfrica. En estas zonas existían ya kahales judíos bien
organizados, ricos y poderosos, todos ellos conectados con Judea, el
núcleo del judaísmo. En la sociedad judía, algunos sectores sociales
absorberían la helenización, cosa que, con la fermentación de los
siglos, produjo un caldo de cultivo cosmopolita que desembocaría en el
nacimiento del cristianismo. Otros sectores judíos, los más
multitudinarios, se aferraron a su tradicional xenofobia y comenzaron a
reaccionar contra aquellos que, con Alejandro Magno a la cabeza, habían
recibido como salvadores. A pesar de que Próximo Oriente era un
hervidero de egipcios, sirios (también llamados caldeos o arameos, cuyo
idioma era lingua franca en la zona, siendo hablado de
forma regular por los judíos), árabes y otros, los judíos
tradicionalistas veían con sumo desagrado que Asia Menor y Alejandría se
estuviesen llenando de griegos que, naturalmente, eran paganos y, por
tanto, en el pensamiento judío, infieles, impíos e idólatras, como lo
habían sido los odiados egipcios, babilonios y persas antes que ellos. 
Con
el tiempo, al malestar de estos sectores de la judería, contrarios a
asimilar la cultura griega, se sumó una serie de medidas decretadas por
Antíoco IV Epífanes, el rey seléucida. El Diciembre del año 168 AEC,
Antíoco prohíbe literalmente el judaísmo, intentando extirpar el culto a
Yahvé, suprimiendo cualquier manifestación religiosa judía, colocando
la circuncisión fuera de la ley e incluso obligando a los judíos a comer
alimentos considerados religiosamente "impuros". Los griegos impusieron
un edicto por el cual un altar a los dioses griegos debería ser
edificado en cada ciudad de la zona, y se distribuirían oficiales
macedonios para que velaran por que en cada familia judía se adorara a
los dioses griegos. Aquí, los macedonios demostraron simplemente torpeza
y no conocer al pueblo judío. Según el Antiguo Testamento (2 Macabeos y
4 Macabeos), a quienes seguían siendo fieles a la ley mosaica, Antíoco
los hizo quemar vivos, y a los judíos ortodoxos que escaparon al
desierto los persiguió y masacró. Estas afirmaciones deberían ser
tomadas con cautela, pero lo que queda claro es que hubo una
represión anti-judía en general.
¿A
qué se debieron estas medidas? Debemos tener presente que el mundo
pagano era un mundo de tolerancia religiosa, en el que no se perseguían
las religiones así como así. Sin embargo, en el judaísmo, los soberanos
griegos debieron ver una doctrina política que tendría a volver a los
judíos subversivos contra los Estados paganos por los que eran
dominados, hostiles hacia los demás pueblos del planeta, y por lo tanto,
una amenaza. En este contexto, es posible que las primeras
manifestaciones de intransigencia religiosa, vinieran por parte de la
judería (entre otras cosas porque, como he dicho, los antiguos griegos
paganos nunca fueron religiosamente intransigentes ni intolerantes), y
que a los macedonios, que consideraban a sus dioses símbolos de su mismo
pueblo, esto no les hiciese mucha gracia.
El
caso es que ese año de 168 AEC, Antíoco sacrifica nada más y nada menos
que un cerdo en el altar del templo de Jerusalén, en homenaje a Zeus.
Este acto fue considerado una doble profanación, por un lado porque se
trataba de un cerdo (animal profano de los credos semíticos como el
judaísmo y el Islam), y por otro lado porque eso suponía el primer paso
de consagrar el templo entero al Zeus olímpico y de convertir Jerusalén
en ciudad griega.
Antíoco
IV Epífanes, rey seléucida y descendiente de Seleuco I Nicátor, quizás
el más brillante de los generales de Alejandro Magno. Según la tradición
judía, este rey macedonio, al profanar el altar del templo de Jerusalén
salpicándolo con sangre de cerdo, fue poseído por un demonio, el mismo
que poseerá al Anti-Mesías o el "príncipe que vendrá" del que se habla
en el Antiguo Testamento (Daniel, 9:26).
Este
acto sacrílego trajo una fuerte reacción por parte de los sectores
fundamentalistas de la judería. Los rabinos más celosos comenzaron a
predicar una especie de guerra santa contra la ocupación griega,
instando a los judíos a rebelarse, y cuando el primer judío decidió
tímidamente hacer una ofrenda al Zeus griego, un rabino, Matatías
Macabeo, lo asesinó. Los tumultos étnicos que siguieron, desembocaron en
el periodo conocido como guerras macabeas (años 167-141 AEC), de las
que se habla mucho en el Antiguo Testamento (Macabeos). Llevando al
cabo, con los hassidim (los "judíos piadosos", llamados también
jasidim o chasídicos) una guerra de guerrillas contra unas tropas
macedonias rodeadas por todos lados, los "macabeos" finalmente se
salvaron de ser arrollados cuando estalló una rebelión anti-griega en
Antioquía, y aplastaron la influencia de los judíos helenizantes. Judas
Macabeo, que sucedió a Matatías, renovando el ciclo de traición, incluso
llegaría a negociar con los romanos para asegurarse su apoyo. De hecho,
el Senado romano reconocería formalmente a la dinastía hasmonea en 139
AEC, sin sospechar los quebraderos de cabeza que esta remota tierra le
daría en un futuro cercano.
Judá
bajo la dinastía hasmonea. Posteriormente, bajo Herodes, Torre de
Strato se reconstruiría como Cesárea. No es objetivo de este artículo
tratar el periodo hasmoneo o asmoneo, pero baste decir que las guerras
macabeas, que coincidieron con la decadencia de los seléucidas, dieron
lugar a una etapa de autonomía y expansión judía bajo el reinado de la
dinastía hasmonea, que tuvo numerosas campañas interiores, guerras
fraticidas y lucha entre facciones religiosas, y que duró hasta la
irrupción romana en el año 63 AEC. 
Durante
esta época, además de los judíos helenizados, se configurarían otras
dos importantes facciones judías, también en amarga disputa: por un
lado, los fariseos, un sector integrista que contaba con el apoyo de las multitudes, y por otro, los saduceos,
un grupo de sacerdotes más "progresistas", más "burgueses", en mejores
tratos con griegos, y que en el futuro serían víctimas de la "revolución
cultural" que contra ellos llevaron al cabo los fariseos tras la caída
de la judería en manos de Roma. Sus escritos fueron destruidos por los
romanos, de modo que la visión que tenemos hoy del panorama es más bien
gracias a los fariseos, de los cuales saldrían los linajes de rabinos
ortodoxos que completarían el Talmud. La dinastía hasmonea, a pesar de
numerosos vaivenes y cambios, sería esencialmente pro-saducea.


EL ANTISEMITISMO GRIEGO
Aquí
tiene especial relevancia la escuela alejandrina, que, por tener la más
importante población judía (casi la mitad de la total), tuvo también la
más importante tradición "antisemita" (entrecomillo porque los sirios,
los babilonios y los árabes eran semitas y los alejandrinos no tenían
nada en contra de ellos). Como una importante parte de la historia judía
había tenido lugar en Egipto, estos escritores egipcios helenizados la
atacaron duramente. Además los griegos de Próximo Oriente llevaban ya
tiempo conviviendo malamente con los judíos, y durante dicho tiempo se
había desarrollado una verdadera animadversión entre ambos pueblos.
Hecateo de Abdera (en
torno a 320 AEC, no era alejandrino), fue probablemente el primer
pagano que escribió sobre la historia judía, y no lo hizo en buenos
términos:
Debido
a una plaga, los egipcios los expulsaron... La mayoría huyó a la Judea
inhabitada, y su líder Moisés estableció un culto diferente de todos los
demás. Los judíos adoptaron una vida misantrópica e inhospitalaria.


Manetón (Siglo
III AEC), sacerdote e historiador egipcio, en su "Historia de Egipto"
(la primera vez que alguien escribía la historia de Egipto en griego),
dice que, en la época del rey Amenofis, los judíos partieron de
Heliópolis con una colonia de leprosos al mando de un sacerdote de
Osiris renegado llamado Osarsif, a quien él identifica con Moisés, que
les habría enseñado costumbres contrarias a las de los egipcios, que les
ordenó no relacionarse con el resto de pueblos y que hizo incendiar y
saquear numerosos poblados egipcios del valle del Nilo antes de
abandonar Egipto en dirección a Asia Menor. Los posteriores estoicos
Posidonio de Apamea (filósofo e historiador, 135-51 AEC) y Cheremón
(preceptor del emperador Nerón, también llamado Ceremón), complementaron
lo dicho por Manetón.
Mnaseas de Patara (Siglo
III AEC), discípulo de Erastótenes, fue el primero en decir algo que
posteriormente sería recurrente en el antisemitismo griego y también en
el romano: que los judíos, en el templo de Jerusalem, adoraban una
cabeza de burro de oro (a esto se le llama "onología").
Lisímaco de Alejandría (época
desconocida) dijo que Moisés fue una especie de mago negro y un
impostor, que sus leyes, equivalentes a las registradas en el Talmud,
eran inmorales, y que los judíos eran enfermos:  
Los
judíos, enfermos de lepra y de escorbuto, se refugiaron en los templos,
hasta que el rey Bojeris ahogó a los leprosos y mandó los otros cien
mil a perecer en el desierto. Un tal Moisés los guió y los intruyó para
que no mostraran buena voluntad hacia ninguna persona y destruyeran
todos los templos que encontraran. Llegaron a Judea y construyeron
Hierosyla (ciudad de los saqueadores de templos).


Agatárquides de Cnido (181-146 AEC), en "Historia de Asia", se mofa de la ley mosaica y de sus prácticas especialmente el descanso sabático.
Posidonio de Apamea (135-51 AEC) dice que los judíos son "un pueblo impío, odiado por los dioses".
Posidonio de Apamea, llamado "el Atleta".

Apolonio Molón (hacia
70 AEC), de Creta, gramático, retórico, orador y maestro de César y de
Cicerón en una academia de Rodas, en el Siglo I AEC, dedicó un trabajo
entero a la judería, tachándolos de ateos disfrazados de monoteístas
(quizás porque no podía concebir una religión sin ídolos) y de
misántropos.

Son
los peores de entre los bárbaros, carecen de cualquier talento
creativo, no han hecho nada por el bien de la humanidad, no creen en
ningún dios... Moisés fue un impostor.


Diódoro Sículo (hacia 50 AEC) historiador griego de Sicilia, dice en "Biblioteca histórica":
Los
judíos trataban a las otras gentes como enemigos e inferiores. La
"usura" es su práctica de prestar dinero con excesivas tasas de interés.
Esto ha causado durante siglos la miseria y la pobreza de los gentiles,
y ha supuesto una fuerte condena para los judíos.




Ya
los consejeros del rey Antíoco le decían que exterminara a la nación
judía por completo, porque los judíos como único pueblo en el mundo se
resistieron a mezclarse con otras naciones. Juzgaron a todas las otras
naciones como sus enemigas y pasaron esa enemistad como herencia a las
generaciones futuras. Sus libros santos contienen reglas aberrantes e
inscripciones hostiles a toda la humanidad.


Estrabón (64
AEC-25 EC), geógrafo griego, en su "Geografía", admira la figura de
Moisés, pero piensa que los posteriores sacerdotes tergiversaron su
historia e impusieron sobre los judíos un estilo de vida antinatural. En
esta cita queda claro que los judíos, ya en la época, constituían una
poderosa mafia internacional.
Los
judíos han penetrado en todos los países, por lo que es difícil
encontrar algún lugar del mundo en el que su tribu no haya entrado y
donde no estén poderosamente establecidos.


Damócrito, Siglo I AEC: "Cada siete años toman un no-judío y lo asesinan en el templo..." Quizás
aquí comenzó a extenderse la acusación más grave contra la judería, es
decir, que sacrificaban no-judíos a Yahvé. Esta acusación, llamada
"libelo de sangre", fue recurrente durante la Edad Media tanto en Europa
como en Asia, y también posteriormente en la Alemania nazi. 
Apión,
escritor egipcio y principal promotor del pogromo de Alejandría del año
38 EC, que culminó en una masacre de 50.000 judíos a manos de los
militares romanos. Dijo que los judíos estaban obligados por un pacto
mutuo a no ayudar jamás a ningún extranjero, especialmente si era
griego.
Los
principios del judaísmo obligan a odiar al resto de la humanidad. Una
vez por año toman un no judío, lo asesinan y prueban de sus entrañas,
jurándose durante la comida que odiarán a la nación de la que provenía
la víctima. En el Sacta Sanctorum del templo sagrado de Jerusalén hay
una cabeza de asno dorado que los judíos idolatran. El Shabat se originó
porque una dolencia pélvica que los judíos contrajeron al huir de
Egipto, los obligaba a descansar el séptimo día.


Plutarco (50-120)
fue iniciado en los misterios de Apolo en Queronea, y ejerció como
sacerdote en el santuario de Delfos. Es una de las fuentes de
información predilectas sobre el estilo de vida de Esparta. Dice en sus
"Charlas de sobremesa" que los judíos ni matan ni comen al cerdo o al
burro porque los adoran religiosamente, y que en elShabat, se emborrachan.
Filóstrato, sofista del Siglo II:
Los
judíos son un pueblo que se ha alzado contra la humanidad misma... han
hecho su vida aparte e irreconciliable, y no pueden compartir con el
resto de la humanidad los placeres de la mesa, ni unirse a sus
libaciones o rezos o sacrificios... están separados de nosotros por un
golfo mayor que el que nos separa de las más lejanas Indias.


Filón de Biblos (64-141),
fenicio helenizado que escribió sobre la historia fenicia, la religión
fenicia y los judíos, habla de sacrificios humanos de los primogénitos
(recuérdese el pasaje de Abraham y su hijo Isaac).
Celso es
un filósofo griego del Siglo II, especialmente conocido por su
"Discurso verdadero contra los cristianos", en el que ataca al
cristianismo y también al judaísmo, que en un principio iba asociado con
él. San Orígenes de Alejandría (185-254), un "padre de la Iglesia" que
se había cortado los testículos inspirándose en un versículo del
Evangelio de Mateo, acabaría escribiendo un "Contra Celso". Celso
escribe: "Los judíos son
fugitivos de Egipto que nunca han realizado nada de valor y nunca se los
tuvo en estima o tuvieron buena reputación".
 
LA CONQUISTA DE POMPEYO
Este apartado tratará sobre la primera intervención directa de la autoridad romana sobre suelo judío.
En
Israel, a la muerte de Alejandro Janeo (rey de la dinastía hamonea,
descendiente de los macabeos) en 76 AEC, su mujer Salomé Alexandra reinó
como sucesora suya. A diferencia de su marido —que, como buen
pro-saduceo, había reprimido duramente a los fariseos—, Salomé se
entendió bien con la facción farisea. Cuando ella murió, sus dos hijos,
Hircano II (asociado a los fariseos y apoyado por el sheikh árabe Aretas
de Petra) y Aristóbulo II (apoyado por los saduceos) guerreraron por el
poder. En 63 AEC, ambos hasmoneos pidieron apoyo al caudillo romano
Pompeyo, cuyas legiones victoriosas estaban ya en Damasco tras haber
depuesto al último rey macedonio de Siria (el seléucida Antígono XIII
Asiático) y se proponían ahora conquistar Fenicia y Judea, quizás para
incorporarlas a la nueva provincia romana de Siria. Pompeyo, quien
recibió dinero de ambas facciones, se decidió finalmente a favor de
Hircano II —quizás porque los fariseos representaban la masa popular
mayoritaria de Judea. Aristóbulo II, negándose a aceptar la decisión del
general, se atrincheró en Jerusalén con sus hombres.
Los
romanos, por tanto, asediaron la capital. Aristóbulo II y sus
seguidores aguantaron tres meses, mientras los sacerdotes saduceos, en
el templo, rezaban y ofrecían sacrificios a Yahvé. Aprovechando que en
el Shabat los judíos no combatían, los romanos minaron las
murallas de Jerusalén, tras lo cual penetraron rápidamente en la ciudad,
capturando a Aristóbulo y matando a 12.000 judíos. [1]
El
mismísimo Pompeyo entró en el templo de Jerusalén, curioso por ver al
dios de los judíos. Acostumbrado a ver numerosos templos de muchos
pueblos distintos, y educado en la mentalidad europea según la cual un
dios debía representarse con forma humana para recibir el culto de los
mortales, parpadeó perplejo cuando no vio ninguna estatua, ningún
relieve, ningún ídolo, ninguna imagen… sólo un candelabro, vasijas, una
mesa de oro, dos mil talentos de "dinero sagrado", especias y montañas
de rollos de la Torá. [2] ¿Acaso no tenían dios? ¿Eran
ateos los judíos? ¿Rendían culto a la nada? ¿Al dinero? ¿Al oro? ¿A un
simple libro, como si el alma, los sentimientos y la voluntad de un
pueblo dependiesen de un rollo de papel inerte? La confusión del
general, según relata Flavio Josefo, debió ser mayúscula. El romano se
había topado con un dios abstracto.
Para
la mentalidad judía, Pompeyo cometió un sacrilegio, pues penetró el
recinto más sagrado del templo, que sólo el sumo sacerdote podía ver.
Además, los legionarios hicieron un sacrificio a sus estandartes,
"contaminando" de nuevo la zona.
Tras
la caída de Jerusalén, todo el territorio conquistado por la dinastía
hasmonea o macabea fue anexionada por el Imperio Romano. Hircano II
quedó como rey cliente de Roma bajo el título de "etnarca" (algo así
como "jefe nacional"), dominando todo lo que Roma no se anexionó, es
decir, los territorios de Galilea y Judea, que en adelante tributarían a
Roma pero conservarían su independencia. También fue hecho sumo
sacerdote, pero en la práctica, el poder de Judea fue a parar a manos de
Antipater de Idumea, como recompensa por haber ayudado a los romanos.
Pompeyo
anexionó a Roma las zonas más helenizadas del territorio judío,
mientras que Hircano quedó como rey cliente de Roma hasta su muerte.
Bajo
el punto de vista étnico y cultural, la conquista romana presagiaba
nuevos y profundos cambios en esa zona tan conflictiva que es Próximo
Oriente. Primeramente, a los estratos étnicos judío, sirio, árabe y
griego, se iba a sumar ahora una aristocracia romana ocupadora de
carácter militar. Para los griegos, esto era un motivo de alegría: la
decadencia del Imperio Seléucida les había dejado de lado, y además
tenían a Roma literalmente en el bolsillo, puesto que los romanos
sentían una profunda y sincera admiración por la cultura helenística,
sin contar que muchos de sus emperadores tuvieron una educación griega
que los predisponía a ser especialmente indulgentes con las colonias
macedonias. Además, en Alejandría, era de esperar que, en vista de los
disturbios con la judería, los romanos arrebatasen a los judíos los
derechos que Alejandro Magno les había concedido, con lo cual dejarían
de ser ciudadanos en pie de igualdad con los griegos, y la influencia
que ejercían a través del comercio y de la acumulación de dinero, se
vería arrancada. Por estas razones, no es de extrañar que la Decápolis
(conjunto de ciudades helenizadas en las fronteras del desierto que
además conservarían bastante autonomía, y entre las cuales se encontraba
Filadelfia, la actual capital de Jordania, Amán), rodeada de tribus
sirias, judías y árabes consideradas bárbaras, recibiese a los romanos
con los brazos abiertos y empezase a contar los años desde la conquista
de Pompeyo.
En
62-61 AEC, el procónsul Lucio Valerio Flaco (hijo del cónsul del mismo
nombre y hermano del cónsul Cayo Valerio Flaco) confiscó el tributo de
"dinero sagrado" que mandaban los judíos al templo de Jerusalén. Cuando
esto sucedió, los judíos de Roma levantaron al populacho contra Flaco.
El conocido patriota romano Cicerón defendió a Flaco contra el acusador
D. Laelio (un tribuno de la plebe que posteriormente apoyaría a Pompeyo
contra Julio César) y se refirió a los judíos de Roma en unas frases de
59 AEC, que quedaron plasmadas en su "Pro Flacco", XVIII:
Llegamos
ahora al asunto del oro de los judíos y esa imputación tan odiosa. Es
por causa de esta concreta acusación por lo que habéis buscado este
local, Laelius, y esta muchedumbre de judíos que nos rodean. Conocéis su
número, su unión y su poder en nuestras asambleas. Hablaré bajo para no
ser oido sino por los jueces. Como no faltan individuos entre esos que
actúan contra mí y contra los mejores ciudadanos que protegéis, no
quiero proveer aquí de nuevas armas a su maldad. Había sabiduría en
acabar con una bárbara superstición, y firmeza en barrer, por el bien de
la República, a esta multitud de judíos que turban nuestras asambleas.


Cicerón. Consideraba que la usura era la más despreciable de las ocupaciones.
De
estas frases podemos deducir que ya en el Siglo I AEC, los judíos tenían
gran poder político en la mismísima Roma, y que tenían una importante
capacidad de movilización social en contra de sus adversarios políticos,
que bajaban la voz por miedo: la presión de los lobbies.
Hacia 55 AEC, la República, que, demasiado grande y militarizada, está pidiendo una nueva forma de gobierno, está gobernada de facto por el llamado Triunvirato —una alianza de tres grandes mandos militares: Marco Licinio Craso (el que aplastó la revuelta de Espartaco en el año 74 AEC), Cneo Pompeyo Magno (el conquistador de Siria) y Cayo Julio César (conquistador de la Galia). En 54 AEC, Craso, entonces
gobernador romano de la provincia de Siria, mientras pasa el invierno
en Judea, decreta sobre la población un "impuesto de guerra" para
financiar su ejército, y además saquea el templo de Jerusalén, robando
sus tesoros (por valor de diez mil talentos) y causando un enorme
revuelo en la judería. Craso y la inmensa mayor parte de su ejército
serían masacrados por los partos en la desafortunada batalla de Carras
del año 53 AEC. [3]
Marco Licinio Craso.
Lucio Casio Longino,
uno de los mandos de Craso que había logrado escapar de la masacre de
Carras con sus 500 jinetes, volvió a Siria para prepararse para un
contraataque parto y reestablecer el hundido prestigio romano en la
provincia. Tras expulsar a los partos, Casio tuvo que hacer frente a una
rebelión de la judería, que se había alzado en cuanto supo que el
odiado Craso había sido muerto. Se alió con Antípater y con Hircano II
y, tras tomar Tariquea y hacer ejecutar a Pitolao (uno de los cabecillas
de la rebelión, que se había entendido con Aristóbulo), Casio capturó a
30.000 judíos y, en el año 52 AEC, los vendió como esclavos en Roma.
Puede decirse que éste es el verdadero comienzo de la subversión en el
seno de la Roma misma, ya que estos 30.000 judíos, liberados luego por
Marco Antonio, y sus descendientes, dispersados por el Imperio, no
cesarían en adelante de promover la agitación en contra de la odiada
autoridad romana, y tendrían un importante papel en la construcción de
las catacumbas y sinagogas subterráneas, que fueron posteriormente el
primer ámbito de predicación del cristianismo. Casio sería
posteriormente designado gobernador de Siria.


La
situación del Imperio Romano en el año 50 AEC. César ha conquistado las
Galias, Pompeyo ha conquistado Siria y Fenicia. Judea, en el extremo
sureste del Imperio, es un territorio que tributa a Roma y se halla bajo
la órbita romana, a pesar de conservar su autonomía.
En
el 49 AEC, muerto Craso y roto por tanto el Triunvirato, estalla la
guerra civil entre Pompeyo y César, uno de los cuales, inevitablemente,
iba a erigirse en dictador autocrático del Imperio entero. Hircano II y
Antipater decidieron tomar partido por César, pero éste puso a Antipater
de regente. Julio César no tardaría en hacerse dueño de la situación, y
Pompeyo fue asesinado en Egipto por conspiradores.
Rivales,
pero no enemigos: los generales Pompeyo el Grande (izquierda) y Julio
César (derecha). El honor que mediaba ante ambos quedó patente cuando el
mismo César, lamentando el modo sucio y traicionero en que se asesinó a
Pompeyo en Egipto, hizo ejecutar a sus asesinos, erigiendo después un
templo para honrar a su respetado adversario.
En
48 AEC, mientras las flotas romana y ptolemaica estaban enzarzadas en
una batalla naval, tuvo lugar un acontecimiento destinado a tensar aun
más las relaciones entre judíos, griegos y egipcios: el incendio de la
biblioteca de Alejandría. Puesto de un modo sencillo, de todos los
grupos étnicos que había en la ciudad, ninguno podía tener nada en
contra de la biblioteca. Los griegos la habían fundado, los egipcios
habían contribuido mucho en ella, y los romanos admiraban sinceramente
este legado helenístico. Los judíos, sin embargo, veían en la biblioteca
un cúmulo de sabiduría "profana" y "pagana", de modo que si hubo un
grupo sospechoso de la primera quema de la biblioteca, por lógica era la
judería, o los sectores más ortodoxos y fundamentalistas de la misma.
Al menos así debieron pensar los habitantes de Alejandría.
Este
mismo año de 43 AEC, los partos, pueblo iraní que luchaba contra Roma
en aquella época, irrumpieron en la zona, conquistando Judea.
Instauraron a Antígono II, el último hasmoneo, como rey de Judea, en
calidad de marioneta de los partos, mientras que a Hircano II le
cortaron las orejas (para ser sumo sacerdote uno no podía tener
imperfecciones físicas) y lo mandaron a Babilonia cargado de cadenas.
Así pues, los judíos volvían a caer bajo el dominio de un pueblo
iraní. Pero la situación fue breve. Marco Antonio, cuyo ejército estaba
apoyado por la reina de Egipto, Cleopatra (descendiente del macedonio
Ptolomeo Sóter, general de Alejandro Magno), reconquistó Jerusalén en el
37 AEC, instaurando como marioneta de Roma al rey Herodes, antes de
emprender una campaña contra el Imperio Parto. Antígono II fue hecho
ejecutar (crucificado según Dión Casio, decapitado según Plutarco) por
orden de Marco Antonio.
En
31 AEC, año de un fuerte terremoto en Israel que mata a 30.000 personas,
Cleopatra y Marco Antonio se suicidan ante su caída en desgracia. Un
año después, Herodes, quien ha jurado lealtad a Octavio Augusto (alias
César Augusto), es reconocido por éste como rey (títere de Roma, claro
está) de Israel.
La
historia de Cleopatra y Marco Antonio no ha dejado nunca de alimentar
la imaginación de generaciones enteras. Compinchados en una trama contra
Octavio Augusto, que los venció, ambos se suicidaron.
Flavio
Josefo menciona durante el reinado de Augusto una querella judicial en
la que 8.000 judíos apoyaron a una de las partes. Estos judíos debían
ser todos varones adultos, y puesto que una familia nuclear solía ser de
4 ó 5 personas, podemos concluir que en la época de Augusto había en
Roma ciudad quizás en torno a 35.000 judíos.
HERODES EL GRANDE
Como
hemos visto, César Octavio Augusto, sucesor de Julio César a la cabeza
del Imperio Romano, nombró a Herodes, hijo de Antipater, como rey de
Judea, y financió su ejército con dinero romano. Herodes era un líder
capaz, brutal, competente y sin escrúpulos (se cargó a prácticamente
toda su familia), además de excelente guerrero, cazador y arquero.
Expulsó a los partos de Judea, protegió Jerusalén del pillaje, persiguió
a los bandidos y salteadores de caminos e hizo ejecutar también a los
judíos que habían apoyado el régimen marioneta de los partos,
consolidándose en 37 AEC como rey de Judea.
Aunque
es retratado por la historia como un rey despiadado, cruel y egoísta,
la realidad es que, por duro que pudiese ser, como soberano fue de los
mejores que esa tierra jamás tuvo. Incluso en el año 25 AEC, sacrificó
importantes riquezas personales para importar grandes cantidades de
grano de Egipto, con el objetivo de luchar contra una hambruna que
estaba extendiendo la miseria por su país. A pesar de ello y de todo lo
que hizo por Israel, Herodes es contemplado con antipatía por los
judíos, por haber sido un soberano pro-romano, pro-griego y, sobre todo,
porque se cuestionaba su judeidad: Herodes descendía por parte paterna
de Antipater (el que apoyó a Casio), quien a su vez descendía de idumeos
(o edomitas) forzados a convertirse al judaísmo cuando Juan Hircano, un
rey hasmoneo, conquistó Idumea (o Edom) en torno al 135 AEC. Por parte
materna descendía de árabes, cuando la transmisión de la condición de
judío era matrilineal. Por ello, aunque Herodes se identificaba como un
judío y era considerado judío por la mayoría de autoridades, las masas
del pueblo judío, especialmente las más ortodoxas, desconfiaron
sistemáticamente del rey, especialmente en vista del opulento y lujoso
tren de vida que impuso en su corte, y guardaron por él un desprecio
quizás comparable al que los españoles del Siglo XVI sentían por los
marranos o judíos conversos al cristianismo. Por su educación y sus
inclinaciones grecorromanas, lo más probable es que este rey se sintiese
poco judío, aunque sin duda quería contentar a la judería y ser un
soberano eficaz por la cuenta que le traía. Más racional que sus
súbditos fundamentalistas, comprendió que enfurecer a Roma no era buen
negocio.
Herodes
le dio a Israel un esplendor que no había conocido jamás, ni siquiera
bajo David o Salomón. Embelleció Jerusalén con arquitectura y escultura
helenísticas, llevó al cabo un ambicioso programa de obras públicas y en
19 AEC demolió y reconstruyó el mismo templo de Jerusalem, por
considerarlo demasiado pequeño y mediocre. Esto enfureció a los judíos,
que odiaban a Herodes por ser un protegido de los romanos, a los que
odiaban con más cordialidad aun. Sin duda los sectores más ortodoxos de
la judería estaban contentos con el templo tal y como estaba, y debieron
ver mal su conversión en un edificio de aspecto más romano
(especialmente cuando el rey ordenó decorar la entrada con un águila
imperial dorada). [4]
Este
mapa del reinado de Herodes da una idea acerca de la magnitud de sus
obras. Destacan la construcción de Cesárea, Séforis (cerca de Nazaret) y
las fortalezas de Masada (frente al Mar Muerto) y Herodión (cerca de
Belén), así como la reconstrucción de Samaria con el nombre de Sebaste,
en un claro gesto de peloteo al emperador (Sebastos es
Augusto en griego). También construyó puentes, acueductos y otras
novedades de origen romano. Para financiar todo esto, elevó los
impuestos, lo cual lo hizo antipático a los ojos del pueblo judío,
reacio a apreciar cómo estaba mejorando su país.
Herodes
se veía continuamente envuelto en conspiraciones por parte de su
familia, gran parte de la cual (incluyendo su propia mujer y dos de sus
hijos) fue ejecutada a instancias suyas. Según fue madurando, la
enfermedad se fue apoderando del soberano, que sufría de úlceras y
convulsiones. Murió en 4 AEC, a la edad de 69 años. Con el tiempo se
llegó a decir que había "ascendido al trono como un zorro, regido como
un tigre y muerto como un perro".  
El
primer templo de Jerusalén era un edificio bastante cutre, como hemos
visto al principio. El segundo, similar al primero, fue construido bajo
protección del emperador persa Ciro el Grande en 515 AEC. [5] En
el año 19 AEC, Herodes se propuso renovarlo y engrandecerlo, para lo
cual demolió el templo, erigiendo, bajo protección romana, uno nuevo
mucho más grandioso, aunque siguió llamándose "segundo templo" (templo
de Herodes para matizar). Aunque la judería aborrecería a Herodes, lo
cierto es que él le dio al templo un tamaño y un esplendor que ni
Salomón ni Zorobabel hubieran podido ni imaginar.
Ese
mismo año de 4 AEC, dos judíos fariseos llamados Zadok (o Sadoq) y
Judas el Galileo (llamado también Juan de Gamala) hicieron un
llamamiento para no pagar tributo a Roma. Hubo un levantamiento fariseo,
y los rabinos ordenaron destruir la imagen "idólatra" del águila
imperial que Herodes había colocado a la entrada del templo de
Jerusalén. Herodes Arquelao (el hijo de Herodes) y Varo (caudillo
romano) sofocaron la revuelta duramente, e hicieron crucificar a casi
3.000 judíos. Se piensa que quizás esta primera revuelta es el origen
del movimiento zelote, del que hablaremos enseguida. Arquelao, a pesar
de haber sido proclamado rey por su ejército, no asume el título hasta
que, en Roma, tras haberle presentado sus respetos a César Augusto, es
hecho etnarca de Judea, Samaria e Idumea, a despecho de los judíos
romanos, que lo temían por la crueldad con la que había reprimido el
levantamiento fariseo.
Arquelao
es mencionado en el Evangelio de Mateo, puesto que Yosef, Miriam y
Yahsuah (conocidos como José, María y Jesús) habían escapado a Egipto
para evitar la Masacre de los Inocentes (supuestamente, Herodes Arquelao
ordenó ese año la ejecución de todos los primogénitos de Belén, ya que
se había profetizado que un nacido en Belén se declararía Mesías de los
judíos), y tenían miedo de volver a Judea cuando supieron que Arquelao
había sucedido a su padre.
El
Imperio Romano el año del nacimiento de Jesucristo. Herodes Arquelao es
el soberano de Judea, en realidad títere de Roma. Cinco años después,
Judea pasaría a ser una provincia romana. Roma ciudad tiene 1,3 millones
de habitantes, de los que más de la mitad son esclavos.
En
el año 6 EC, tras las quejas de los judíos, Augusto destituye a
Arquelao, mandándolo a la Galia. Samaria, Judea e Idumea son anexionadas
formalmente como provincia del Imperio Romano, con el nombre de Judea.
Los judíos pasan a ser gobernados por "procuradores" romanos, una suerte
de gobernadores que debían mantener la paz, romanizar la zona y ejercer
la política fiscal de Roma cobrando impuestos. También se arrogaban el
derecho de nombrar al sumo sacerdote de su elección.
Los
judíos odiaban a los reyes títeres a pesar de que impusieron orden,
desarrollaron la zona y, en suma civilizaron el país. Paradójicamente,
desde el principio, la judería también se muestra altamente hostil a los
romanos, cuya intervención había prácticamente suplicado. Ahora, además
del tributo al templo, tenían que pagar también tributo al César —y,
por tradición, el dinero no era algo que los judíos prodigasen
alegremente. Ese mismo año 6, el cónsul Quirino llega a Siria para hacer
un censo en el nombre de Roma, con el objetivo de establecer los
impuestos. Puesto que Judea había sido anexionada a Siria, Quirino
incluye a los judíos en el censo. A consecuencia de esto y de la nueva
irrupción de cultura europea en la zona, floreció el movimiento
terrorista fundamentalista de los zelotes. Flavio
Josefo considera a los zelotes como la cuarta secta judía además de (de
menor a mayor extremismo religioso) los esenios, los saduceos y los
fariseos. Los zelotes eran los más integristas de todos, se negaban a
pagar impuestos al Imperio Romano y, para ellos, todas las demás
facciones judías eran heréticas; cualquier judío que colaborase
mínimamente con las autoridades romanas era culpable de traición y debía
ser ejecutado. La lucha armada, la militarización del pueblo judío y la
expulsión de los romanos, eran el único camino para lograr la redención
de Sión. El apóstol Simón, uno de los discípulos de Jesucristo,
pertenecía a esta facción según la Biblia (Nuevo Testamento, Evangelio
de Lucas, 6:15).
Dentro de los zelotes se distinguieron los sicarii o sicarios,
una facción aun más fanatizada, sectaria y radicalizada, llamados así
por la sica, un puñal que podía ocultarse fácilmente, y que utilizaban
para asesinar a sus enemigos. Los zelotes y los sicarios conformarían el
núcleo duro de la Gran Revuelta Judía, que veremos en otro artículo.
También fueron el elemento más activo del judaísmo de la época, ya que,
por aquel entonces, es probable que la mayor parte de la judería,
aunque detestaba cordialmente tanto a griegos como a romanos, quisiera
simplemente vivir y enriquecerse en paz, pactando con quien hiciese
falta para ello.
Como
no podía ser de otra manera, los sicarios y los zelotes también se
peleaban a menudo. Y es que había un total de 24 facciones judías que
generalmente luchaban unas contra las otras, en un marco muy
representativo de lo que los rabinos denominaban sinat chinam (es decir, "odio sin sentido", de judío contra judío —quizás porque ya se sabe que odiar a los no-judíos sí que tiene sentido)
 y que acaso ha quedado mejor caricaturizado en la película "La vida de Brian".
En
el año 19, estando la judería en proceso de trepar para adquirir
influencia en la misma Roma, Tiberio expulsa a los judíos de la ciudad,
instigado por Senado. Preocupado por la popularidad del judaísmo entre
los esclavos libertos, prohíbe los ritos judíos en la capital del
Imperio, considerando a la judería como "un peligro para Roma" e
"indigna de permanecer entre los muros de la Urbs" (según Suetonio). Ese
año, con motivo de una hambruna en la provincia de Egipto, Tiberio les
niega a los judíos alejandrinos reservas de grano, ya que no los
considera ciudadanos suyos.
Tiberio puso en marcha medidas antijudías en su reinado, durante el cual fue ejecutado Jesucristo.
  
  
SOBRE JESUCRISTO Y EL NACIMIENTO DEL CRISTIANISMO
  
Te pondré como luz de los gentiles para que seas mi salvación
(Biblia, Nuevo Testamento, Evangelio de Lucas, 2:3).
Vosotros adoráis lo que no sabéis, nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación proviene de los judíos.
(Biblia, Nuevo Testamento, Evangelio de San Juan, 4:22).
  
Porque de ti, Belén, saldrá el que apacentará a mi pueblo de Israel.
(Biblia, Nuevo Testamento, Evangelio de Mateo, 2:6).
Chrestus,
el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado
de Tiberio, a mano de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato, y la
perniciosa superstición se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo,
no solamente en Judea, la raíz de la enfermedad, sino en la misma Roma.
(Tácito, Anales, Libro 15, 44, a propósito de la persecución anti-judeocristiana decretada por el emperador Nerón).
  
Hemos
visto en el apartado anterior la escapada de unos tales Yosef y Miriam
con su hijo Yahsuah para escapar de la matanza ordenada por Herodes
Arquelao. ¿Quiénes eran estas gentes? Yosef (alias José), el padre, era
un judío de la Casa de David, pero puesto que Yosef supuestamente no
intervino en el embarazo de la Virgen, pasaremos a examinar el linaje de
Miriam (alias María). Según el Evangelio de Lucas [6] (1:5,36),
esta mujer era de la familia de David y de la tribu de Judá, y el ángel
que se le apareció le vaticinó que le nacería un hijo a quien Jehová
"le dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob".
Jesús nace finalmente en Bethlehem (Belén). En el Evangelio de Mateo [7] (1:1)
es asociado a Abraham y a David, y en ese mismo evangelio (21:9), se
describe cómo las muchedumbres judías de Jerusalén aclaman a Jesús
gritando "¡Hosanna al Hijo de David!", sin mencionar, claro está, a los
"magos de Oriente" que visitaron al Mesías siguiendo una estrella y
preguntando "¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?" (Mateo,
2:1-2).
  
Jesús,
quien nunca pretendió fundar una nueva religión sino preservar puro el
judaísmo ortodoxo, dejó claro que "No he venido a abrogar la Ley (de
Moisés, la Torá) sino a cumplirla" y, enfurecido al ver que el templo de
Jerusalén estaba siendo profanado por mercaderes, los echó a golpes.
Este agitador judío, cual ayatolá, no dudó en enfrentarse —con la
autoridad que le daba el ser llamado rabí— al resto de
facciones judías de su tiempo, especialmente a los fariseos ("ay de
vosotros, escribas y fariseos"), diciendo que "el que no está conmigo,
está contra mí" (Evangelio de Lucas, 14:23). Jesús se rodeó de un
círculo de discípulos entre los que podríamos destacar al mencionado
Simón el Zelote, a Bartolomé Nathanael (de quien dice el mismísimo
Jesucristo en el Evangelio de Juan, 1:47, "he aquí a un verdadero
israelita"), el mencionado Mateo (ver nota 7), Judas Iscariote (quien
lo traicionó a los fariseos por dinero) y, aunque de los demás no hay
tantas señas, es preciso recordar que, hasta el viaje de San Pablo
(también judío) tiempo después de la muerte de Jesús, para ser cristiano
era imprescindible ser judío circuncidado, ortodoxo y observante. Que
la doctrina de Jesús estaba dirigida a los judíos, queda de manifiesto
en el Evangelio de Mateo, 9, cuando les dice a los 12 apóstoles: "no
vayáis por camino de gentiles, sino sólo id a las ovejas perdidas de
Israel". La frase implica volver a recoger en el regazo ortodoxo a
aquellos judíos que se han extraviado de la Ley de Moisés —y es que "si
creyerais en Moisés me creeríais a mí" (Evangelio de San Juan, 5:46).
  
En
el año 26, Tiberio, que había expulsado a los judíos de Roma siete años
antes y se hallaba en plena época antisemita de su reinado, nombra como
procurador de Judea a Poncio Pilato (un hispano nacido en Tarragona o en
Astorga, y el único personaje decente del Nuevo Testamento según
Nietzsche). Tras el incidente con los estandartes de Pompeyo, los judíos
habían conseguido de anteriores emperadores que no entrasen en
Jerusalén con los estandartes desplegados, pero Pilato entra desfilando
en la ciudad, ostentando bien altos los estandartes con la imagen del
emperador. Esto, los escudos de oro puestos en la residencia del
gobernador, y la utilización del dinero del templo para construir un
acueducto para Jerusalén (que transportaba agua desde una distancia de
40 km), provocó una airada reacción judía. Para reprimir la
insurrección, Pilato infiltró soldados entre la muchedumbre y, cuando
visitó la ciudad, dio una señal para que los legionarios infiltrados
sacasen las espadas y comenzasen una carnicería.
  
En
el año 33, tras diversas refriegas de los ortodoxos de Jesucristo con
facciones rivales —particularmente con los fariseos, que detentaban por
aquel entonces el poder religioso y veían con incomodidad cómo surgía
una nueva facción vigorosa—, Poncio Pilato ordena el castigo de
Jesucristo, a instancias de los fariseos. Jesús es azotado, y los
legionarios romanos, que debían tener un sentido del humor un tanto
macabro y que sabían que Yahsuah se proclamaba Mesías e hijo de
Yahvé, le ponen una corona de espinas y una caña en su mano derecha, y
le gritan con sorna "¡Salve, rey de los judíos!" (Mateo 27:26-31 y
Marcos 15:15-20). Al crucificarlo, colocaron en la cabecera de la cruz
la inscripción I.N.R.I. (IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM: Jesús Nazareno
Rey de los Judíos).
Yahsuah
de Nazaret, conocido por la posteridad como Jesucristo, fue uno de
tantos agitadores judíos que hubo en Judea durante la convulsa ocupación
romana. Ejecutado en torno al año 33 durante el reinado de Tiberio, su
figura sería tomada por Saúlo de Tarso (alias San Pablo), irónicamente,
un judío fariseo, maravillado del poder de subversión que encerraba la
secta fundada por Jesús.
  
Jesús
fue, pues, uno de tantos predicadores judíos que, antes de él y después
de él, se auto-proclamaron Mesías, sólo que, en el caso suyo, el judío
fariseo Saúlo de Tarso (actual Turquía) no tardaría en llamarlo, en vez
de Meshjah, Kristos, que viene a ser el equivalente griego a
"Mesías". Tras cambiarse el nombre a Pablo, predicó la figura de
"Cristo", indisolublemente unida a la rebelión contra Roma, por todo el
Imperio, decidiendo que el cristianismo debía ser difundido fuera de su
estrecho círculo judío e introducido en Roma cual doctrina de agitación y
subversión en contra de la autoridad del emperador. 
CALÍGULA
En
38, Calígula, el sucesor de Tiberio, manda a la problemática ciudad de
Alejandría a su amigo Herodes Agripa I, para vigilar a Aulo Avilio
Flaco, el prefecto de Egipto, quien no gozaba precisamente de la
confianza del emperador y que —según el filósofo judío Filón de
Alejandría ("Contra Flacco")— era un auténtico villano. La llegada de
Agripa a Alejandría fue acogida con grandes protestas por parte de la
comunidad griega, ya que pensaban que venía para proclamarse rey de los
judíos. Fue insultado por una multitud, y Flaco no hizo nada para
castigar a los ofensores, a pesar de que el ofendido era un enviado del
emperador. Esto animó a los griegos a exigir que se colocasen estatuas
de Calígula en las sinagogas, como provocación hacia la judería. Para
apaciguar los ánimos de los griegos y los egipcios, y para contentar al
emperador —uno de cuyos emisarios acababa de ser insultado—, Flaco puso
estatuas de Calígula en las sinagogas de la zona, que no eran pocas.
Calígula, Emperador romano denostado como pocos.
Este
simple acto pareció ser la señal de un alzamiento: los griegos y
egipcios atacaron las sinagogas y les prendieron fuego. Los judíos
fueron expulsados de sus casas, que fueron saqueadas, y de ahí en
adelante se les segregó en un gueto del cual no podían salir, puesto que
se les apedreaba, apaleaba o quemaba vivos, mientras que otros acababan
en la arena para servir de comida a las fieras, en aquellos macabros
espectáculos circenses tan comunes en el mundo romano. Según Filón,
Flaco tampoco hizo nada para impedir estos disturbios y asesinatos, y
hasta los apoyó, igual que el egipcio Apión, a quien hemos visto
criticando a la judería en el apartado dedicado al antisemitismo
helenístico. Para celebrar el cumpleaños del emperador (31 de Agosto,
un shabat), se arrestó a miembros del consejo judío y se les
azotó en el teatro; otros fueron crucificados. Al reaccionar la judería,
los soldados romanos toman represalias saqueando e incendiando miles de
casas judías, profanando las sinagogas y pasando a cuchillo a 50.000
judíos. Cuando se les ordenó cesar la matanza, la población griega
local, enardecida por Apión (no sorprendentemente, Flavio Josefo tiene
una obra llamada "Contra Apión") prosiguió los disturbios. Desesperada,
la judería mandó a Filón de Alejandría para razonar con las autoridades
romanas. El filósofo judío escribió un texto titulado "Contra Flacco" y,
junto con el informe seguramente negativo que Agrippa le había dado a
Calígula, el gobernador fue ejecutado.
Después
de estos eventos, las cosas se calmaron y los judíos no sufrían
violencia con tal de que se mantuviesen dentro de los límites de su
gueto. No obstante, aunque el sucesor de Flaco le permitió a la judería
alejandrina dar su versión de los hechos, en el año 40 hubo de nuevo
disturbios entre los judíos (quienes se indignaron por la construcción
de un altar) y los griegos, quienes acusaron a los judíos de negarse a
rendir culto al emperador. Los religiosos judíos ordenaron destruir el
altar y, en represalia, Calígula tomó una decisión que realmente
evidenciaba lo poco que conocía a la judería: ordenó colocar una estatua
de sí mismo en el templo de Jerusalén. Y es que, Según Filón, Calígula
"consideraba sospechosos a la mayoría de judíos, como si fueran las
únicas personas que deseaban oponérsele" ("De la embajada a Cayo y
Flaco"). Publio Petronio, gobernador de Siria, que sí conocía bien a los
judíos y temía la posibilidad de una guerra civil, procuró retrasar
cuanto pudo la colocación de la estatua, hasta que Agripa convenció a
Calígula de que era una mala decisión.
En el 41, Calígula, que ya prometía ser un emperador antijudío, [8] fue
asesinado en Roma, lo cual desató la violencia de sus guardaespaldas
germanos, que no habían podido evitar su muerte y que, por su peculiar
sentido de la fidelidad, intentaron vengarle matando a numerosos
conspiradores, senadores y hasta viandantes inocentes que tuvieron la
mala fortuna de estar en el sitio equivocado y en el momento menos
indicado. Claudio, el tío de Calígula, pudo erigirse en dueño de la
situación y, tras ser nombrado emperador por la Guardia Pretoriana,
ordenó la ejecución de los asesinos de su sobrino, muchos de los cuales
eran magistrados políticos que querían reinstaurar la República.
CLAUDIO Y NERÓN
El
año 49, Claudio, que estaba harto de la conflictividad del lobby judío
alejandrino, prohibió "introducir o invitar a los judíos que navegan
hacia Alejandría desde Siria o Egipto, obligándome a tener la más grande
sospecha; sino por cierto que me vengaré de ellos por fomentar una
plaga universal sobre todo el mundo".
Claudio.
Asimismo,
Claudio expulsó de Roma a todos los judíos el año 50 (al parecer, según
Suetonio, "actuaban sin cesar a instigación de Chrestus") y, como
Pontífice Máximo, intentó frenar la expansión de los cultos orientales,
incluyendo el cristianismo y el judaísmo, por el Imperio.
Año
50. Judea es ya parte del Imperio Romano, pero su romanización jamás
cuajará, al contrario, antes se conseguirá la judaización de la
mismísima Roma.
De Nerón hablaremos en el artículo sobre el cristianismo. Su
esposa, una ramera ociosa llamada Popea Sabina, era abiertamente
simpatizante de los judíos y los cristianos, y conspiraba a espaldas del
emperador para favorecerles. Así, por ejemplo, por mediación de Popea
Sabina, fue liberado el mismo Flavio Josefo, quien había sido mandado a
Roma a fin de negociar mejores condiciones para su gente. El ministro
romano Burro fue asesinado en el año 62 por órdenes de Popea Sabina, o
quizás por judíos, después de que les negara la ciudadanía romana en
Grecia. El emperador, cansado de tener la conspiración cerca de él, hizo
ejecutar a su mujer. La versión "oficial" es que le dio una patada en
el vientre estando ella embarazada, el problema es que quienes
divulgaron dicha versión tenían una fuerte enemistad con el emperador,
por lo que debería tomarse con cautela. A esto siguió una sanguinaria
represión romana contra los judíos y los cristianos, en la que cayeron
"revolucionarios" judíos como San Pablo o San Pedro. Esta ejecución de
personajes claves en el movimiento estratégico judío para pudrir los
cimientos romanos, junto con algunos factores más, sería el
desencadenante de una masiva revuelta judía, que trataremos en el próximo artículo.
Nerón. 
NOTAS
[1] Las
cifras de muertos dadas a lo largo del texto proceden de los escritos
de Flavio Josefo "Guerra de los judíos" y "Antigüedades judías", así
como de Dión Casio en "Historia de Roma". Lo más probable es que estén
infladas para magnificar la importancia de los acontecimientos, algo
común en la Historia.
[2] Según
los autores alejandrinos (que eran antisemitas furibundos y creían que
los judíos realizaban sacrificios humanos), Pompeyo liberó en el templo a
un prisionero griego que estaba a punto de ser sacrificado a Jehová.
[3] Craso, quien cometió un craso (de
ahí la expresión) error durante la batalla, fue responsable de la
masacre de 20.000 soldados a manos de los partos. Otros 10.000 soldados
romanos fueron hechos prisioneros y mandados a realizar trabajos
forzados a lo que hoy es Afganistán. Muchos acabaron luchando, bajo
mando parto, contra los hunos, perdiéndose su rastro en adelante. Los
análisis genéticos parecen indicar que este destacamento, la famosa
"legión perdida de Craso", terminó en la actual provincia china de
Liqian, donde son responsables de una mayor frecuencia de rasgos étnicos
europeos en la población autóctona. 
[4] Paradójicamente, los judíos llorarían después la destrucción de este mismo templo a manos de los romanos. 
[5] Que
Zorobabel, Esdras y Nehemías habían reconstruido en 516 AEC al regresar
del Exilio Babilonio (los babilonios habían arrasado el templo en 586
AEC y deportado a la élite judía a Babilonia, en un proceso llamado
"exilio babilonio"). Los persas, agradecidos a la
judería por haberse puesto de su lado traicionando a sus señores
babilonios, habían proveído a los judíos de materia prima, arquitectos y
obreros cualificados para realizar la construcción, pues los judíos
carecían de medios para erigir un templo en condiciones. Cuando el
emperador Darío sucedió en el trono a Ciro, las obras continuaron por
orden suya, disipando el temor de los judíos de que tal vez con el
cambio de corona habría un cambio de actitud hacia ellos. En 516 AEC se
había finalizado la reconstrucción del Segundo Templo y en 515 AEC hubo
una consagración. Los persas habían tratado a los judíos con verdadera
generosidad. Sin embargo, los judíos no tardarían en apuñalarles por la
espalda, como sucedió en torno al 450 AEC con el episodio de Esther y
Hamán, en el que la judería se alzó para masacrar a sus enemigos
políticos persas, lo cual es celebrado hasta nuestros días en la fiesta
del Purim. Cuando, en el Siglo IV AEC irrumpió Alejandro Magno en
Persia, los judíos hicieron con los persas lo mismo que hicieron con los
babilonios: traicionarles para obtener el favor del nuevo invasor, al
cual, a su vez, no tardarían en traicionar. Puede decirse quizás que los
romanos fueron los primeros en romper este círculo vicioso.
  
[6] San Lucas Evangelista era un individuo procedente de Antioquía, en la actual Turquía.
  
[7] San Mateo Evangelista era llamado también Levi, y era un judío del Lago de Galilea. 
[8] He
aquí la probable causa de la inaudita difamación histórica de este
emperador. Los textos de la historia romana caerían finalmente en manos
de los cristianos, quienes en su mayoría eran de procedencia judía y
detestaban visceralmente a los emperadores. Puesto que, según Orwell,
"quien controla el pasado controla el presente", los cristianos
adulteraron la historiografía romana, convirtiendo en monstruos
perturbados a los emperadores que se les habían opuesto a ellos y a sus
antecesores judíos. De ese modo, no tenemos un solo emperador romano que
haya participado en duras represalias judías y a quien no se haya
difamado con acusaciones de homosexualidad, crueldad o perversión. El
historiador Roldán Hervás ha desmontado buena parte de estas acusaciones
falsas contra la figura histórica de Calígula.









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