viernes, 11 de noviembre de 2016

Julio César - Wikipedia, la enciclopedia libre

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Julio César



Cayo Julio César
Dictador romano
Bust of Gaius Iulius Caesar in Naples.jpg

Busto de Julio César en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Información personal
Nombre secular Gaius Iulius Caesar
Nacimiento 12/13 de julio de 100 a. C.

Roma, República romana
Fallecimiento 15 de marzo de 44 a. C.

Ibídem
Predecesor Lucio Cornelio Sila (como dictador)
Sucesor Augusto (como emperador)
Familia
Dinastía Julio-Claudia
Padre Cayo Julio César
Madre Aurelia
Cónyuge Cornelia (84 a. C.-68 a. C.)

Pompeya (68 a. C.-63 a. C.)

Calpurnia (59 a. C.-44 a. C.)
Descendencia Julia, Cesarión (no reconocido), Augusto (adoptivo)
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Cayo Julio César (en latín, Gaius Iulius Caesar;nota 1 Roma, 12/13 de julio de 100 a. C.nota 2 -ibídem, 15 de marzo de 44 a. C.) fue un líder militar y político romano de la era tardorrepublicana.


Nacido en el seno de la gens Julia, en una familia patricia de escasa fortuna, estuvo emparentado con algunos de los hombres más influyentes de su época, como su tío Cayo Mario, quien influiría de manera determinante en su carrera política. En 84 a. C., a los 16 años, el popular Cinna lo nombró Flamen Dialis, cargo religioso del que fue relevado por Sila,
con quien tuvo conflictos a causa de su matrimonio con la hija de
Cinna. Tras escapar de morir a manos de los sicarios del dictador, fue
perdonado gracias a la intercesión de los parientes de su madre.1 Trasladado a Asia, combatió en Mitilene como legatus de Marco Minucio Termo. Volvió a Roma a la muerte de Sila en 78 a. C., y ejerció por un tiempo la abogacía. En 73 a. C. sucedió a su tío Cayo Aurelio Cota como pontífice, y pronto entró en relación con los cónsules Pompeyo y Craso, cuya amistad le permitiría lanzar su propia carrera política.2 En 70 a. C. César sirvió como cuestor en la provincia de Hispania y como edil curul en Roma. Durante el desempeño de esa magistratura ofreció unos espectáculos que fueron recordados durante mucho tiempo por el pueblo.


En 63 a. C. fue elegido praetor urbanusnota 3 al obtener más votos que el resto de candidatos a la pretura. Ese mismo año murió Quinto Cecilio Metelo Pío, Pontifex Maximus
designado durante la dictadura de Sila, y, en las elecciones celebradas
para sustituirle, venció César. Al término de su pretura sirvió como propretor en Hispania, donde capitaneó una breve campaña contra los lusitanos. En 59 a. C. fue elegido cónsul gracias al apoyo de sus dos aliados políticos, Pompeyo y Craso, los hombres con los que César formó el llamado Primer Triunvirato. Su colega durante el consulado, Bíbulo,
se retiró para así entorpecer la labor de César que, sin embargo, logró
sacar adelante una serie de medidas legales, entre las que destaca una
ley agraria que regulaba el reparto de tierras entre los soldados
veteranos.


Tras su consulado fue designado procónsul de las provincias de Galia Transalpina, Iliria y Galia Cisalpina, esta última tras la muerte de su gobernador, Céler. Su gobierno se caracterizó por una política muy agresiva con la que sometió a prácticamente la totalidad de los pueblos celtas en varias campañas. Este conflicto, conocido como la Guerra de las Galias, finalizó cuando el general republicano venció en la Batalla de Alesia a los últimos focos de oposición, encabezados por un jefe arverno llamado Vercingétorix. Sus conquistas extendieron el dominio romano sobre los territorios que hoy integran Francia, Bélgica, Holanda y parte de Alemania. Fue el primer general romano en penetrar en los inexplorados territorios de Britania y Germania.


Mientras César terminaba de organizar la estructura administrativa de
la nueva provincia que había anexionado a la República, sus enemigos
políticos trataban en Roma de despojarle de su ejército y cargo
utilizando el Senado,
en el que eran mayoría. César, a sabiendas de que si entraba en la
capital sería juzgado y exiliado, intentó presentarse al consulado in absentia,
a lo que la mayoría de los senadores se negaron. Este y otros factores
le impulsaron a desafiar las órdenes senatoriales y protagonizar el
famoso cruce del Rubicón, momento en el que, al parecer, pronunció la inmortal frase «Alea iacta est» (la suerte está echada). Inició así un conflicto conocido como la Segunda Guerra Civil de la República de Roma, en el que se enfrentó a los optimates,nota 4 que estaban liderados por su viejo aliado, Pompeyo. Sus victorias en las batallas de Farsalia, Tapso y Munda
sobre los conservadores, le hicieron el amo de la República. El hecho
de que estuviera en guerra con la mitad del mundo romano no evitó que se
enfrentara a Farnaces II en Zela y a los enemigos de Cleopatra VII en Alejandría. A su regreso a Roma se hizo nombrar cónsul y dictator perpetuus —dictador vitalicio—, e inició una serie de reformas económicas, urbanísticas y administrativas.


A pesar de que bajo su gobierno la República experimentó un breve
periodo de gran prosperidad, algunos senadores vieron a César como un tirano que ambicionaba restaurar la monarquía.
Con el objetivo de eliminar la amenaza que suponía el dictador, un
grupo de senadores formado por algunos de sus hombres de confianza como Bruto y Casio y antiguos lugartenientes como Trebonio y Décimo Bruto urdieron una conspiración con el fin de eliminarlo. Dicho complot culminó cuando, en los idus de marzo,
los conspiradores asesinaron a César en el Senado. Su muerte provocó el
estallido de otra guerra civil, en la que los partidarios del régimen
de César, Antonio, Octavio y Lépido, derrotaron en la doble Batalla de Filipos a sus asesinos, liderados por Bruto y Casio. Al término del conflicto, Octavio, Antonio y Lépido formaron el Segundo Triunvirato y se repartieron los territorios de la República, aunque, una vez apartado Lépido, finalmente volverían a enfrentarse en Accio, donde Octavio, heredero de César, venció a Marco Antonio.


Al margen de su carrera política y militar, César destacó como orador y escritor. Redactó, al menos, un tratado de astronomía, otro acerca de la religión republicana romana y un estudio sobre el latín, ninguno de los cuales ha sobrevivido hasta nuestros días. Las únicas obras que se conservan son sus Comentarios de la Guerra de las Galias y sus Comentarios de la Guerra Civil.
Se conoce el desarrollo de su carrera como militar y gran parte de su
vida a través de sus propias obras y de los escritos de autores como Suetonio, Plutarco, Veleyo Patérculo o Eutropio.



Índice

Biografía

Primeros años

César nació en Roma el 12/13 de julio del año 100 a. C.; no obstante, su fecha de nacimiento no ha sido establecida con claridad y pudo haberse situado en algún punto entre los años 102 y 101 a. C.3 Perteneció a una gens patricia —la Julia— que, según la leyenda, se remontaba hasta Iulo, hijo del príncipe troyano Eneas y nieto de la diosa Venus.
Fue el propio César quién estableció la relación entre Iulo y su
familia durante el discurso que pronunció en el funeral de su tía Julia,
esposa de Gayo Mario.4
Con los años, en el apogeo de su poder, César iniciaría en Roma la
construcción de un templo dedicado a su supuesta antepasada, Venus Genetrix. El patronímico César parece que puede provenir de la palabra latina "caesaries", cuyo significado es "cabellera o barba". Contrariamente a lo sostenido por algunos autores, la palabra cesárea no tiene nada que ver con César, ni éste nació por medio de esa cirugía.5



Cayo Mario, tío de Julio César.
Su padre, llamado al igual que él Cayo Julio César, fue un político poco influyente que llegó a la pretura.6 Su ascenso en el cursus honorum se vio interrumpido al morir en campaña. Su madre, llamada Aurelia, era una noble plebeya perteneciente a una rama de la gens Aurelii, los Aurelii Cottae; familia integrante de la nobleza plebeya de rango senatorial con gran riqueza e influencia. El historiador Tácito la compara con Cornelia, madre de los Gracos, basándose en su inteligencia, la pureza de sus costumbres y la nobleza de su carácter.7


El hecho de que los Julio Césares, pertenecientes al poderoso patriciado republicano, no obtuvieran cargos importantes durante el periodo republicano se explica por su falta de fortuna en comparación con la aristocracia romana de la época; de hecho, César creció en uno de los barrios más pobres de la ciudad, la Subura.


Único hijo varón del matrimonio de sus padres, su infancia
transcurrió en un ambiente esencialmente femenino, entre su madre y sus
dos hermanas. Al igual que a todos los jóvenes nobles y patricios de la
época, se le inculcó el temor a los dioses, el respeto a las leyes, las
reglas de la decencia, la modestia y la frugalidad. Tras el estallido de
la Guerra Social su tío Sexto fue elegido cónsul, dando así un poco de fama a la familia. Cuando tenía diez años se vio confiado a las enseñanzas de Marco Antonio Grifón, un grammaticus de origen galo y formado en la escuela de retóricos alejandrinos considerado uno de los hombres más versados en literatura griega y romana de su época. Aprendió a leer y a pensar con las obras de Homero, la Ilíada y la Odisea; primero con la traducción al latín de Livio Andrónico y después con el texto original en griego.
Algunos autores contemporáneos vinieron a adherirse a esta base
literaria, que recibían de una manera más o menos uniforme los jóvenes
romanos de su tiempo. Asimismo, aprendió oratoria y a escribir poesía.8


La mujer de Mario, su tía paterna Julia, desempeñó también un papel
muy destacado en la educación y orientación del joven César. Durante su
vida, el general había sido un influyente político reformista, líder de
la facción progresista del Senado, los populares, enemigos de los conservadores, los optimates.


Ciertas fuentes clásicas registran que César padecía crisis epilépticas que podían producirse en cualquier momento y hacer que perdiera el conocimiento. Suetonio menciona dos de estas crisis, y Plutarco una, durante la Batalla de Tapso; constituye la única ocasión de la que se tiene noticia de que un ataque epiléptico interfiriera en su capacidad de mando.9 10 11


Tras la Guerra Social aumentaron los enfrentamientos entre optimates y populares con las disputas entre Mario y Sila por el mando del ejército que debía ir a combatir al rey Mitrídates VI del Ponto. Esa situación condujo a la marcha de Sila sobre Roma, que dejó al cargo de un cónsul optimate y otro popular, y al golpe de estado de Mario y Cinna. Se inicia así un período de tres años (Cinnanum tempus: 87-84) en el que Cinna dirigió el Estado en calidad de cónsul.



El dictador romano Lucio Cornelio Sila anuló el nombramiento de César como sacerdote de Júpiter.
En 84 a. C., Cinna nombró al joven César (de 16 años), flamen dialis, el sacerdote de Júpiter, y lo casó con su hija Cornelia tras haberse roto su compromiso con Cosutia, perteneciente a una rica familia de rango ecuestre. Ese mismo año y tras el asesinato de Cinna y las derrotas de Carbón y Mario el joven
(hijo de Gayo Mario) a manos de Sila, el líder conservador entró en
Roma. La situación de César era muy insegura pues estaba unido por
varios lazos familiares al bando perdedor: no sólo era sobrino de Mario,
sino que además estaba casado con la hija de Cinna. Sila
trató de atraerlo a su bando como había hecho con varios de los
seguidores de su enemigo; para probar su lealtad le ordenó divorciarse
de su esposa, a lo que, para sorpresa del dictador, el joven se negó.12


Enfurecido, Sila ordenó a una banda de sicarios que lo capturaran y asesinaran, anuló su nombramiento como flamen dialis
y confiscó toda su fortuna. A César no le quedó otra salida que huir de
Roma; viéndose obligado a cambiar de refugio cada noche, cayó enfermo
al no estar acostumbrado a esta clase de vida. Una noche fue sorprendido
por los sicarios de Sila, pero pudo salvarse al sobornarles con el
dinero que se ofrecía por su cabeza, dos talentos de oro. Tras escapar
de los hombres de Sila, permitió a su familia interceder por él ante el
dictador. Su madre, sus tíos Marco, Gayo y Lucio, las vírgenes vestales y el yerno de Sila, Mamerco Emilio Lépido Liviano,
lograron convencer al dictador, que accedió a regañadientes a
perdonarle la vida. Tras ordenar el cese de la persecución dijo que ese
joven sería el fin de los optimates, pues «en él veo a muchos Marios».13



Al percatarse de que el perdón de Sila podía ser revocado en
cualquier momento, César juzgó que lo más seguro era alejarse de Roma
durante un tiempo y decidió viajar a Oriente para participar en la guerra contra Mitrídates VI del Ponto bajo las órdenes del propretor, Marco Minucio Termo. Durante el sitio de Mitilene se le ordenó ir a Bitinia para solicitar a Nicomedes IV la cesión de una pequeña flota
con la que asaltar la ciudad rebelde. Al parecer, el rey asiático quedó
tan deslumbrado con la belleza del joven mensajero romano que lo invitó
a descansar en su habitación y a participar en un festín donde sirvió
de copero real durante el banquete. La aventura de César en Asia llegó
muy pronto a oídos de los ciudadanos de Roma. En la política romana,
acusar a alguien de mantener relaciones homosexuales pasivas era una
estrategia común,14 pues la homosexualidad pasiva, a diferencia de la activa,
era considerada una práctica vergonzosa. Sus enemigos políticos
proclamaron que se había prostituido con un rey bárbaro y le apodaron
«la reina de Bitinia», causando así un gran daño a su reputación. Sin
embargo, César siempre desmintió este hecho. El resto de la campaña le
valió una mejor reputación, porque mostró una gran capacidad de mando y
un arrojo y valor personal encomiables, por los que Minucio Termo, tras
la toma de Mitilene, le concedería la corona cívica, la condecoración al valor más alta que se otorgaba en la República Romana.15


Después de la muerte de Sila en el 78 a. C., César regresó a Roma e inició una carrera como abogado en el Foro romano, con la que se dio a conocer por su cuidada oratoria. Su primer caso fue dirigido contra Cneo Cornelio Dolabela, un protegido de Sila que en el año 81 a. C. había sido elegido cónsul y después, al año siguiente, procónsul en Macedonia, y donde al parecer había malversado
los fondos del Estado. Dolabela, al enterarse del proceso en su contra,
contrató para su defensa a uno de los más ilustres abogados de la
época, Quinto Hortensio
(llamado «El Bailarín» por su manera de moverse en los estrados), y al
eminente Lucio Aurelio Cotta —su propio tío, pero esto era normal—. A
pesar de estos formidables enemigos, César mostró su calidad de orador,
que, aunque no le sirvió para ganar la causa, sí le procuró la fama que
buscaba.16


Al año siguiente unas ciudades griegas que habían sido saqueadas por Gayo Antonio Híbrida durante la campaña de Sila en Grecia, le confiaron la defensa de su causa. César habló ante el pretor Marco Terencio Varrón Lúculo con mucha elocuencia y ganó el juicio, pero Híbrida apeló a los tribunos de la plebe, quienes ejercieron su derecho al veto, y dejaron en suspenso la sentencia dictada en su contra.17 En el año 73 a. C. la muerte de su tío le abrió las puertas para ser elegido pontifex
en su lugar y entró de esa manera en el Colegio de Pontífices, un
organismo religioso de gran calado en la vida piadosa de Roma.


A pesar de este éxito, César decidió viajar a Rodas para ampliar su formación estudiando filosofía y retórica con el gramático Apolonio Molón, que era considerado el mejor de la época. Sin embargo, durante el viaje, su barco fue asaltado a la altura de la isla Farmacusa por los piratas, que lo secuestraron. Cuando exigieron un rescate de 20 talentos
de oro (un talento equivalía a 26 kilos aproximadamente), César se rio y
los desafió a pedir 50. En su cautiverio se dedicó a componer algunos
discursos, teniendo por oyentes a los piratas, a quienes trataba de
ignorantes y bárbaros cuando no aplaudían. Treinta y ocho días después,
el rescate llegó y César fue liberado después de un cautiverio bastante
cómodo, durante el cual, a pesar de tratar a sus secuestradores con
amabilidad, les avisó en varias ocasiones de su negro futuro. Así, una
vez recuperada su libertad, organizó una fuerza naval que partió del puerto de Mileto, capturó a los piratas en su refugio y los llevó a la prisión en Pérgamo. Una vez capturados fue en busca de Junio,
gobernante de Asia, porque le competía a este castigar a los apresados.
Junio se interesó más en el botín y dejó a los bandidos a juicio de
César, quien los mandó crucificar, tal como les había prometido (aunque en un gesto de "compasión" ordenó que primero los degollaran).18 19


En 69 a. C.,
Cornelia falleció mientras daba a luz a un niño que nació muerto y poco
después César perdió a su tía Julia, viuda de Mario, a quien se había
sentido muy unido. En contra de las costumbres de la época, César
insistió en organizar sendos funerales públicos. Ambos funerales
sirvieron también para desafiar las leyes de Sila, pues en el sepelio de
Julia se exhibieron las imágenes de Gayo Mario y del hijo que había
tenido con ella y que también había luchado contra Sila: su difunto
primo, Gayo Mario el Joven; y en el sepelio de Cornelia, la imagen de su padre Lucio Cornelio Cinna.
Todos ellos habían sido proscritos y las leyes del dictador prohibían
mostrar sus imágenes en público, pero César no vaciló en quebrar las
reglas. Este desafío fue muy apreciado por los plebeyos y los que formaban la facción de los populares, y, en la misma medida, repudiado por los optimates.20


Ascenso político

César fue elegido cuestor por los Comicios en el 69 a. C., con 30 años de edad, como estipulaba el cursus honorum romano. En el sorteo subsiguiente, le correspondió un cargo en la provincia romana de Hispania Ulterior, situada en lo que es hoy día Portugal y el sur de España. Según cuenta una leyenda local, en el Templo de Hércules Gaditano (Herakleión) de la ciudad de Gades, situado en lo que actualmente es el Islote de Sancti Petri, Julio César tuvo un sueño que le predecía el dominio del mundo después de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante.21 22 Allí, como cuestor, conoció a Lucio Cornelio Balbo "El Mayor", el cual posteriormente se convirtió en consejero y amigo del futuro dictador y propretor de la Hispania Ulterior en el año 61 a. C. Gades proporcionó un gran apoyo a la flota romana en su campaña de Lusitania, donde Balbo ya era praefectus fabrum, esto es, una especie de jefe de ingenieros, perteneciente a la plana mayor de las legiones.



Julio César. Obra de Nicolas Coustou.
A su regreso a Roma, César prosiguió su carrera como abogado hasta ser elegido edil curul en el año 65 a. C., el primer cargo del cursus honorum
que se desempeñaba dentro de Roma. Las funciones de un edil pueden ser
equiparadas, en cierto modo, a las de un moderno Presidente de una Junta
Municipal, e incluían la regulación de las construcciones, del
tránsito, del comercio y otros aspectos de la vida diaria, entre otras
las funciones de jefe de policía. Pero el cargo, el primer peldaño
público para llegar a la magistratura suprema del consulado, podía ser
también el último que se desempeñara, pues incluía la organización de
los juegos en el Circo Máximo,
lo que, debido a lo limitado del presupuesto público, exigía al edil la
utilización de fondos personales. Esto fue especialmente verdad en el
caso de César, que pretendía realizar unos juegos memorables para
impulsar su carrera política. Y, de hecho, empleó todo su ingenio para
conseguirlo, llegando a desviar el curso del Tíber e inundar el Circo para ofrecer una naumaquia (un combate entre barcos). Acabó el año con deudas del orden de varios cientos de talentos de oro.23


Sin embargo, su éxito como edil fue una ayuda importante para que, después de la muerte de Quinto Cecilio Metelo Pío en el año 63 a. C., César fuera elegido Pontifex Maximus24 dignidad que dotaba al electo de enorme auctoritas y dignitas. El día de su elección había sospechas de un atentado contra él, lo que obligó a Julio César a decir a su madre:


Madre, hoy verás a tu hijo muerto en el Foro o vistiendo la toga del sumo pontífice.


Suetonio25
El cargo implicaba una casa nueva en el Foro, la Domus Publica, la presidencia del Colegio de Pontífices y una cierta preeminencia en la vida religiosa de Roma, así como la asunción de los deberes y derechos del paterfamilias sobre las Vírgenes Vestales.25 Su estreno como Pontifex Maximus fue marcado por un escándalo. Después de la muerte de Cornelia, César se había casado con Pompeya (hija de Cornelia Sila y Quinto Pompeyo Rufo), nieta de Sila. Como esposa del Pontifex Maximus y una de las mujeres más importantes de Roma, Pompeya era responsable de la organización de los ritos de la Bona Dea en diciembre, una liturgia exclusivamente femenina, donde los hombres no podían participar. Pero durante las celebraciones del año 62 a. C., Publio Clodio Pulcro (un joven líder demagogo,
considerado como peligroso) consiguió entrar en la casa disfrazado de
mujer, al parecer movido por el lascivo propósito de yacer con Pompeya.
En respuesta a este sacrilegio, del cual ella probablemente no era
culpable, Pompeya recibió una orden de divorcio. César declaró en público que él no la consideraba responsable, pero justificó su acción con la célebre máxima:


La mujer de César no sólo debe ser honrada; además debe parecerlo.


Plutarco26
Clodio fue perdonado por voluntad del pueblo, ya que nada había sido probado y el propio César no quiso declarar contra él.


En las elecciones para el 63 a. C., Marco Tulio Cicerón salió elegido cónsul senior.
Fue un año particularmente difícil no sólo para César, sino también
para Roma. Durante su consulado, Cicerón reveló una conspiración para
destituir a los magistrados electos y reducir la funcionalidad del Senado, complot liderado por Lucio Sergio Catilina,
un patricio frustrado por su falta de éxito político. Si bien no se
celebró juicio contra ellos, en el sentido estricto del término, lo
cierto es que casi todos los acusados en la conspiración, y desde luego
Catilina, estuvieron presentes en las sesiones del Senado en las que se
les "juzgó". En la tercera reunión, Cicerón descargó su responsabilidad
sobre la curia haciendo que los senadores debatieran la pena a la que
habría de condenarse a los conjurados. El resultado fue una sentencia de
muerte para cinco prominentes romanos aliados de Catilina y para el
propio Catilina.27 Todos estos extremos quedaron para la posteridad en las famosas Catilinarias escritas por el propio Cicerón.


César se opuso a la pena de muerte usando para esos fines su mejor oratoria, pero fue vencido por la insistencia de Marco Porcio Catón el Joven
y los cinco hombres fueron ejecutados ese mismo día. Fue también en
esta dramática reunión del Senado en la que el romance de César con Servilia, hermana de Marco Porcio Catón, salió a la luz.28 Los opositores políticos de César lo acusaron de formar parte de la conspiración de Lucio Sergio Catilina, lo que nunca fue probado ni perjudicó su carrera.


César fue electo pretor urbano para el 62 a. C., el puesto de pretor más distinguido, ya que era el que se ocupaba de los asuntos entre ciudadanos romanos. Apoyó al tribuno de la plebe Quinto Cecilio Metelo Nepote cuando éste presentó algunas leyes en favor de Pompeyo. Sin embargo, dichas leyes fueron vetadas por Catón y se produjeron luchas callejeras entre ambos bandos.29 Después de su complicado año como pretor, César fue nombrado propretor de Hispania Ulterior.27


El primer triunvirato

El gobierno de César en la provincia de Hispania no se encuentra bien documentado; sabemos que lideró una pequeña y rápida guerra en el norte de Lusitania
que quizá le proporcionara algo de botín para saldar parte de las
deudas generadas en su gestión como edil, y ganarse un buen crédito como
líder castrense. Sin duda, el éxito militar fue importante, ya que el
Senado le concedió un triunfo.30


César abandonó su provincia antes incluso de la llegada de su
sustituto y marchó a Roma con celeridad. Al llegar al Campo de Marte
tuvo que detenerse a la entrada de la ciudad, —pues aún ostentaba el imperium— hasta haber celebrado el triunfo.31
Ante la imposibilidad de entrar en Roma, se instaló en la Villa Pública
y se apresuró en presentar su candidatura al consulado por persona
interpuesta o bien mediante una misiva al senado, pues no hay constancia
de que éste se reuniera extra-pomerium (o sea, "fuera del pomerio"), para escuchar la petición. Tras demorarse un día, parecía que el Senado no tendría problemas en validarla.32



«Cedant arma togae («Cedan las armas a la toga»). Marco Tulio Cicerón
no dejó que nadie olvidara nunca su afirmación de que en el 63 a. C.,
con la derrota de la conspiración de Catilina, él había salvado la
República.
Catón, portavoz de la facción optimate más conservadora, era reacio a que un político popular obtuviese el consulado y más aún si este político era César (a quien detestaba),33
y sabiendo que se debía votar antes de la puesta del Sol, siguió
hablando hasta bien entrada la noche, por lo que no se pudo aprobar la
moción anterior. Ante ello, César decidió prescindir de los laureles de
su triunfo y presentarse personalmente como candidato.34


Tras no haber podido neutralizar la entrada de César en las
elecciones, los optimates se movieron rápidamente para encontrar un
candidato que equilibrase la balanza, y que perteneciera a la esfera de
las ideas conservadoras, con el fin de contrarrestar las medidas que
César pudiese tomar.35
Pompeyo mientras tanto había empezado a repartir dinero entre su
clientela y votantes, gastando cuanto fuese necesario para comprar los
dos consulados. Mientras, Catón eligió como candidato a su yerno Marco Calpurnio Bíbulo, quien para los optimates interpretaba el papel de salvador de la República. En las elecciones del año 59 a. C. César fue primero con diferencia y Bíbulo ganó el segundo puesto.36


Todo parecía transcurrir con naturalidad para los conservadores, que,
tras bloquear políticamente a Pompeyo, y ante la perspectiva para ellos
inaceptable de permitir que un hombre como César, tan sediento de
gloria y con dotes militares, fuese gobernador de una provincia,
iniciaron maniobras para evitarlo. Catón planteó al Senado que una vez
acabado el mandato de los cónsules, y estando Italia plagada de forajidos y bandidos tan sólo diez años después de la rebelión de Espartaco,
sería en bien de la República encargar a los cónsules que acabaran con
ellos en una misión de un año de duración. El Senado acogió
favorablemente la idea, que se convirtió en ley. La voluntad de Catón se
cumplió perfectamente y parecía que César terminaría su consulado como
policía, entre aldeanos y pastores italianos.37


Fue una decisión arriesgada, no obstante, pero al tomarla el Senado
se aseguraba de que si César no la aceptaba tendría que recurrir a la
fuerza para revocarla y sería declarado un criminal, un segundo
Catilina. La estrategia de Catón consistió siempre en identificarse con
la tradición y arrinconar a sus enemigos contra ella hasta obligarles a
tomar el papel de revolucionarios. En el Senado los aliados de los
optimates liderados por Catón mantenían una mayoría sólida, contando con
Craso y su poderoso bloque, pues todo el mundo esperaba que éste se
opusiese a cualquier medida de Pompeyo.38


En la primera reunión del Senado durante el consulado de César, éste
trato de ofrecer un generoso acuerdo para recompensar a los veteranos de
Pompeyo. Catón no estaba dispuesto a que se aprobara y empezó a
utilizar su táctica favorita: habló y habló hasta que César le impidió
seguir, indicándoles con un gesto de la cabeza a sus lictores
que se lo llevaran. Al verlo, algunos senadores comenzaron a abandonar
sus puestos; al ser interrogados por César para conocer por qué se
marchaban, uno de ellos le contestó que «prefiero estar en la cárcel con
Catón, que en el Senado contigo».39


Ante ello, se vio obligado a rectificar, pero su retirada fue
puramente estratégica: llevó la campaña de su ley agraria directamente
ante los Comicios.
Roma empezó a llenarse de veteranos de Pompeyo, lo que alarmó a los
conservadores. Sin embargo, César podía hacer que fuera aprobada por el
pueblo la propuesta con fuerza de ley, pero ir contra la voluntad del
Senado era una táctica poco ortodoxa, que arruinaría su crédito entre
sus colegas y su carrera habría terminado. La estrategia de César se
desveló en la recta final de la votación: no sorprendió a nadie que la
primera persona en hablar en favor de sus veteranos fuese Pompeyo; pero
la identidad de la segunda persona que apoyó la moción fue sorpresiva: Marco Licinio Craso.
Los optimates, desbordados, vieron cómo caían todas sus esperanzas.
Juntos los tres hombres, podrían repartirse la República como gustasen.40 Los historiadores designan esta unión como el primer triunvirato, o el gobierno de los tres hombres. Para confirmar la alianza, Pompeyo se casó con Julia, la única hija de César, y a pesar de la diferencia de edades y de ambiente social, el matrimonio fue un éxito.41


Las razones por las que estas tres personalidades de la vida pública
romana decidieron unirse no deben buscarse más que en los intereses de
cada uno. Pompeyo necesitaba a César para que se aprobaran las leyes
agrarias que dotaran de tierras a sus veteranos; Craso quería un mando
proconsular que le proporcionara verdadera gloria, que no había
conseguido en su represión de la revuelta de Espartaco y César necesitaba del prestigio de Pompeyo y de los fondos de Craso para poder conseguir la provincia que ansiaba.42
Desde luego, no debe pensarse que el acercamiento de estos tres grandes
personajes de la República fuera súbito, por más que constituyera una
sorpresa para sus coetáneos, fue una maniobra política de cuya
existencia se dieron cuenta más bien gradualmente.43


Marco Bíbulo y los conservadores que lo apoyaban iniciaron una
estrategia en la retaguardia: empezaron a usar el veto para oponerse a
las propuestas de César; pero César no estaba dispuesto a que no le
dejaran legislar, y llevó sus proyectos directamente ante los Comicios,
donde se aprobaban, entre otras cosas, por el decidido apoyo físico de
los veteranos de Pompeyo.44 Sin embargo, cuando en un altercado algunos elementos del populus arrojaron una cesta de estiércol
a la cabeza de Bíbulo, éste optó por retirarse de toda la vida
política, aunque sin renunciar a su magistratura, con el pretexto de
dedicarse a la observación de los cielos en busca de presagios.45 44
Esta decisión, aparentemente de espíritu religioso, estaba destinada a
impedir a César aprobar leyes durante su consulado, pero César ignoró
sistemáticamente los augurios desfavorables que publicaba diariamente
Bíbulo y se apoyó para la toma de decisiones en los tribunos de la plebe y en los Comicios.45


Como es sabido, los romanos denominaban los años por el nombre de los dos cónsules que regían dicho período. El año 59 a. C., tras la nula participación de Bíbulo, fue llamado por los propios romanos (con sentido del humor) el "año de Julio y César".45 46


La guerra de las Galias

Tras un año difícil como cónsul, César recibió poderes proconsulares para gobernar las provincias de Galia Transalpina (actualmente el sur de Francia) e Iliria (la costa de Dalmacia)
durante cinco años, gracias al apoyo de los otros dos miembros del
triunvirato, que cumplieron con la palabra dada. A estas dos provincias
se añadió la Galia Cisalpina tras la muerte inesperada de su gobernador, Quinto Cecilio Metelo Céler.
Eran unas provincias muy buenas para alguien que, como César, y
siguiendo la típica mentalidad del procónsul romano, no tenía
intenciones de gobernar pacíficamente, pues estaba necesitado de bienes
para pagar las fabulosas sumas que adeudaba.47



El Mundo Romano antes de la Guerra de las Galias.
La oportunidad se le presentó mediante una teórica amenaza de los helvecios,
que pensaban emigrar al oeste de las Galias. Decidido a impedirlo y con
la excusa política de que se acercarían demasiado a la provincia de la
Galia Cisalpina —los helvecios querían instalarse en pago Santón, al
norte de la Aquitania— reclutó tropas e inició las operaciones bélicas que, a la postre, darían lugar a lo que más tarde se denominó Guerra de las Galias (58 a. C. - 49 a. C.),48 en la que conquistó la llamada Galia Comata o Galia melenuda (actualmente Francia, Holanda, Suiza y partes de Bélgica y Alemania), en varias campañas. César hizo una demostración de fuerza construyendo por dos veces un puente sobre el Rin e invadiendo en dos ocasiones Germania sin intención de conquistarla, e hizo otro alarde de fortaleza cruzando el Canal de la Mancha también por dos veces hacia las Islas Británicas, si bien es cierto que estas dos incursiones tenían un sentido más estratégico que colonial.49


Entre sus legados (comandantes de legión) se contaban sus primos Lucio Julio César y Marco Antonio, Marco Licinio Craso, hijo de su compañero de triunvirato, así como Tito Labieno, cliente de Pompeyo, y Quinto Tulio Cicerón, el hermano más joven de Marco Tulio Cicerón, todos hombres que habrían de ser personajes importantes en los años siguientes.


En materia de tácticas, Julio César usó con gran resultado lo que se conoció como celeritas caesaris, o «rapidez cesariana» (que puede comparase, salvando las distancias, a la denominada guerra relámpago
del siglo XX), aparte de su genio militar tanto en batallas campales
como en asedio de ciudades. Además, supo conjugar sabiamente la fuerza,
la diplomacia y el manejo de las rencillas internas de las tribus galas, para separarlas y vencerlas.50 51



Vercingétorix depone sus armas a los pies de César. Cuadro de Lionel Royer, c. 1899.
César derrotó a pueblos como los helvecios en 58 a. C., a la confederación belga y a los nervios en 57 a. C. y a los vénetos en 56 a. C. Finalmente, en 52 a. C., César venció a una confederación de tribus galas lideradas por Vercingétorix en la batalla de Alesia. Sus crónicas personales de la campaña están registradas en sus Comentarios a la Guerra de las Galias (De Bello Gallico).


De acuerdo con Plutarco,
la guerra se cerró con un balance de 800 ciudades tomadas (como la de
Avarico, en la cual, de los 40.000 defensores, solo quedaron 800), 300
tribus sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y otros tres millones muertos en los campos de batalla. Plinio habla de 1.192.000 muertos y más o menos los mismos prisioneros y Veleyo Patérculo
dice que murieron 400.000 galos y muchos más fueron tomados
prisioneros, aunque las cifras de los antiguos historiadores deben
tomarse con mucha precaución, incluidas las del propio Julio César.52 53


Utilizó en varias ocasiones la táctica de sorprender al enemigo
apareciendo ante él como por ensalmo y, a despecho de los días de
marcha, hacía que sus soldados se enfrentasen directamente con el
adversario, pese a que éste consideraba que el cansancio invalidaría el
empuje de sus legiones. Fue igualmente brillante en los asedios de
ciudades, llegando al culmen en el sitio de Alesia,
en donde ordenó construir una doble línea de fortificaciones de varios
kilómetros de extensión, para blindarse frente a los casi trescientos
mil galos que intentaban ayudar a los ochenta mil soldados de Vercingetórix
asediados, a los que César tenía acosados dentro de la plaza fuerte.
César, con menos de cincuenta mil efectivos correspondientes a diez
legiones nunca completas tras ocho años de guerras en las Galias, venció
a unos y a otros en la misma batalla en la que se decidió el destino de
los galos.50


Crisis política


El Mundo Romano tras las conquistas de César.
Pero a pesar de sus éxitos y de los beneficios que la conquista de
Galia llevó a Roma, César continuaba siendo impopular entre sus pares,
en particular entre los conservadores que temían su ambición.


En el 56 a. C.,
el triunvirato se tambaleaba, pues Pompeyo no se fiaba de Craso y creía
que era el que mantenía en la sombra a Clodio y sus secuaces, que
estaban sembrando la violencia en Roma.54 Ante esta situación, que amenazaba su proconsulado, César convocó a una reunión a sus dos aliados en la ciudad de Lucca, pues él no podía ir a Roma sin renunciar a su imperium.
Al parecer, a dicho encuentro no sólo asistieron ellos sino unos
doscientos senadores (las dos terceras partes del Senado); en este
concilio se acordó que tanto Pompeyo como Craso se presentaran al
consulado al año siguiente y que, una vez cónsules, promulgarían una ley
por la que el proconsulado de César se alargaría cinco años más. Este
pacto se conoce en la Historia como el «Convenio de Lucca».55 Al año siguiente, como era de prever, sus aliados Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso fueron elegidos cónsules y honraron el acuerdo establecido con César.


Sin embargo, en 54 a. C., Julia murió durante un parto, dejando al padre y marido muy apenados. Marco Licinio Craso, por su parte, murió en el 53 a. C. en la Batalla de Carrhae, frente a los partos, durante la desastrosa campaña de Persia,
condenada al fracaso desde el inicio por una pésima planificación.
Todavía en la Galia, César trató de asegurarse la alianza con Cneo Pompeyo Magno proponiéndole matrimonio con una de sus sobrinas, pero éste prefirió casarse de nuevo con Cornelia Metela, hija de Quinto Cecilio Metelo Escipión, perteneciente a la facción optimate.


El desastre de la Batalla de Carrhae en el que Craso murió con sus legiones al enfrentarse a los partos y la muerte de Julia acabó por romper el triunvirato. Días después, tras la victoria de César en la Alesia, Celio, como tribuno,
lanzó una propuesta de ley adicional: César sería dispensado de la
obligación de acudir a Roma para presentar su candidatura al consulado.
Esta medida suponía que los opositores y enemigos de César que
pretendían procesarle por los supuestos crímenes de su primer consulado
perderían toda posibilidad de juzgarle, puesto que César en ningún
momento dejaría de desempeñar una magistratura. Mientras fuese
procónsul, César tendría inmunidad judicial, pero si se veía obligado a
entrar en Roma para presentarse al consulado perdería su cargo y,
durante un tiempo, podría ser atacado con toda una batería de demandas
de sus enemigos.56


El poder de César era visto por muchos senadores conservadores como
una amenaza. Si César regresaba a Roma como cónsul, no tendría problemas
para hacer que se aprobaran leyes que concediesen tierras a sus
veteranos, y a él una reserva de tropas que superase o rivalizase con
las de Pompeyo. Catón
y los enemigos de César se opusieron frontalmente, con lo que el Senado
se vio envuelto en largas discusiones sobre el número de legiones que
debería de tener bajo su mando y sobre quién debería ser el futuro
gobernador de la Galia Cisalpina e Iliria.



Estatua de Cneo Pompeyo Magno en la Villa Arconati, Italia.
Pompeyo finalmente se decantó por favorecer a los tradicionalistas y
emitió un veredicto claro: César debía abandonar su mando la primavera
siguiente, cuando faltaban todavía meses para las elecciones al
consulado, tiempo más que suficiente para juzgarle.57 Sin embargo, en las siguientes elecciones para tribuno de la plebe fue elegido Curio, que se reveló como cesariano,
y vetó todos los intentos de apartar a César de su mando en las Galias.
Jurídicamente, todos los intentos consulares de apartar a César de sus
tropas se veían anulados por la tribunicia potestas.


A finales del mismo año, César acampó en Rávena con la XIII legión. Pompeyo tomó el mando de dos legiones en Capua
y empezó a reclutar levas ilegalmente, un acto que, como era
predecible, aprovecharon los cesarianos en su favor. César fue informado
de las acciones de Pompeyo personalmente por Curio, que en esos
momentos ya había finalizado su mandato. Mientras tanto, su puesto de
tribuno fue ocupado por Marco Antonio, que lo desempeñó hasta diciembre.


Pero cuando el Senado le contestó definitivamente impidiéndole
concurrir al consulado y poniéndole en la disyuntiva de licenciar a sus
legiones o ser declarado enemigo público, comprendió que, escogiera la
alternativa que escogiera, se entregaba inerme en manos de sus enemigos
políticos. El 1 de enero de 49 a. C., Marco Antonio
leyó una carta de César en el Senado, en la cual el procónsul se
declaraba amigo de la paz. Tras una larga lista de sus muchas gestas,
propuso que tanto él como Pompeyo renunciaran al mismo tiempo a sus mandos. El Senado ocultó este mensaje a la opinión pública.58


Metelo Escipión
dictó una fecha para la cual César debería haber abandonado el mando de
sus legiones o considerarse enemigo de la República. La moción se
sometió inmediatamente a votación. Sólo dos senadores se opusieron, Curio y Celio.
Marco Antonio, como tribuno, vetó la propuesta para impedir que se
convirtiera en ley. Tras el veto de Marco Antonio a la moción que
obligaba a César a abandonar su cargo de gobernador de las Galias,
Pompeyo notificó no poder garantizar la seguridad de los tribunos. Antonio, Celio y Curio se vieron forzados a abandonar Roma disfrazados como esclavos, acosados por las bandas callejeras.


El 7 de enero, el Senado proclamó el estado de emergencia y concedió a Pompeyo poderes excepcionales, nombrándole cónsul sine collega. Catón y Marcelo instaron al Senado a que pronunciara la famosa frase


Caveant consules ne quid detrimenti res publica capiat (Cuiden los cónsules que la república no sufra daño alguno).


que equivalía a dictar la ley marcial, e instaron a Pompeyo a trasladar inmediatamente sus tropas a Roma. La crisis había llegado a su punto álgido.59


Guerra civil

En vista del cariz que tomaban los acontecimientos, César arengó a una de sus legiones, la decimotercera,
y les explicó a sus componenetes la situación preguntándoles si estaban
dispuestos a enfrentarse con Roma en una guerra donde serían
calificados de traidores en caso de perderla. Los legionarios
respondieron a la arenga de su general con la decisión de acompañarlo.60 61



Entre el 7 y el 14 de enero de 49 a. C. —muy probablemente el 10 de enero—,62
César recibió la noticia de la concesión de los poderes excepcionales a
Pompeyo, e inmediatamente ordenó que un pequeño contingente de tropas
cruzara la frontera hacia el sur y tomara la ciudad más cercana. Al
anochecer, junto con la Legio XIII Gemina, César avanzó hasta el Rubicón,
la frontera entre la provincia de la Galia Cisalpina e Italia y, tras
un momento de duda, dio a sus legionarios la orden de avanzar. Algunas
fuentes han sugerido que fue entonces cuando pronunció el famoso: «Alea iacta est».63


Cuando los optimates conocieron la noticia, abandonaron la
ciudad declarando enemigo de Roma a todo aquel que se quedase en ella.
Luego, marcharon hacia el sur, sin saber que César estaba acompañado
sólo por su decimotercera legión.64 César persiguió a Pompeyo hasta el puerto de Brundisium en el sur de Italia, con alguna esperanza de poder rehacer su alianza, pero éste se replegó hacia Grecia
con sus seguidores. Entonces, hubo de tomar una decisión: o perseguía a
Pompeyo hasta Grecia, dejando sus espaldas desguarnecidas y expuestas a
un ataque por parte de las legiones pompeyanas establecidas en Hispania
o, dejando organizarse a Pompeyo en Grecia, se dirigía a Hispania para
asegurar su retaguardia.64


Tras ponderar la situación, César se dirigió a Hispania
en una marcha forzada de apenas 27 días, para derrotar a los seguidores
de Pompeyo en esa poderosa provincia. Allí había establecidas varias
legiones al mando de legados pro-pompeyanos, a lo que había que añadir
que la generalidad de las poblaciones autóctonas habían jurado fidelidad
al propio Pompeyo (que seguía siendo Procónsul de esa provincia). Tras
varias escaramuzas y batallas, César se midió contra sus enemigos en la Batalla de Ilerda, cerca de la actual Lérida, donde los derrotó definitivamente.65


Sólo cuando consideró segura la retaguardia, y después de organizar las instituciones políticas en Roma, que había caído en la anarquía, César se dirigió a Grecia. El 10 de julio de 48 a. C., César fue derrotado en la Batalla de Dirraquium.
Sin embargo, Pompeyo no supo o no pudo aprovechar esta victoria para
acabar con César, y éste consiguió huir con su ejército casi intacto
para luchar en otro momento. El encuentro final se dio poco después, el 9 de agosto, en la Batalla de Farsalia.66 César obtuvo una victoria aplastante, gracias a un ardid táctico. Sin embargo, sus enemigos políticos consiguieron huir: Cneo Pompeyo Magno partió hacia Rodas y de ahí a Egipto; Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón marcharon hacia el norte de África.


De regreso a Roma, fue nombrado dictador, con Marco Antonio como Magister equitum, y fue, junto a Publio Servilio Vatia Isaúrico como colega junior, electo cónsul por segunda vez.



Cleopatra y César, pintura de 1866 de Jean-Léon Gérôme.
En 47 a. C., César se dirigió a Egipto
en busca de Pompeyo, pero le sorprendió el hecho de que el viejo aliado
y enemigo había sido asesinado el año anterior. Al saber de su suerte,
César quedó apenado por su asesinato y por haber perdido la oportunidad
de ofrecerle su perdón.67 Tal vez debido a esto y a los intereses de Roma en Egipto, César decidió intervenir en la política egipcia y substituyó al rey Ptolomeo XIII de Egipto, que ya tenía la dignidad de faraón, por su hermana Cleopatra
que creía más afín a Roma. Durante su estancia, quemó sus naves para
evitar que las usaran en su contra, lo que provocó el incendio de un
almacén de libros anexo a la Biblioteca de Alejandría. César tuvo un romance con la reina de Egipto y de la relación parece que nació un niño, el futuro Ptolomeo XV de Egipto (Cesarión), que sería el último faraón de Egipto, si bien César nunca llegó a reconocerlo oficialmente como hijo suyo.68


Después de las campañas de Egipto, César se dirigió al Asia Menor, donde derrotó a Farnaces rey del Ponto en la Batalla de Zela, tras la que pronunció la famosa frase: «Veni, vidi, vici».69 Después se dirigió al norte de África para atacar a los líderes de la facción conservadora allí refugiados. En la Batalla de Tapso en 46 a. C., César obtuvo una victoria más y vio desaparecer a dos de sus más encarnizados enemigos: Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón. Pero los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto Pompeyo Fastulos, así como su antiguo legado principal en las Galias, Tito Labieno, consiguieron huir a las provincias de Hispania.70


Tras la victoria

César regresó a Roma a finales de julio de 46 a. C.
La victoria total de su facción dotó a César de un poder enorme y el
Senado se apresuró a legitimar su victoria nombrándolo dictador por
tercera vez en la primavera del 46 a. C., por un plazo sin precedentes de diez años.


En septiembre, celebró sus triunfos, ofreciendo cuatro desfiles triunfales que se desarrollaron entre el día 21 de septiembre y el día 2 de octubre.71
Galos, egipcios, asiáticos y africanos desfilaron encadenados ante la
multitud, mientras jirafas, carros de guerra britanos y batallas en
lagos artificiales dejaban boquiabiertos a sus conciudadanos. La guerra
entre romanos fue enmascarada por las victorias contra extranjeros y las
celebraciones no tuvieron precedentes en sus dimensiones y duración.



Lictores. Cada cónsul iba precedido por doce y el dictador por veinticuatro.
Durante las celebraciones fue ejecutado ritualmente Vercingetórix,
que había permanecido en una cárcel de plata desde su captura después
de Alesia; en ese mismo desfile, se rompió el eje de su carroza y estuvo
a punto de caer al suelo. El desfile triunfal contra Farnaces II, contó con una carroza que portaba el lema «Veni, vidi, vici».69 72


César no olvidó recompensar a sus tropas, y así entregó a cada legionario cinco mil denarios (el equivalente a lo que ganarían en los 16 años de servicio obligatorio), a cada centurión, diez mil y a cada tribuno y prefecto,
veinte mil denarios. Además les asignó también terrenos, aunque no
cercanos a Roma, para no despojar a ciudadanos y establecer así colonias romanas en territorios recientemente conquistados. Distribuyó al pueblo diez modios
de trigo por cabeza y otras tantas libras de aceite con 300 sestercios,
en cumplimiento de una antigua promesa que le había hecho, a los cuales
agregó 100 más por la demora. Rebajó el alquiler de las casas: en Roma
hasta la suma de 2.000 sestercios, en el resto de Italia hasta
quinientos. A todo ello añadió la distribución de carnes, y después del
triunfo sobre Hispania
dos festines públicos, y no considerando el primero bastante digno de
sus magnificencias, el que ofreció cinco días después fue mucho más
abundante.73
Dio también espectáculos de varios tipos, incluyendo combates de
gladiadores y comedias en todos los barrios de la ciudad, que
desempeñaron actores de todas las naciones y en todos los idiomas.
Juegos en el circo, atletas y una naumaquia completaron el programa.74


En el Foro, combatieron entre los gladiadores Furio Leptino, en cuya familia figuraban pretores, y Quinto Calpeno, que había formado parte del Senado y defendido causas delante del pueblo. Los hijos de muchos príncipes de Asia y de Bitinia bailaron la pírrica. El ciudadano romano Décimo Liberio representó en los juegos un mimo de su composición, recibiendo quinientos mil sestercios y un anillo de oro y pasó después desde la escena, por la orquesta, a sentarse entre los equites.74



Recreación moderna de una lucha de gladiadores.
En el Circo se ensanchó la arena por ambos lados; abrieron alrededor
un foso, que llenaron de agua, y jóvenes nobilísimos corrieron en aquel
recinto cuadrigas y bigas,
o saltaron en caballos adiestrados al efecto. Niños divididos en dos
bandos, según la diferencia de edad, ejecutaron los juegos llamados
troyanos. Se dieron 5 días de combates de fieras, y finalmente se dio
una batalla entre dos ejércitos: cada uno comprendía 500 infantes, 30
jinetes y 20 elefantes. Con objeto de dejar a las tropas mayor espacio,
habían quitado las barreras del circo, formando a cada extremo un
campamento.74


Durante 3 días lucharon atletas en un estadio construido expresamente en las inmediaciones del Campo de Marte. Se hizo un lago en la Codeta menor (un lugar del otro lado del Tíber)
y allí trabaron combate naval: birremes, trirremes, cuatrirremes,
figurando dos flotas, una tiria y otra egipcia, cargadas de soldados. El
anuncio de estos espectáculos había atraído a Roma a una gran cantidad
de forasteros, cuya mayor parte durmió en tiendas de campaña, en las
calles y las plazas, y muchas personas, entre ellas dos senadores,
fueron aplastadas o asfixiadas por la multitud.74


En el invierno del año 46 a. C.,
estalló una nueva rebelión en Hispania, liderada por los hijos de
Pompeyo. Usando la antigua influencia de su padre y los recursos de la
provincia, los hermanos Pompeyo y Tito Labieno
consiguieron reunir un nuevo ejército de trece legiones compuestas por
los restos del ejército constituido en África, las dos legiones de
veteranos, una legión de ciudadanos romanos de Hispania, y el
alistamiento de la población local. A finales del 46 a. C. tomaron el control de casi toda Hispania Ulterior, incluyendo las colonias romanas de Itálica y de Corduba,
la capital de la provincia. César, ante el peligro, regresó a Hispania y
tras algunas escaramuzas, los derrotó finalmente en la Batalla de Munda.


Mención aparte merece la actividad constructiva de César, que durante
su dictadura emprendió numerosos proyectos de reforma de los edificios
públicos de Roma y creó otros muchos nuevos, en general en torno al campo de Marte y el nuevo complejo del Foro. Cabe destacar entre ellos, el Foro Julio o Foro de César, construido en 46 a. C. en las pendientes del Capitolio
y finalizado por Augusto; en el centro de la plaza se alzaba la estatua
ecuestre de César, ante el templo de su divina antepasada, Venus Genetrix,
obra destacada igualmente. En dicho templo se encontraba la estatua de
la diosa, instalada en el ábside del templo, y que era obra de
Arcesilas, cuyos bocetos alcanzaban según Plinio precios astronómicos.75


El poder absoluto

Debe señalarse que no está históricamente demostrado que la intención de César fuera proclamarse rey; y, de haber querido serlo, no puede saberse qué tipo de rey, si un rex a la manera etrusca, como lo habían sido Servio Tulio o Lucio Tarquinio Prisco, uno a semejanza del faraón egipcio o, simplemente, al estilo de los "Basileus"
helénicos. Lo cierto es que un análisis ponderado de los hechos, según
nos han llegado de las fuentes, parece indicar que pensaba en instaurar
un régimen autocrático de algún tipo, o, al menos, lo pensaban en las
esferas más cercanas a él.76



Denario cesariano del año 44 a. C. En el anverso, el busto de César laureado y la leyenda CAESAR IM P M; en el reverso, la diosa Venus portando un cetro y a Victoria y la leyenda L AEMILIVS BVCA.
César, después de vencer tras el último intento de los pompeyanos
(dirigido por Cneo Pompeyo, hijo de Pompeyo Magno) se mostró
desconfiado, pensando en la posibilidad de un inminente intento de
asesinato. Muestra de ello es que en diciembre del año 45 a. C., en vísperas de las Saturnales, fue a pasar unos días con el suegro de Gayo Octavio (su sobrino nieto) en la residencia que éste poseía cerca de Puteoli (hoy Pozzuoli) e hizo que lo acompañara una escolta de 2000 hombres.


Cicerón, cuya villa colindaba con la de Lucio Marcio Filipo,
había pedido a César que le hiciera el honor de cenar con él. El
dictador aceptó. Los sucesos de aquella noche quedaron registrados en
una célebre carta de Marco Tulio Cicerón a Tito Pomponio Ático.
Según Cicerón, César llegó a la villa acompañado de toda la guardia.
Tres salones especiales recibieron al séquito de César. La cena fue un
gran éxito. "Como él [César] se había purgado", precisa Marco Tulio Cicerón,
"bebió y comió con tanto apetito como energía". César se mostró
conversador brillante e ingenioso. "Por otra parte", añade su anfitrión,
"ni una palabra de asuntos serios. Conversación enteramente literaria".
Al día siguiente, 20 de diciembre, partió a Roma.77


El Senado
había aprovechado la ausencia de César para votar en bloque los
decretos relativos a los honores que le eran conferidos. "Así", explica Dión Casio,
"esta labor no debía parecer el resultado de una coacción, sino la
expresión de su libre voluntad". Cuando César estaba ya de regreso en
Roma, antes de colocar los decretos a los pies de Júpiter Capitolino
como era tradicional, los senadores decidieron presentárselos
personalmente. De este modo, se subrayaba aún más la importancia del
homenaje que el Senado le rendía.78


César estaba en el vestíbulo del templo de Venus Genetrix, ocupado en
discutir los planos de los trabajos que los arquitectos y artistas
habían venido a someterle. Cuando se le anunció que el Senado in corpore
había venido a verlo, precedido de los magistrados en ejercicio y de
una multitud de ciudadanos de diversos rangos, hizo como que no le daba
importancia alguna y continuó, sin interrumpirla, la conversación con
sus colaboradores.78



La Curia Julia, lugar de reunión del Senado Romano, mandada edificar por César durante su dictadura pero terminada por Octavio Augusto, tras la destrucción de la Curia Hostilia, por los seguidores de Clodio.
Uno de los senadores se adelantó para pronunciar un discurso
apropiado a las circunstancias. Entonces César se volvió hacia él y se
preparó a escucharlo, sin dignarse siquiera a levantarse de su asiento.
Probablemente, se trataba de poner en evidencia su disgusto con la
afrenta que le infligió el tribuno Aquila tres meses antes. Asimismo, su
respuesta dejó anonadados a los senadores: En vez de alargar la lista
de honores a él acordados, insistió más bien en reducirlos... Pero no
obstante los aceptó. Esta actitud produjo una tremenda indignación entre
los miembros del Senado y en la multitud que asistió a esta solemnidad.78


César no se limitó a aceptar las distinciones honoríficas con las que
lo había colmado el Senado, sino que, al mismo tiempo supo apoderarse
de múltiples prerrogativas de un carácter más realista que le
permitieron reunir en sus manos la totalidad del poder gubernamental.
Exigió y obtuvo que todos sus actos fuesen ratificados por el Senado,
los funcionarios públicos fueron obligados a prestar juramento, desde su
entrada en funciones, de no oponerse jamás a medida alguna emanada de
él y se hizo atribuir los privilegios de los tribunos de la plebe, con
lo que obtuvo la tribunicia potestas y la inmunidad sacrosanta que los distinguía.78


Como consecuencia, el Senado perdía su poder, permaneciendo como una
asamblea consultiva que aprobaba resoluciones, resoluciones que el
dictador podía pasar por alto, sin dar siquiera una explicación para
hacerlo. En lo sucesivo sería César quien tendría el derecho exclusivo
de disponer de las finanzas del estado, y quien prepararía la lista de
los candidatos al consulado y demás magistraturas.79


Así, de hecho, ya poseía todos los poderes de un monarca. No le
faltaba más que el título. A este respecto, empezó una propaganda
insinuante emprendida por ciertos agentes para preparar a la opinión
pública, que era muy hostil a la idea de volver a la monarquía. Sus
enemigos esperaban poder arruinarlo más fácilmente explotando su
ambición y se organizaron para actuar. Como resultado, seguiría una
guerra solapada pero implacable.


Ésta comenzó cuando la estatua de oro que acababa de ser erigida de
César en la rostra, fue coronada con una diadema portando una cintilla
blanca, distinción de la realeza. Se trataba de una primera tentativa,
todavía muy discreta, de sondear el terreno y simular un deseo popular
en favor de la coronación de César como rey. Dos tribunos del pueblo
ordenaron arrancar la diadema y lanzarla lejos, hecho esto simularon
erigirse en defensores de la reputación cívica de César.80


En los últimos días de enero tenían lugar en el Monte Albano, en las cercanías de Roma, las tradicionales fiestas latinas. César estaba llamado a asistir bien como Pontífice Máximo o como dictador. Optó por esta última calidad, lo cual le permitía, usando el privilegio que le había concedido el Senado,
figurar en estas ceremonias vistiendo la toga púrpura y calzando las
altas botas rojas. Al concluir las fiestas, César hizo su entrada en
Roma a caballo. En medio de la multitud que lo esperaba, y desde que se
le vio aparecer, resonaron aclamaciones, escuchándose voces que lo
saludaban con el título de rey, quizá provenientes de satélites
debidamente aleccionados. Inmediatamente el partido opuesto intervino y
se escucharon exclamaciones de protesta. César salvó la situación
respondiendo: «Mi nombre es César y no Rex», lo cual, en rigor, podría
interpretarse como que él sólo veía en los saludos de que era objeto una
alusión a su parentesco con la gens Marcci Reges, a la que pertenecía su madre.81



César rechaza la diadema (obra de 1894), cuando fue ofrecida por Marco Antonio durante la fiesta de las Lupercales.
Otro acto estaba previsto para el 15 de febrero, día de las fiestas Lupercales.
Para asistir a ellas César usó el mismo ropaje que había usado en las
fiestas latinas y ocupó un sitial de oro sito en medio de la tribuna de
las arengas, delante del cual debía pasar la procesión conducida por Marco Antonio. Junto al dictador se situó el cuerpo de magistrados en ejercicio: su jefe de caballería Marco Emilio Lépido,
los pretores, los ediles, etc. Mientras desfilaba delante de la tribuna
el colegio de sacerdotes Julianos, uno de ellos, Licinio, apareció a
nivel del estrado y depositó a los pies de César una corona de laurel
entrelazada con la cintilla de la diadema real, momento en que
estallaron los aplausos. Entonces Licinio subió a la tribuna y puso la
corona sobre la cabeza de César que hizo un gesto de protesta y se
dirigió a Lépido para que lo ayudara, pero éste no hizo nada.80


Gayo Casio Longino,
se adelantó y, quitando la corona de la cabeza de César, la puso sobre
sus rodillas, pero César la rechazó. En el último minuto, Marco Antonio
trató de componer las cosas. Escaló la rostra, se apoderó de la corona y
la colocó de nuevo sobre la cabeza del dictador, pero César esta vez se
quitó él mismo la corona y la arrojó lejos de sí. Esto le valió los
aplausos de la multitud, pero algunos espectadores le pidieron que
aceptara la ofrenda del pueblo.80 Marco Antonio aprovechó el momento para recoger el emblema, tratando de ceñírselo de nuevo y se escucharon gritos de ¡Salud, oh rey!,
pero con ellos se mezclaban protestas indignadas. César se quitó la
corona y ordenó llevarla al templo de Júpiter «donde será mejor
colocada», y requirió al redactor de los actos públicos que hiciera
constar allí «que habiéndole ofrecido el pueblo la realeza de manos del
cónsul, él la había rechazado».82


Mientras tanto, se recurrió a los libros sibilinos que, habiendo sido consumidos por las llamas en tiempos de Lucio Cornelio Sila,
habían sido reemplazados desde entonces por copias espurias. Los
encargados de la custodia de dichos libros anunciaron que ciertos
pasajes dejaban entender que los ejércitos romanos no obtendrían la
victoria sobre los partos
en la guerra que iba a comenzar de un momento a otro, hasta que
estuviesen mandados por un rey. Pronto circuló en Roma el rumor que en
la próxima sesión del Senado, que debía tener lugar el 15 de marzo, el quindecenviro Lucio Aurelio Cotta, tío del dictador, tomaría la palabra para proponer que fuese conferido el título de rey a su sobrino.83


Proyectada campaña contra Partia y Dacia

César, poco antes de su muerte, había proyectado dos campañas militares: una contra el reino dacio de Berebistas y otra contra el Imperio parto de Orodes II.84 No había dudas que ambos pueblos representaban un peligro potencial para el poderío romano,85 86
sin embargo, no puede olvidarse que una guerra de conquista de tal
magnitud nacía más por un deseo de dominar el mundo. Ahora César se
sentía invencible y deseaba emular a Alejandro Magno conquistando el Oriente. También podía estar motivado simplemente en la búsqueda de venganza por la derrota y muerte de Craso.84 87 Así es como dos historiadores de la Antigüedad describían su ambición:


Sus continuadas victorias no fueron parte para que su grandeza de
ánimo y su ambición se contentaran con disfrutar de lo ya alcanzado,
sino que, siendo un incentivo y aliciente para lo futuro, produjeron
designios de mayores empresas y el amor de una gloria nueva, como que ya
se había saciado de la presente; así, su pasión no era entonces otra
cosa que una emulación consigo mismo, como pudiera ser con otro, y una
contienda de sus hazañas futuras con las anteriormente ejecutadas.
Meditaba, pues, y preparaba hacer la guerra a los Partos, y vencidos
éstos por la Hircania, rodeando el mar Caspio y el Cáucaso, pasar al
Ponto, invadir la Escitia y, recorriendo luego las regiones vecinas a la
Germania y la Germania misma, por las Galias volver a Italia y cerrar
este círculo de la dominación romana con el Océano, que por todas partes
la circunscribe.88


César concibió la idea de una larga campaña contra los getas
[dacios de Berebistas] y los partos. Los getas son una nación que ama
la guerra y una nación vecina que iban a ser atacados primero, los
partos tenían que ser castigados por la traición usada contra Craso…89


Ya en el otoño del año 45 a. C. César comenzó con intensos preparativos para la guerra90 y a establecer su control político sobre los tribunos, ya que se esperaba una larga ausencia del dictador.91 92 En Apolonia de Iliria se estaba concentrando un enorme ejército de dieciséis legiones y diez mil jinetes89 (en total unos noventa mil hombres)93 y se esperaba que la campaña comenzaría en la primavera del 44 a. C., tres días después del Idus de marzo. Con la muerte de César el proyecto se canceló, aunque Marco Antonio intentaría continuarlo sin éxito años más tarde y sería en parte completado por Trajano con las Guerras Dacias y con la anexión de Mesopotamia.


Complot y asesinato


No es posible saber con certeza qué condiciones fueron las que
llevaron a un grupo de senadores a pensar en el asesinato de César. Los
intentos de establecer un régimen autocrático sin duda tuvieron mucho
que ver, pero no se puede descartar que hubiera otras motivaciones no
tan nobles.


El solo hecho de que un número relativamente alto de senadores
estuviera dispuesto a participar en el complot y a matar a César en el
propio senado —lo que constituía un sacrilegio— da muestra del estado de cosas al que se había llegado.


La conspiración

Los últimos acontecimientos acaecidos y, en particular, el rumor de lo que se preparaba para el 15 de marzo en el Senado, motivaron que lo que quedaba de la facción optimate y, entre ellos, Gayo Casio Longino,
decidiesen pasar a la acción. Gayo Casio Longino se dirigió a algunos
hombres en los que creía poder confiar, y que a su juicio compartían su
idea de dar muerte al dictador librando así a Roma del destino que él
creía que le esperaba: un nuevo imperio cosmopolita, dirigido desde Alejandría.94


Sin embargo, Gayo Casio Longino no era probablemente el hombre
adecuado para ser la cabeza visible de este tipo de acción, y se acordó
tantear a Marco Junio Bruto, considerado como el personaje indicado para este papel.95


Se especula que, tras una serie de reuniones, ambos estaban de
acuerdo en que la libertad de la República estaba en juego, pero no
tenían los mismos puntos de vista de cómo actuar; Marco Junio Bruto no
pensaba asistir al Senado el día 15, sino que abogaba por la protesta
pasiva (la abstención); pero Gayo Casio Longino le replicó que como
ambos eran pretores, podían obligarlos a asistir. Entonces respondió
Bruto: «En ese caso, mi deber será, no callarme, sino oponerme al proyecto de ley,
y morir antes de ver expirar la libertad». Gayo Casio Longino rechazó
de lleno esta solución, pues entendía que no era dándose muerte como se
iba a salvar la República, y lo exhortó a la lucha, a pasar a la acción. Su elocuencia terminó por convencer a su interlocutor.96


El nombre de Marco Junio Bruto atrajo varias adhesiones valiosas, no en vano se decía descendiente de aquel otro Bruto (Lucio Junio Bruto) que había dirigido la expulsión del último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio en 509 a. C.; entre otras adhesiones a la trama, se produjo la de Décimo Junio Bruto Albino,
un familiar del dictador, en quien éste tenía entera confianza. En
total, el número de los conjurados parece haber sido de unos sesenta.
Durante las reuniones preliminares se elaboró un plan de acción. Se
decidió por unanimidad atentar contra César en pleno Senado.
De este modo, se esperaba que su muerte no pareciera una emboscada,
sino un acto para la salvación de la patria, y que los senadores,
testigos del asesinato, inmediatamente declararían su solidaridad.97
Los planes de los conjurados no solamente preveían el asesinato de
César, sino que además deseaban arrastrar su cadáver al Tíber, adjudicar
sus bienes al Estado y anular sus disposiciones.98


Hay que tener en cuenta que las motivaciones de los magnicidas eran
muy heterogéneas, ya que los había movidos por un auténtico sentido de
salvación de la República. A éstos se les habían unido otras personas
movidas por el rencor, la envidia, o por la idea de que si César
acaparaba las magistraturas, a ellos no les tocaría nunca llegar al
poder.99


También es de señalar que muchos de los conspiradores eran ex
pompeyanos reconocidos, a los que César había perdonado la vida y la
hacienda, incluso confiando en ellos para la administración del Estado
(Casio y Bruto fueron gobernadores provinciales, nombrados por César).100


El magnicidio


Muerte de César, de Jean-Léon Gérôme, 1867.
En los idus de marzo del año 44 a. C.,
un grupo de senadores, pertenecientes a la conspiración arriba citada,
convocó a César al Foro para leerle una petición, escrita por ellos, con
el fin de devolver el poder efectivo al Senado. Marco Antonio, que
había tenido noticias difusas de la posibilidad del complot a través de Servilio Casca, temiendo lo peor, corrió al Foro e intentó parar a César en las escaleras, antes de que entrara a la reunión del Senado.101


Pero el grupo de conspiradores interceptó a César justo al pasar al Teatro de Pompeyo, donde se reunía la curia
romana, y lo condujo a una habitación anexa al pórtico este, donde le
entregaron la petición. Cuando el dictador la comenzó a leer, Tulio Cimber, que se la había entregado, tiró de su túnica, provocando que César le espetara furiosamente «Ista quidem vis est?» ¿Qué clase de violencia es esta? (no debe olvidarse que César, al contar con la sacrosantidad de la tribunicia potestas, y, por ser Pontifex Maximus, era jurídicamente intocable). En ese momento, el mencionado Casca, sacando una daga,
le asestó un corte en el cuello; el agredido se volvió rápidamente y,
clavando su punzón de escritura en el brazo de su agresor,102 le dijo: «¿Qué haces, Casca, villano?», pues era sacrilegio portar armas dentro de las reuniones del Senado.103 104


Casca, asustado, gritó en griego «ἀδελφέ, βοήθει!», («adelphe, boethei!» = ¡Socorro, hermanos!), y, en respuesta a esa petición, todos se lanzaron sobre el dictador, incluido Marco Junio Bruto.104 105
César, entonces, intentó salir del edificio para recabar ayuda, pero,
cegado por la sangre, tropezó y cayó. Los conspiradores continuaron con
su agresión, mientras aquél yacía indefenso en las escaleras bajas del
pórtico. De acuerdo con Eutropio y Suetonio, al menos 60 senadores participaron en el magnicidio. César recibió 23 puñaladas, de las que, si creemos a Suetonio, solamente una, la segunda recibida en el tórax, fue la mortal.104


Las últimas palabras de César no están establecidas realmente, y hay
una polémica en torno a las mismas, siendo las más conocidas:


  • Καὶ σὺ τέκνον. Kai sy, teknon? (en griego: ‘¿tú también, hijo mío?’). Suetonio.106
  • Tu quoque, Brute, filii mei! (traducción al latín de la frase anterior: ‘¡Tú también, Bruto, hijo mío!’).
  • ¿Et tu, Brute? (Latín, ‘¿Tú también, Bruto?’, versión inmortalizada en la pieza de Shakespeare).107
  • Plutarco nos cuenta que no dijo nada, sino que se cubrió la cabeza con la toga tras ver a Bruto entre sus agresores.108

Tumba de Julio César en el Foro Romano.
Tras el asesinato, los conspiradores huyeron, dejando el cadáver de
César a los pies de una estatua de Pompeyo, donde quedó expuesto por un
tiempo. De allí, lo recogieron tres esclavos públicos que lo llevaron a
su casa en una litera,104 de donde Marco Antonio lo recogió y lo mostró al pueblo, que quedó conmocionado por la visión del cadáver. Poco después los soldados de la decimotercera legión,
tan unida a César, trajeron antorchas para incinerar el cuerpo de su
querido líder. Luego, los habitantes de Roma, con gran tumulto, echaron a
esa hoguera todo lo que tenían a mano para avivar más el fuego.109


La leyenda cuenta que Calpurnia,
la mujer de César, después de haber soñado con un presagio terrible,
advirtió a César de que tuviera cuidado, pero César ignoró su
advertencia diciendo: «Sólo se debe temer al miedo». En otras se cuenta cómo un vidente ciego le había prevenido contra los Idus de Marzo;
llegado el día, César le recordó divertido en las escaleras del Senado
que aún seguía vivo, a lo que el ciego respondió que los idus no habían acabado aún.110


Consecuencias del magnicidio


Cayo Julio César Octaviano, heredero de Julio César.
Las consecuencias de la muerte de César son numerosas, y no se
limitan a la guerra civil posterior. El nombre «César», por ejemplo, se
convirtió en común a todos los emperadores posteriores, debido a que
Augusto, de nombre Cayo Octavio, al ser adoptado oficialmente por el
dictador cambió su nombre por el de Cayo Julio César Octaviano; dado que
todos los emperadores posteriores a Augusto hasta Nerón fueron
adoptados, el cognomen César acabó siendo una especie de título
más que un nombre, y, así, desde Vespasiano en adelante los emperadores
lo ostentaron como tal sin haber sido adoptados por la familia César.
Tanto prestigio acumuló el cognomen que de César provienen los apelativos káiser y zar.111


Muchas de sus iniciativas quedaron en suspenso a su muerte, entre ellas:


  • La construcción de un templo a Marte, mayor que cualquier otro del mundo, rellenando hasta el nivel del suelo el lago en que ofreció la naumaquia.113
  • Reducir a justa proporción todo el derecho civil, y encerrar en
    poquísimos libros lo mejor y más indispensable del inmenso y difuso
    número de leyes existentes.113
  • Formar bibliotecas públicas griegas y latinas, lo más numerosas posible, y encargó a Marco Terencio Varrón el cuidado de adquirir y clasificar los libros.113
En el lugar de la cremación de su cadáver se construyó un altar que
serviría de epicentro para un templo a él dedicado, pues en el año 42 a. C. el Senado le deificó con el nombre de Divino Julio (Divus Iulius),114
acción que se convertiría en costumbre a partir de ese momento, con lo
que todos los emperadores desde Augusto fueron deificados a su muerte.
Esta práctica es la que, al parecer, inspiró las últimas palabras de Vespasiano, que al sentirse morir parece ser que dijo "Creo que me estoy convirtiendo en dios".115


Después de la muerte de César, estalló una lucha por el poder entre su sobrino-nieto César Augusto, a quien en su testamento había nombrado heredero universal, y Marco Antonio, que culminaría con la caída de la República y el nacimiento de una especie de Monarquía, que se ha dado en denominar Principado, con lo que la conspiración y el magnicidio se revelaron a la postre inútiles, ya que no impidieron el establecimiento de un sistema autocrático.


César el seductor

Las mujeres de la alta sociedad romana

Según el historiador latino Suetonio, César sedujo a numerosas
mujeres a lo largo de su vida y sobre todo a aquellas pertenecientes a
la alta sociedad romana.116


Según el autor, César habría seducido a Postumia, esposa de Servio Sulpicio Rufo, a Lolia (Lollia), esposa de Aulo Gabinio y a Tértula (Tertulla), esposa de Marco Licinio Craso. También parece haber frecuentado a Mucia, esposa de Pompeyo.116 Asimismo, César mantuvo relaciones con Servilia, madre de Bruto, a la que parecía apreciar especialmente.116
Así, Suetonio refiere los distintos regalos y beneficios que ofreció a
su amada, de los cuales destaca una magnífica perla con un valor de seis
millones de sestercios.116 El amor de Servilia hacia César era conocido públicamente en Roma.117 y su relación duró desde que se conocieron en 63 a.c hasta la muerte del general en 44 a.c.


La inclinación de César hacia los placeres del amor también ha sido
confirmada por los versos cantados por sus soldados con ocasión de su
triunfo en Roma por las campañas en la Galia, referidos por Suetonio:


Ciudadanos, vigilad a vuestras mujeres: traemos a un adúltero calvo

Has fornicado en Galia con el oro que tomaste prestado en Roma.118


Las reinas


Cleopatra ejerció una profunda fascinación sobre César. Cuadro Cleopatra ensaya venenos en condenados a muerte de Alexandre Cabanel.
César mantuvo relaciones amorosas con Eunoë, esposa de Bogud, rey de Mauritania.119


Sin embargo, su relación más famosa fue con Cleopatra VII. Suetonio cuenta que César remontó el Nilo con la reina egipcia119 en una nave provista de cabinas; y habría atravesado así todo Egipto y penetrado hasta Etiopía, si el ejército no se hubiese negado a seguirlos. La hizo ir a Roma colmándola de honores y de presentes.119 Para él era un buen modo de sujetar Egipto,
donde quedaban presentes tres legiones, y cuyo papel en el
aprovisionamiento de cereales para Italia empezaba a ser preponderante.
Sea como fuere, Cleopatra estuvo presente en Roma en el momento del
asesinato de César y volvió rápidamente a su país después del crimen.


César como gobernante


Senatvs Popvlvs Qve Romanvs (en español: El Senado y el pueblo romano).
Según Francisco Pina Polo, César «desarrolló una política de reconciliación nacional basada en la clemencia (clementia)
para con sus enemigos», y señala que «en la práctica, no hubo
proscripciones ni confiscaciones masivas, sino que, por el contrario,
César perdonó abiertamente a destacados pompeyanos —entre ellos Cicerón—».120


La labor de gobierno de César, como cónsul y como dictador, fue muy
amplia, pese a que el tiempo en que realmente estuvo en el poder fue
relativamente corto. Sin embargo, y como bien señala Adrian Goldsworthy,121
un análisis detallado de cada medida o posible medida que tomó sería
excesivamente extenso, pues su obra legal fue ardua; aun así, podemos
hacernos una idea de su trabajo en este campo por la lista de
disposiciones legales que se encuentra en Suetonio y otros autores:


  • Corrigió, asesorado por el astrónomo egipcio Sosígenes de Alejandría, el calendario
    en uso, en el que había tal desorden por culpa de los pontífices y por
    abuso, antiguo ya, de las intercalaciones, que las fiestas de la
    recolección no caían ya en estío, ni las vendimias en otoño. Ajustó el
    año al curso del sol, y lo compuso de 365 días, suprimiendo el mes
    intercalado y aumentando un día cada cuatro años. Para que este nuevo
    orden de cosas pudiera comenzar en las calendas
    de enero del año siguiente, añadió dos meses, entre noviembre y
    diciembre, teniendo por consiguiente este año quince meses, contando el
    antiguo intercalario que ocurría en él.122 Esta trascendental reforma, que conocemos hoy en día como Calendario juliano, consistió en que, partiendo del año 153 a. C.
    se tomó como inicio del año el 1 de enero, en lugar del tradicional 1
    de marzo, para poder planear las campañas del año con tiempo. Consta de
    365 días divididos en 12 meses, excepto los años bisiestos que tienen
    366 días, y añaden un día adicional al mes de febrero. El calendario
    juliano cuenta como bisiestos uno de cada cuatro años, incluso los
    seculares. Con este calendario se comete un error de 7,5 días cada 1000
    años. Fue el empleado en Occidente hasta finales del siglo XVI, cuando
    una nueva reforma para corregir el problema de los años bisiestos dio
    paso al moderno calendario gregoriano.
    Aun así, el calendario juliano seguirá siendo el empleado para sus
    fiestas y liturgia por las iglesias cristianas orientales y la Iglesia
    Ortodoxa.
El orden de los meses y la distribución de los días era así: januarius (31 días); februarius (28, o 29 los años bisiestos); martius (31); aprilis (30); maius (31); junius (30); julius (31) (anteriormente conocido como quintilis y llamado así en honor del propio Julio César, que había nacido durante este mes); sextilis (30) (renombrado agosto (augustus) por la misma razón en el reinado de su hijo adoptivo y sucesor Octavio Augusto); september (31); october (30); november (31); december (30)
  • Completó el Senado,
    diezmado por la guerra civil, aumentando el número de senadores a 900 y
    llenándolo de partidarios suyos, en especial caballeros (equites),
    élites provinciales, y algún que otro escriba, centurión e incluso hijo
    de liberto. Entre los más destacados y poderosos se encontraron los
    Balbos.123
  • Creó nuevos patricios, aumentó el número de pretores, de ediles, de cuestores y de magistrados inferiores, ampliando por ejemplo el vigintivirato a 26 magistrados (vigintisexviratum); rehabilitó a algunos a los que los censores habían despojado de su dignidad o condenado los jueces por cohecho. Compartió con el pueblo el derecho de elección de magistrados;
    de suerte que, exceptuando sus competidores al consulado, los demás
    candidatos los designaban por mitades, el pueblo y él. Los suyos los
    designaba en tablillas que mandaban a todas las tribus conteniendo esta
    breve inscripción: «César dictador, a tal tribu. Os recomiendo a fulano y a mengano para que obtengan su dignidad por vuestro sufragio.» Admitió a los honores a los hijos de los proscritos.124
  • Estableció la contratación a extranjeros en las legiones y creó el cargo de Imperator, que sería el comandante del ejército.124
  • Restringió el sistema judicial a dos clases de jueces, a los senadores y a los caballeros, y suprimió los tribunos del Tesoro (tribuno aurearii), que formaban la tercera jurisdicción.124
  • Hizo el censo del pueblo, no de la manera acostumbrada, ni en el
    paraje ordinario, sino por barrios y según padrones de los propietarios
    de las casas: redujo el número de aquellos a quienes suministraba trigo
    el Estado, de 320 000 a 150 000; y para que la formación de estas listas
    no pudiese ser en lo venidero causa de nuevos disturbios, decretó que
    el pretor pudiese reemplazar a los que fallecieran, por medio del sorteo, con los que no estaban inscritos.124
  • Distribuyó a 80 000 ciudadanos en las colonias de ultramar, y para
    que no quedase exhausta la población en Roma, decretó que ningún
    ciudadano mayor de 20 años y menor de 60 años, que no estuviese obligado
    por un cargo público, permaneciese más de 3 años fuera de Italia; que
    ningún hijo de senador emprendiese viajes lejanos, si no era en compañía
    o bajo el patronato de algún magistrado; y por último, que los que
    criaban ganado tuviesen entre sus pastores, por lo menos, la tercera
    parte de hombres libres en edad de pubertad.125
  • Concedió el derecho de ciudadanía a cuantos practicaban medicina en
    Roma o cultivaban las artes literarias, debiendo este favor fijarlos en
    la ciudad y atraer a otros.125

Restos del Foro de César, quien lo mandó edificar en Roma durante su dictadura.
  • En cuanto a las deudas, en vez de conceder la abolición, con afán
    esperada y reclamada sin cesar, decretó que los deudores pagarían según
    la estimación de sus propiedades y conforme al precio de estos bienes
    antes de la guerra civil, y que se deduciría del capital todo lo que se
    hubiese pagado en dinero o en promesas escritas a título de usura, con cuya disposición desaparecería cerca de la cuarta parte de las deudas.125
  • Disolvió todas las asociaciones, exceptuando aquellas que tenían origen en los primeros tiempos de Roma.125
  • Aumentó la penalidad en cuanto a los crímenes, y como los ricos los
    cometían sin perder nada de su caudal, decretó contra los parricidas la
    confiscación completa y contra los criminales la de la mitad de sus
    bienes.125
  • Declaró nulo el matrimonio de un antiguo pretor que se había casado
    con una mujer al segundo día de separada de su marido, aunque no se la
    sospechara de adulterio.126
  • Estableció impuestos sobre las mercancías extranjeras. Mandaba a los
    mercados guardias que secuestraran los artículos prohibidos y los
    llevaran a su casa, yendo algunas veces lictores y soldados a recoger en
    los comedores lo que había escapado a la vigilancia de los guardias.126
  • Prohibió el uso de literas, de la púrpura y las perlas, exceptuando a ciertas personas, ciertas edades y en determinados días.126 Estas medidas derivaron de una ley contra el lujo (lex sumptuaria),
    y parece que no tuvieron éxito, si bien «conectaba con lo que venía
    siendo una inquietud creciente en el seno de la aristocracia en relación
    con el incremento excesivo de sus deudas».120
  • En cuanto a la moneda, incrementó a cuatro el número de tresviri auro argento aere flando feriundo
    (“triunviros responsables de la fundición y acuñación de oro, plata y
    bronce”), confiando la dirección de la ceca del templo de Juno Moneta
    (así como las rentas públicas) a algunos de sus propios esclavos.127
    También creó una ceca privada con la que acuñó regularmente, de 48 a
    44 a. C., el oro que obtuvo en la Guerra de las Galias y saqueando el
    erario público (15 000 lingotes).128 Fijó el peso del aureus en 1/40 de la libra romana (aproximadamente el equivalente a 8 gramos). Tuvieron gran éxito al ser similares en peso y ley a las estáteras macedonias.129
    También fijó el áureo en 25 denarios, de modo que una libra de oro
    equivaliera a 1000 denarios, tras el descenso del precio del oro (a 750
    denarios la libra) que había provocado el caudal de botín traído de las
    Galias.128
    Debe destacarse asimismo que Julio César fue el primer dirigente romano
    vivo cuyo rostro apareció en una moneda en circulación (44 a. C.), por
    autorización del Senado.130
    Sin embargo, no hubo ninguna emisión substancial de bronce bajo su
    gobierno, por lo que continuó la escasez de numerario propia del siglo I
    a. C.131
    En un intento de restaurar la liquidez, hizo aprobar una ley que
    prohibía que nadie acumulara más de 15 000 denarios, pretendiendo poner
    en circulación las monedas atesoradas. Esta ley, como puede suponerse,
    debió ser sin duda alguna tan ineficaz como inaplicable.132
  • En lo referente a la natalidad «ofreció compensaciones a todos
    aquellos que tuvieran un número elevado de hijos», aunque de todos modos
    «el incremento de la natalidad había sido desde la segunda mitad del
    siglo II [a.C.] un asunto de interés para la aristocracia romana
    (reforma agraria de Tiberio Graco, discurso del censor Metelo Macédonico
    en 131), vinculado a la supervivencia de la República».120
  • Para evitar problemas, fue el primer legislador romano que instaló a sus veteranos en colonias fuera de Italia.133

César como militar

Indiscutiblemente, uno de los aspectos más reconocidos de la
personalidad de Julio César es, sin duda, su genio militar. Este genio
fue puesto a prueba muchas veces a lo largo de su accidentada vida
castrense, y César respondió a los retos casi siempre con innovaciones
tácticas o añagazas que sorprendieron a sus contrarios y que le hicieron
ganar ventajas en un terreno u otro.


Según Suetonio, César era un auténtico soldado, que compartía con sus milites las fatigas de la guerra; era experto en las armas y en equitación.134 También sabemos que era un general valiente,135
que dirigía sus tropas desde el propio frente de batalla, para que su
ejemplo infundiera valor en los soldados, y era proclive a las arengas y
mantenedor de una férrea disciplina.136 Sin embargo, sus soldados lo veneraban y fueron muy raros los casos de deserción, quizá debido al carácter magnánimo de César.137 También montaba un caballo de nombre Genitor que nació en los establos que el general tenía en su casa. El caballo presentaba atavismo en las patas, por lo que tenía varios dedos largos rematados en pezuña además de casco central,138 algo causado por la desactivación del gen inhibidor que impide el crecimiento de más dedos en los caballos aparte del tercero durante el desarrollo embrionario.


Para ofrecer una visión lo más amplia posible de la capacidad táctica
de César se ha elegido ofrecer breves reseñas de algunas de sus
batallas; quizá no las más representativas o fundamentales, pero sí de
las que supusieron alguna innovación táctica o una muestra de cómo César
dirigía sus tropas: la batalla de Bibracte como ejemplo de batalla contra fuerzas no romanas, la batalla de Alesia como ejemplo de asedio, la batalla de Farsalia como ejemplo de lucha entre romanos, la batalla de Ruspina por la manera en la que se convirtió de una derrota casi segura en una retirada ordenada, y la batalla de Tapso
en África, que supuso la derrota de las fuerzas pompeyanas establecidas
en esa provincia y, a la larga, la muerte de Catón y otras figuras
señeras de la oposición a César.


La batalla de Bibracte

En el año 58 a. C., César acababa de tomar posesión de su cargo de procónsul de la Galia, cuándo fue advertido de que una confederación de pueblos germánicos, compuesta por los helvecios, los boios y los tulingios, habían decidido dejar sus tierras ancestrales y emigrar a la Galia Comata.


Ambas fuerzas coincidieron en las cercanías de la localidad de Bibracte,
donde César había tomado posiciones en lo alto de una colina. Contaba
con cuatro legiones veteranas, las VII, VIII, IX y X, que ordenó en triplex acies
al pie de la subida; las legiones XI y XII, de novatos, y los
auxiliares fueron desplegados bajo una elevación del terreno en la cima.



Guerreros celtas.
Las fuerzas helvecias, quizá unos 77 000 guerreros si hemos de creer al propio César en sus Comentarii,
avanzaron hacia los romanos en una formación que César describe como
«una falange», lo que quiere decir que probablemente formaban una masa
compacta que se agrupaba tras los escudos, no una formación de tipo macedonio.139


Cuando la formación helvecia se encontró al alcance adecuado, o sea
unos 15 metros, de las filas romanas salió la primera salva de pila.
Esta jabalina pesada estaba diseñada para retorcerse al clavarse en el
escudo, dejando así al guerreo atacante la opción de portar un pesado
escudo con una jabalina clavada que dificultaba su manejo, o deshacerse
del escudo y luchar sin protección.


La lluvia de pila tuvo el efecto de deshacer la formación helvecia, y los romanos aprovecharon para cargar, amparados tras sus escudos, con sus gladius,
aprovechando el desnivel y corriendo colina abajo; sin escudos y mal
armados, los helvecios fueron obligados a retroceder hasta una colina
que se hallaba como a un kilómetro y medio.


Las legiones los siguieron, confiando en una rápida victoria, cuando, de pronto, aparecieron en el campo de batalla los boios y los tulingios, en cantidad de unos 15 000 guerreros, amenazando el flanco derecho del ejército romano.140 El flanco derecho era el más peligroso, pues era el que no portaba escudo (que se llevaba en el brazo izquierdo).


Cogidos así entre la espada de los helvecios, que al ver aparecer a
sus aliados se lanzaron al ataque con ánimo renovado, y a la pared de
los boios y tulingios, César ordenó que la tercera línea de la triplex acies
rotara hacia la derecha, colocándose en ángulo recto de cara a los
nuevos atacantes, mientras que las fuerzas restantes, formadas en duplex acies hacían frente al renovado ataque de los helvecios.


Faltos del factor sorpresa en que habían confiado, peor armados que
los romanos y los helvecios ya cansados por la lucha, fueron arrasados
por las legiones.


La innovación táctica de César fue la rapidez en que, calculando el
problema, había convertido la tradicional disposición legionaria en triplex acies en una formación novedosa, con un frente en duplex acies, que se encargó de frenar a los helvecios, y uno en simplex acies, que contuvo el ataque por el flanco y, eventualmente, le llevó a ganar la batalla.


La batalla de Alesia


Las fortificaciones construidas por César en Alesia de acuerdo a la hipótesis de localización en Alise-Sainte-Reine.

En el mapa de la esquina la cruz muestra la localización de
Alesia en la Galia (hoy Francia). En el esquema, el círculo muestra el
punto débil en la circunvalación.
Alesia estaba situada en la cima de una colina rodeada por valles y
ríos y contaba con importantes defensas. Dado que un asalto frontal
sobre la fortaleza sería suicida, César consideró mejor forzar un asedio
de la plaza para rendir a sus enemigos por hambre. Considerando que
había cerca de 80 000 hombres fortificados dentro de Alesia junto con la
población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición
de los galos. Para garantizar un bloqueo perfecto César ordenó la construcción de un perímetro circular de fortificaciones. Los detalles de los trabajos de ingeniería se encuentran en los Comentarios a la Guerra de las Galias (De Bello Gallico)
de Julio César y han podido ser confirmados por las excavaciones
arqueológicas en la zona. Se construyeron muros de 18 km de largo y 4
metros de alto con fortificaciones espaciadas regularmente en un tiempo
récord de 3 semanas. Esta línea fue seguida hacia el interior por dos
diques de cuatro metros y medio de ancho y cerca de medio metro de
profundidad. El más cercano a la fortificación se llenó de agua
procedente de los ríos cercanos. Asimismo, se crearon concienzudos
campos de trampas y hoyos frente a las empalizadas con el fin de que su
alcance fuese todavía más difícil, más una serie de torres equipadas con
artillería y espaciadas regularmente a lo largo de la fortificación.141


La caballería de Vercingetórix
a menudo contraatacaba los trabajos romanos para evitar verse
completamente encerrados, ataques que eran contestados por la caballería
germana que volvió a probar su valía para mantener a los atacantes a
raya. Tras dos semanas de trabajo, parte de la caballería gala pudo
escapar de la ciudad por una de las secciones no finalizadas. César,
previendo la llegada de tropas de refuerzo, mandó construir una segunda
línea defensiva exterior protegiendo sus tropas. El nuevo perímetro era
de 21 km, incluyendo cuatro campamentos de caballería. Esta serie de
fortificaciones les protegería cuando las tropas de liberación galas
llegasen: ahora eran sitiadores preparándose para ser sitiados.142


Por estos tiempos, las condiciones de vida en Alesia iban empeorando
cada vez más. Con los 80 000 soldados y la población local había
demasiada gente dentro de la fortaleza para tan escasa comida.143
Esto provocó que parte de la población civil saliera de la ciudad y
pidiera víveres al ejército de César, e incluso trabajar como esclavos
en las construcciones, antes que morir de hambre. César, advirtiendo su
propia falta de víveres en caso de alimentarlos, los envió de vuelta a
la ciudad, y cuando esto pasó, Vercingétorix ordenó cerrar las puertas
de las murallas, ya que había demasiada población para la escasez de
víveres. Esta parte de la población civil murió a los pocos días.


A finales de septiembre las tropas galas, dirigidas por Commio,
acudieron en refuerzo de los fortificados en Alesia, y atacaron las
murallas exteriores de César. Vercingetórix ordenó un ataque simultáneo
desde dentro. Sin embargo, ninguno de estos intentos tuvo éxito y a la
puesta del sol la lucha había acabado. Al día siguiente, el ataque galo
fue bajo la cobertura de la oscuridad de la noche, y lograron un mayor
éxito que el día anterior. César se vio obligado a abandonar algunas
secciones de sus líneas fortificadas. Sólo la rápida respuesta de la
caballería, dirigida por Marco Antonio y Gayo Trebonio, salvó la situación. La pared interna también fue atacada, pero la presencia de trincheras, los campos plantados de "lirios" y de "ceppos",
que los hombres de Vercingetórix tenían que llenar para avanzar, les
retrasaron lo suficiente como para evitar la sorpresa. Para entonces, la
situación del ejército romano también era difícil.144


El día siguiente, el 2 de octubre, Vercasivellauno,
un primo de Vercingetórix, lanzó un ataque masivo con 60 000 hombres,
enfocado al punto débil de las fortificaciones romanas, que César había
tratado de ocultar hasta entonces, pero que había sido descubierto por
los galos. El área en cuestión era una zona con obstrucciones naturales
en la que no se podía construir una muralla continua. El ataque se
produjo combinando las fuerzas del exterior con las de la ciudad:
Vercingetórix atacó desde todos los ángulos las fortificaciones
interiores. César confió en la disciplina y valor de sus hombres, y
ordenó mantener las líneas. Él personalmente recorrió el perímetro
animando a sus legionarios.145



Reconstrucción actual de las fortificaciones de Alesia.
La caballería de Labieno fue enviada a aguantar la defensa del área
en donde se había localizado la brecha de las fortificaciones. César,
con la presión incrementándose cada vez más, se vio obligado a
contraatacar la ofensiva interna, y logró hacer retroceder a los hombres
de Vercingetórix. Sin embargo, para entonces la sección defendida por
Labieno se encontraba a punto de ceder. César tomó una medida
desesperada, tomando 13 cohortes
de caballería (unos 6000 hombres) para atacar el ejército de reserva
enemigo (unos 60 000) por la retaguardia. La acción sorprendió tanto a
atacantes como a defensores.146


Viendo a su general afrontar tan tremendo riesgo, los hombres de
Labieno redoblaron sus esfuerzos. En las filas galas pronto empezó a
cundir el pánico, y trataron de retirarse. Sin embargo, como solía
ocurrir en la antigüedad, un ejército en retirada desorganizada es una
presa fácil para la persecución de los vencedores, y los galos fueron
masacrados. César anotó en sus Comentarios que sólo el hecho de que sus
hombres estaban completamente exhaustos salvó a los galos de la completa
aniquilación.147


En Alesia, Vercingetórix fue testigo de la derrota del ejército
exterior. Enfrentándose tanto al hambre como a la moral, se vio obligado
a rendirse sin una última batalla. Al día siguiente, el líder galo
presentó sus armas a Julio César, poniendo fin al asedio de Alesia y a
la conquista romana de la Galia.148


La batalla de Farsalia

Después de haber sido derrotados en la Batalla de Dyrrachium, los cesarianos se enfrentaron definitivamente en batalla campal a Pompeyo y sus aliados en las cercanías de Farsalia.


César tenía con él a las legiones VII, VIII, IX, X, XI, XII y XIII
muy reducidas en cuanto a fuerza, pues probablemente no estaban
compuestas por más de 2750 legionarios cada una de ellas, y, además las
legiones VIII y IX, que habían sostenido el frente de batalla en Dyrrachium
y habían quedado seriamente mermadas, a las que se les dio la orden de
que actuaran como una sola y se protegieran una a la otra; además,
contaba con un pequeño contingente de caballería. En el otro lado,
Pompeyo dirigía una fuerza de once legiones, posiblemente de 4000
hombres cada una, y una caballería de 7000 jinetes, junto con un fuerte
destacamento de arqueros y honderos.149



Hondero balear.
Ambos generales formaron sus ejércitos en triplex acies, uno
frente a otro, y la caballería apostada en las respectivas alas
izquierdas, pues los flancos derechos de las formaciones se apoyaban en
el río Enipeus, que protegía de esa manera el ala derecha. César colocó a
las legiones IX y VIII en el flanco derecho, apoyadas en el río, y
después fue colocando sucesivamente a la XI, XII, XIII, VI, VII y X.
Pero tras la línea de caballería, ocultos tras una pequeña elevación del
terreno, detrajo y colocó una cuarta fila, compuesta de seis cohortes,
en sentido oblicuo a la caballería y que recibió órdenes estrictas de no
moverse bajo circunstancia alguna hasta que le fuera señalado por un vexillum.149


Pompeyo había formado en una sistema más clásico, con todas sus
legiones por igual y la caballería apoyada por una densa formación de
arqueros y honderos, colocada tras ella; sin embargo, los había
dispuesto en una formación más estática, con la idea táctica de que
ofrecieran un muro de contención a la infantería cesariana, pues Pompeyo
había depositado sus esperanzas en la superioridad de la caballería.



Caballería legionaria.
La batalla, si creemos a César, se abrió con la carga suicida de un centurión primípalo,
esto es, el centurión que mandaba la primera centuria de la primera
cohorte, un puesto de gran prestigio. Dicho centurión, de nombre
Crastino, arrastró a 120 voluntarios con él a cargar contra la líneas de
Pompeyo, en las que, lógicamente, fueron arrasados.150


Al ocurrir esto, las líneas primera y segunda de la formación
cesariana cargaron, pero a mitad de camino pararon para coger aire al
ver que las legiones de Pompeyo no contracargaban (quizá porque Pompeyo
tenía la esperanza de que se cansaran previamente). Los cesarianos
recompusieron sus líneas y en ese momento, Pompeyo dio orden a su
caballería de cargar.


La caballería pompeyana salió al galope, dividida en sus turma
individuales, seguida por los arqueros, con el fin de flanquear el ala
izquierda de la formación de César, para atacar así desde la retaguardia
y formar un martillo (caballería) y un yunque (infantería) para
machacar a los cesarianos. La carga tuvo éxito con la caballería
cesariana, que salió en desbandada.


Pero en ese momento, César ordenó a su línea escondida de seis
cohortes que atacara. La caballería pompeyana se encontró con que, en
vez de tomar por sorpresa por la retaguardia a las legiones cesarianas y
desbaratarlas, una nueva línea de batalla se dirigía hacia ellos con
ferocidad.


Las turmas que lideraban la carga entraron en pánico y huyeron, pero probablemente se toparon en su huida con los escuadrones
que les seguían y que no sospechaban nada, sembrando así la
consiguiente confusión. Los legionarios de César no arrojaron sus pila,
sino que los usaron, por orden de su general, más como picas,
enfrentándolos a la cara de los jinetes y sus caballos, aumentando de
esta manera el pánico y la confusión; así, una fuerza de apenas 1650
legionarios puso en fuga a la caballería pompeyana y pudo dedicarse a
destrozar a los ligeramente armados arqueros y honderos.149


A continuación, se lanzaron al ataque del ahora desprotegido flanco
izquierdo de los pompeyanos, apoyados en ese momento por una ataque
furioso de la tercera línea de las legiones cesarianas, que,
sustituyendo a las cansadas primera y segunda líneas, presionaron el
frente de batalla.


Atacadas por tropas de refresco en el centro, flanqueadas por la
izquierda y por la retaguardia, las tropas pompeyanas primero vacilaron y
luego emprendieron una huida en toda regla, dejando en el campo a 15
000 muertos, frente a los 200 de los cesarianos.151 152


La genialidad de César fue prever que Pompeyo iba a usar su
caballería para atacar, que la suya propia no tenía la fuerza para
resistirla, y arbitrar un método completamente novedoso con la línea de 6
cohortes, tendiendo una celada a su enemigo, en la que cayó, y que le
sirvió para ganar la batalla y destrozar a las principales fuerzas de
los pompeyanos.


La batalla de Ruspina

Tras Farsalia, una buena cantidad de tropas pompeyanas y de señaladas figuras de la facción, como Catón el Joven, Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión Nasica Corneliano y el antiguo legado principal de César en las Galias, Tito Labieno, se replegaron a la provincia de África, para reorganizarse y plantar cara de nuevo al dictador; corría el año 46 a. C.


Éste les persiguió, y después de desembarcar, fijó sus reales en Ruspina, cerca de la actual Al Munastir. Tras una serie de peripecias, salió en busca de trigo con una fuerza de 30 cohortes armadas «a la ligera»,153 o sea, unos 13 000 hombres más o menos, dos mil jinetes y ciento cincuenta arqueros.153


Súbitamente, a unos cinco kilómetros del campamento, los exploradores
de César le avisaron de que se aproximaba una gran fuerza de infantería
hacia ellos: eran tropas pompeyanas al mando de Labieno. Consciente de
su inferioridad, César ordena a su exigua caballería y a los pocos
arqueros que tenía que salieran del campamento y le siguieran a corta
distancia.


Mientras César estaba colocando a sus hombres, que dada la exigüidad de esta fuerza "expedicionaria", iban formados en simplex acies con la caballería en alas,154
Labieno desplegó sus fuerzas, que resultaron estar constituidas en su
inmensa mayoría por caballería y no por infantería. Fue una hábil celada
tendida por el comandante pompeyano, que había juntado al máximo sus
líneas, intercalando una numerosa tropa de infantería ligera númida
entre los jinetes para dar ese efecto desde la distancia.155



Mientras los pompeyanos avanzaron en una línea simple de extrema
longitud, César había desplegado sus tropas a fines de no verse
flanqueado por las de su enemigo. Pero esto fue precisamente lo que
ocurrió: mientras las pocas tropas de caballería luchaban en vano para
no ser superadas, el centro de la formación de César se vio golpeado por
la masa de la caballería pompeyana y la infantería ligera númida, que
atacaban y se retiraban sucesivamente.


La infantería cesariana respondió como pudo, pero empezó a
disgregarse. Al verlo, César ordenó que ningún soldado se alejara más de
cuatro pasos de su unidad.156
Pero la superioridad numérica del enemigo, la escasa caballería
cesariana, los heridos y caballos perdidos, hicieron que la formación de
César empezara a colapsarse. En ese momento, César ordenó a sus tropas
que adoptaran una formación defensiva, denominada orbis (literalmente: orbe), básicamente una formación en círculo que tenía como misión la de no ofrecer el flanco al enemigo.


Pero se encontró rodeado por todos lados por las tropas, mucho más
numerosas y móviles, de Labieno -en un lejano eco de la desastrosa Batalla de Cannas
-, y algunos de sus más recientes reclutas comenzaron a fallar; ante
ello César tomó una decisión: ordenó extender la línea de batalla en
orden cerrado tan lejos como fuera posible. Esta maniobra fue siempre
altamente desaconsejada por los tácticos romanos porque llevaba excesivo
tiempo llevarla a cabo;157
sin embargo, esta vez las fuerzas de César lo hicieron rápidamente y
una vez que se hallaron desplegadas en una sola línea, César dio otra
orden: que cada cohorte par diera un paso atrás y se enfrentaran de cara
a su enemigo, con lo que consiguió transformar la simplex acies en una duplex acies.156 158


En ese momento, la caballería cesariana apareció para romper
definitivamente el círculo, forzando a los pompeyanos a formar dos
líneas de batalla separadas por las tropas cesarianas. Entonces, los
sorprendidos pompeyanos se vieron sometidos a una lluvia de pila
por parte ambos lados de la formación contraria, lo que provocó que
vacilaran y se echaran atrás una distancia, no lo suficientemente grande
como para disgregarse, pero sí para que César ordenara la vuelta al
campamento en orden de batalla.



Una tropa de infantería romana formando en testudo.
Mientras volvían a sus reales, los pompeyanos se vieron reforzados
por la inesperada llegada de una fuerza de 1600 jinetes y un gran número
de infantes, al mando de Marco Petreyo y Gneo Pisón,
que hizo que atacaran de nuevo con renovadas fuerzas, rodeando otra vez
a los cesarianos, pero ahora desde más lejos a fines de que César no
volviera a repetir la maniobra, y lanzando sobre sus tropas una lluvia
de armas arrojadizas. Las tropas de César se pararon y, ante la
avalancha, quizá formaron un «testudo» (tortuga), una formación en la que los legionarios se cubrían con los escudos.159


A medida que las tropas pompeyanas se iban quedando sin jabalinas y
que su energía combativa disminuía frente a la cerrada formación de
César, éste se dio cuenta de que llegaba el momento de romperla y atacar
súbitamente, por lo que cursó órdenes de que a una señal suya, se
levantara el muro de escudos para dejar pasar a unas cohortes selectas,
que adoptando la formación en cuña golpearon a las tropas pompeyanas.160 Del relato de la Guerra de África
no queda claro si este ataque se produjo en varios puntos determinados o
fue un ataque masivo sobre un sólo punto, pero lo cierto es que tuvo el
efecto deseado y las tropas pompeyanas se abrieron, dejando expedito el
paso a César y a sus hombres que se retiraron en formación hacia su
campamento, donde se fortificaron.


Lo verdaderamente genial de esta batalla no es la derrota en sí de
César, sino cómo mediante una serie de decisiones tácticas y variadas
formaciones de batalla, logró que lo que podría haber sido una masacre
se convirtiera en una retirada organizada, en la que conservó el mayor
número posible de efectivos.161


La batalla de Tapso


Elefantes de guerra cargando.
Tras la Batalla de Farsalia, las tropas pompeyanas se habían
refugiado en la provincia de África, donde al mando de destacados
miembros de la facción conservadora, como Catón el Joven y Quinto Cecilio Metelo Escipión,
habían logrado reorganizarse y estaban dispuestos a continuar la lucha.
Los conservadores reunieron sus fuerzas a una velocidad impresionante.
Su ejército incluía 40 000 hombres (unas 10 legiones), una poderosa
caballería dirigida por el que fue anteriormente la mano derecha de
César en la Galia, Tito Labieno, y fuerzas aliadas de reyes locales, entre ellos el númida Juba I y 60 elefantes de guerra.
César tenía consigo al menos 5 legiones, aunque no podemos saber cómo
estaban de completas, y una estimable fuerza de caballería.


Tras el incidente de Ruspina,
siguieron una serie de encuentros no decisivos entre las tropas de
ambas facciones, pequeñas batallas para medir sus fuerzas, y durante ese
tiempo dos legiones de los conservadores desertaron para unirse a
César. Mientras tanto, César esperaba refuerzos de Sicilia.162


A comienzos de febrero, César llegó a Tapso y puso cerco a la ciudad,
bloqueando la entrada sur con tres filas de fortificaciones. Los
conservadores, bajo el mando de Metelo Escipión, no podían permitirse
perder esa posición, por lo que se vieron obligados a entablar batalla.163



Disposición de los ejércitos en la Batalla de Tapso, según un grabado del siglo XVII.
Escipión desplegó sus tropas, formando las legiones en el centro en cuadruplex acies,
puso la caballería en las alas, delante de las cuales situó la mitad de
sus elefantes de guerra (treinta en el ala derecha y treinta en el ala
izquierda); por detrás de las filas legionarias, puso en el ala
izquierda una formación de tropas ligeras y otra mixta de caballería e infantería ligera, y en el ala derecha una mixta de caballería e infantería ligera.164 165


César formó con las legiones en el centro, en triplex acies,(las
X y VII a la derecha y las VIII y IX a la izquierda), situó la
caballería en la alas, y frente a los elefantes desplegó a sus arqueros y
honderos. Pero dividió la Legio V Alaudae en dos grupos de cinco cohortes cada uno, y los situó detrás de las formaciones de arqueros y honderos.164 165


Aunque la batalla comenzó antes de lo que César hubiera deseado,163
debido a la impaciencia de sus soldados del ala derecha, tomó
rápidamente el mando de la situación y ordenó el ataque. Los arqueros y
honderos del ala derecha dispararon sus proyectiles contra los elefantes
del ala izquierda de los pompeyanos, que al recibir la lluvia de
flechas y piedras, se asustaron y dieron media vuelta, cargando contra
sus propias filas. En ese momento, la caballería ligera númida apostada
por Escipión en esa ala, cargó hacia el frente al verse desprotegida el
muro de elefantes, pero fueron desbandados por la carga de las legiones,
y la Legio X tomó posesión del campamento pompeyano, impidiendo así la huida de los enemigos.166 165


Sin un lugar al que volver, con las tropas en desbandada, rendidas o muertas, los líderes pompeyanos abandonaron el campo de batalla a César, con lo que dieron por perdida la guerra.167


La genialidad de César en la batalla fue el movimiento táctico de
colocar infantería legionaria protegiendo a los arqueros y honderos de
los elefantes, y asumir con prontitud el desarrollo de la misma, usando a
su favor la precipitación con la que había comenzado.


César como historiador y escritor


La obra escrita que llega hasta nuestros días coloca a César entre los grandes maestros de la lengua latina. Sus trabajos conocidos incluyen:


No se puede asegurar que la autoría del llamado "Corpus Cesariano" o "Tria Bella", esto es la Guerra de Alejandría, la Guerra de África y la Guerra de Hispania,
sea de César y entre sus traductores existe un consenso generalizado
acerca de que no fueron escritas por él, aunque sí están posiblemente
basadas en sus notas.168


Tanto la Guerra de las Galias como la Guerra Civil, son
indiscutiblemente obra de César y están escritas en un latín de gran
perfección sintáctica. Ambas son prueba de la erudición de su autor y
fueron usadas, sobre todo, como propaganda ante el Senado y el pueblo de
Roma. En ellas hace importantísimas referencias a múltiples aspectos de
la vida cotidiana en el ejército romano de la tardorrepública, de su organización, tácticas, técnicas y armamento.169 170


Asimismo, hizo descripciones etnográficas de pueblos celtas y germanos
incluyendo temas como la organización social y militar, la religión o
la lengua que aún hoy en día son de obligado estudio para los expertos
en las diferentes materias.170


Igualmente describió lugares geográficos, como la Selva Hercinia,171
y describe en sus escritos importantes aspectos que permiten comprender
mejor la política de la República romana de los últimos años del siglo I a. C. y a figuras como Pompeyo, Cicerón, Catón y otros.169


Además se sabe que sentía curiosidad por muchos temas, desde la filosofía griega hasta la astronomía, pasando por temas sagrados o lingüísticos.
Por referencias en otros autores clásicos, se sabe que César compuso un
tratado de astronomía, otro de lingüística y otro más sobre augurios, pero se han perdido y no se conoce ni siquiera un párrafo de ellos.


También se sabe por Suetonio que compuso un tratado en defensa suya llamado el Anticatón, dos libros sobre la Analogía y, al menos, un poema llamado El Camino; en su juventud escribió las Alabanzas de Hércules, una tragedia con el título de Edipo y una Colección de frases selectas.172 Parece ser que se conservaban sus oficios al Senado, sus cartas a Cicerón y su correspondencia privada. Sin embargo, Augusto prohibió a su bibliotecario que todos estos documentos fueran copiados o publicados, por lo que acabaron perdiéndose.173 Se sabe que era un magnífico orador, pues tanto Plutarco como Suetonio lo mencionan, y parece ser que también Cicerón y Cornelio Nepote avalaban esta opinión.174 También se conoce que empleaba un latín de gran perfección.175


La obra conocida de César no puede tomarse como la de un historiador
moderno, pues su intención no era esa. Las obras que se conservan y cuya
autoría no es discutida, esto es, los Comentarios sobre las Guerras
Galas y Civil, eran un instrumento de propaganda y un informe de
progresos para el Senado, no una obra como las de Tácito o Polibio, por lo que todas sus afirmaciones, en especial las políticas, deben ser analizadas desde un ánimo crítico.176
El hecho de que la mayor parte de la obra literaria de César se haya
perdido es un inconveniente que, no por habitual en la mayoría de los
autores clásicos deja de ser lamentable y que ha impedido una crítica
razonada de César como autor, ya que los historiadores sólo pueden
basarse en unos libros que, pese a ser de los más importantes en la
Historia Occidental, no dejaban de ser más un instrumento de propaganda
que un alarde de erudición.177


Aun así, con todas sus limitaciones, en muchas ocasiones, sus
escritos son el único testimonio antiguo que se posee sobre muchos
aspectos de los pueblos, usos y costumbres de la época.178


César en la literatura y el cine


Rex Harrison interpretando a Julio César en Cleopatra.
Julio César ha sido representado con frecuencia en obras literarias y cinematográficas. En la literatura, destacan:


  • Su aparición en Cleopatra de Emil Ludwig, que describe a Julio César como guerrero y amante.
  • Asimismo, Jorge Luis Borges en Los conjurados (1985) le dedicó un poema que, refiriéndose a su asesinato, comienza con Aquí lo que dejaron los puñales.... El texto concluye vaticinando su huella histórica con la frase ...cuya gran sombra será el orbe entero.180
  • César es uno de los personajes que aparecen en la serie de novelas históricas de Colleen McCullough
En cuanto al cine, el personaje ha aparecido en numerosos filmes, desde la pantalla grande a la televisión, bien como protagonista, bien como personaje secundario.


Uno de los más reputados, tanto por la calidad de la cinta como por la de sus actores, es la película del año 1953, Julio César, dirigida por Joseph L. Mankiewicz y cuyos papeles principales los desempeñaban Marlon Brando (como Marco Antonio), Louis Calhern (como César), Deborah Kerr (como Porcia) y James Mason (como Bruto). Con música de Miklós Rózsa, el guion es una adaptación de la obra de teatro de Shakespeare. Fue nominada a cinco Premios Óscar, de los que ganó uno.183


Otro de los filmes más premiados y conocidos, en el que César es protagonista, es la cinta Cleopatra. Dirigida por Joseph L. Mankiewicz, con fotografía de Leon Shamroy y música de Alex North, los papeles principales fueron interpretados por Elizabeth Taylor como Cleopatra, Richard Burton como Marco Antonio y Rex Harrison como César. Fue nominada a ocho premios Óscar de los que ganó cuatro.184


En el mundo del cómic, sin duda una de las más célebres representaciones de César es el personaje salido de la pluma y el pincel de Goscinny y Uderzo, antagonista (soberbio, orgulloso, pero al final, siempre justo) de su célebre personaje Astérix.


Filmografía

Año Película Director Actor
1908 Julio César James Stuart Blackton/William V. Ranous Charles Kent
1911 Julio César Frank R. Benson Guy Rathbone
1917 Cleopatra J. Gordon Edwards Fritz Leiber
1934 Cleopatra Cecil B. DeMille Warren William
1945 César y Cleopatra Gabriel Pascal Claude Rains
1950 Julio César David Bradley Harold Tasker
1953 Julio César Joseph L. Mankiewicz Louis Calhern
1960 Espartaco Stanley Kubrick John Gavin
1963 Cleopatra Joseph L. Mankiewicz Rex Harrison
1970 Julio César Stuart Burge John Gielgud
1979 Julio César Michael Langham Sonny Jim Gaines
1999 Cleopatra Franc Roddam Timothy Dalton
Astérix y Obélix contra César Claude Zidi Gottfried John
2001 Vercingétorix Jacques Dorfmann Klaus Maria Brandauer
2002 Julius Caesar Uli Edel Jeremy Sisto
Astérix y Obélix: Misión Cleopatra Alain Chabat Alain Chabat
2003 Augustus: El primer emperador Roger Young Peter O'Toole
2005 Roma Varios Ciarán Hinds
2008 Astérix en los Juegos Olímpicos Frédéric Forestier y Thomas Langmann Alain Delon
2012 Astérix y Obélix al servicio de su majestad Laurent Tirard Fabrice Luchini

Cronología


Estatua de bronce de César, en Rímini.

Véase también

Notas


  • Epigráficamente, IMP·GAIVS·IVLIVS·CAESAR, Imperator Gaius Iulius Caesar, es decir, ‘Emperador Cayo Julio César’, según el sistema de filiación (praenomen, nomen y patronimicus) de la nomenclatura romana. Tras su muerte, en 42 a. C. fue deificado por el Senado, convirtiéndose en Divus Caesar, el Divino César.

    1. Facción conservadora del Senado.

    Referencias


    1. Fue
      nominada para Mejor Película, Mejor Sonido, Mejor Montaje, Mejor
      Fotografía en color, Mejor Dirección Artística en color, Mejor Música
      original, Mejor Diseño de Vestuario en color y Mejores Efectos
      Especiales y ganó los de Mejor Fotografía en color, Mejor Dirección
      Artística en color, Mejor Diseño de Vestuario en color y Mejores Efectos
      Especiales.

    Bibliografía

    Obra propia

    1. Volumen I: Libros I-II-III. 2.ª ed. revisada. 2ª Reimpresión, 1996. ISBN 978-84-249-3547-4.
    2. Volumen II: Libros IV-V-VI. 2ª edición, 1996. ISBN 978-84-249-1020-4.
    3. Volumen III: Libro VII. 2ª edición, 1989. ISBN 978-84-249-1021-1.
    • –. Guerra de las Galias. Obra completa. Traducción a cargo de Valentín García Yebra, 2 volúmenes anotados Latín. Madrid: Editorial Gredos.
    1. Volumen I: Libros I-II-III-IV. 9ª edición revisada, 1999. ISBN 978-84-249-3388-3.
    2. Volumen II: Libros V-VI-VII. 9ª edición, 1997. ISBN 978-84-249-3389-0.
    • –. Guerra de las Galias. Obra completa. Traducción a cargo de José Joaquín Caerols. Madrid: Alianza editorial, Colección Clásicos de Grecia y Roma. ISBN 978-84-206-4092-1.
    • – & Autores del Corpus Cesariano. Guerra Civil; Guerra de Alejandría; Guerra de África; Guerra de Hispania. 2005. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2781-3.
    • –. Guerra Civil. Obra completa. Traducción a cargo de J. Calonge, 2 volúmenes bilingüe Latín. Madrid: Editorial Gredos.
    1. Volumen I: Libros I-II. 2ª edición, 1994. ISBN 978-84-249-3530-6.
    2. Volumen II: Libro III. 2ª edición, 1989. ISBN 978-84-249-3531-3.
    • –. Guerra Civil. Traducción a cargo de J. Calonge, un volumen anotado Latín, 6ª edición revisada, 1995. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3393-7.

    Libros generales sobre la época de César

    • Cowan, Ross (2007). Roman Battle Tactics. 109 BC-AD 313. Ilustraciones por Adam Hook. Osprey Publishing Ltd. ISBN 978-1-84603-184-7.
    • Frontino, Sexto Julio (2005). Los Cuatro Libros de los Exemplos, Consejos e Avisos de la Guerra (Strategematon). Ministerio de Defensa. Centro de Publicaciones. ISBN 978-84-9781-169-9.
    • Goldsworthy, Adrian (3ª reimpresión, marzo de 2007). Grandes Generales del Ejército romano. Ed. Ariel S.A. ISBN 978-84-344-6770-5.
    • Kovaliov, Serguei Ivanovich (1998). Historia de Roma. Traducción de Domingo Plácido. Madrid: Akal Ediciones. ISBN 978-84-460-2822-2.
    • Mommsen, Theodor (2003). Historia de Roma. Vol V: Fundación de la Monarquía Militar. Ediciones Turner, S.L. ISBN 978-84-7506-608-0.
    • Montanelli, Indro (2003). Historia de Roma. Barcelona: Debolsillo. ISBN 978-84-9759-315-1.
    • Roldán, José Manuel (2008). Césares: Julio César, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. La Esfera de los Libros. ISBN 978-84-9734-721-1.
    • Simkins, Michael (1984). The Roman Army. From Cesar to Trajan. Ilustraciones por Ron Embleton. Osprey Publishing Ltd. ISBN 978-0-85045-528-6.

    Libros sobre Julio César

    1. Volumen I: Historia romana I. Madrid: Editorial Gredos. 1994. ISBN 978-84-249-3550-4.
    2. Volumen II: Historia romana II: Guerras civiles. Libros I-II. Madrid: Editorial Gredos. 1985. ISBN 978-84-249-3551-1.
    3. Volumen III: Historia romana III: Guerras civiles. Libros III-V. Madrid: Editorial Gredos. 1985. ISBN 978-84-249-3552-8.
    1. Volumen I: Libros I-III. 1992 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 978-84-249-1492-9.
    2. Volumen II: Libros IV-VIII. 1992 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 978-84-249-1494-3.

    Ficción

    Enlaces externos

    • Nicolás de Damasco: La muerte de Julio César.
      • Texto francés, con introducción y anotaciones en este idioma, en el sitio de Philippe Remacle (1944 - 2011); ed. de de 1865, en París.
    • Guglielmo Ferrero: Grandeza y decadencia de Roma (Grandezza e decadenza di Roma, 1901-1907), en 6 volúmenes; texto español en el sitio de la Biblioteca Tercer Milenio.
      • Vol I: La conquista.
      • Vol. III: Fin de una aristocracia.
        • III, 1: Tres días de tempestad.
        • III, 2: Los funerales de César.



    Predecesor:

    Quinto Cecilio Metelo Pío
    Pontífice Máximo

    63 - 44 a. C.
    Sucesor:

    Marco Emilio Lépido
    Predecesor:

    Lucio Afranio y

    Quinto Cecilio Metelo Céler
    Cónsul de la República romana

    con Marco Calpurnio Bíbulo


    59 a. C.
    Sucesor:

    Lucio Calpurnio Pisón Cesonino y

    Aulo Gabinio
    Predecesor:

    Gayo Claudio Marcelo y

    Lucio Cornelio Léntulo Crus
    Cónsul de la República romana

    con Publio Servilio Isáurico


    48 a. C.
    Sucesor:

    Quinto Fufio Caleno y

    Publio Vatinio
    Predecesor:

    Quinto Fufio Caleno y

    Publio Vatinio
    Cónsul de la República romana

    con Marco Emilio Lépido


    46 a. C.
    Sucesor:

    Él mismo sine collega
    Predecesor:

    Él mismo y

    Marco Emilio Lépido
    Cónsul de la República romana

    sine collega


    45 a. C.
    Sucesor:

    Quinto Fabio Máximo y

    Gayo Trebonio
    Predecesor:

    Gayo Caninio Rébilo y Gayo Trebonio
    Cónsul de la República romana

    con Marco Antonio


    44 a. C.
    Sucesor:

    Publio Cornelio Dolabela y

    Marco Antonio
    Predecesor:

    Lucio Cornelio Sila

    (82 a. C. - 81 a. C.)
    Dictador romano

    Rei gerundae causa


    49 a. C.-44 a. C.
    Sucesor:

    Él mismo

    (44 a. C.)
    Predecesor:

    Él mismo

    (49-44 a. C.)
    Dictador romano

    Perpetuus


    44 a. C.
    Sucesor:

    Magistratura abolida






  • La fecha del nacimiento de César no aparece con claridad en ningún texto antiguo. Wilhelm Drumann, al que siguen Piganiol, Klotz y Cary, la situaba en el año 100 a. C.; Jérôme Carcopino señalaba al año 101, y Theodor Mommsen el 102, con el beneplácito de Fowler, Ferrero y Holmes.


  • Juez que dirimía las disputas entre ciudadanos romanos.


  • Plutarco, César, 1; Suetonio, César, 1-2.


  • Probablemente en la campaña electoral de 71 a. C. (Canfora 2000: 30).


  • Véase nota 2.


  • Según Suetonio (Vida de César, César 6):
    Por parte materna la estirpe de mi tía
    tiene origen de reyes, por parte de padre está emparentada con los
    dioses inmortales. Pues los Marcio reyes proceden de Anco Marcio y de
    tal linaje ha sido su madre; y del de Venus los Julios, a cuya estirpe
    pertenece nuestra familia. Existe por tanto en la raza la sacralidad de
    los reyes, que destacan enormemente entre los hombres, y también el
    encumbramiento de los dioses, bajo cuya potestad están los mismos reyes.







  • Goldsworthy, Adrian, César, pág. 55.


  • Goldsworthy, Adrian, César, pág. 53


  • Tácito, Cornelio. De oratoribus, 28


  • Gerald Walter, César: "Capítulo II", pág 16. Impreso: Ediciones Ciencias Sociales ISBN 956-06-0465-X


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 45


  • Plutarco, Vidas paralelas, César y Alejandro, 17


  • Goldsworthy, Adrian César, pág 598


  • Montanelli, Indro Historia de Roma, pág 228


  • Montanelli, Indro, Historia de Roma, pág. 228


  • Goldsworthy, Adrian César, pág.95


  • Goldsworthy, Adrian, César, pág.94


  • Goldsworthy, Adrian, César, págs. 99-108


  • Goldsworthy, Adrian, César, pág 103


  • Montanelli, Indro, Historia de Roma, pág.228


  • Goldsworthy, Adrian Grandes Generales del Ejército Romano, pág. 213


  • Goldsworthy, Adrian César, pág 133


  • Plutarco, Vidas Paralelas, Alejandro y César. 24, 5


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César 1, 7


  • Goldsworthy, Adrian César, págs. 142-143


  • en
    la elección que fue llevada a cabo en los Comicios. Tuvo el apoyo,
    entre otros, de Tito Labieno, que lo propuso en su calidad de tribuno.


  • Suetonio Vida de los Doce Césares, César, 13


  • En realidad la frase de César no fue como se suele citar, sino "Mi mujer no debe ser ni incluso objeto de sospecha", en Plutarco, Vida de César, XI.
    Menos conocido aún es que el origen real de la célebre sentencia
    tampoco debe ser esa cita, sino la que Plutarco repite de forma similar
    pero en 3ª persona en la Vida de Cicerón, XXIX:
    "La he repudiado porque la mujer de César debe estar libre, no sólo de
    cualquier acto vergonzoso, sino incluso de cualquier sospecha de ello".


  • Montanelli, Indro Historia de Roma, págs 221-223


  • Al
    parecer, recibió una misiva. Catón, pensando que era algún escrito
    incriminatorio, le obligó a leerla en público; resultó ser una carta de
    amor de la propia hermana de Catón.


  • Mommsen, Theodor, Historia de Roma, vol. 4., pág. 201.


  • Goldsworthy, Adrian Op. cit, pág 198-199


  • Goldsworthy, Adrian op. cit. pág. 199. Probablemente dejó a su cuestor a cargo de la provincia.


  • Goldsworthy, Adrian, op. cit., pág. 210


  • Goldsworthy, Adrian, op. cit. pág 212


  • Dión Casio, op. cit., 37.54.1-2


  • Holland, Tom Rubicón, pág 246


  • Goldsworthy, Adrian. op. cit., pág 215


  • Holland, Tom Rubicón, pág 247


  • Goldsworthy, Adrian, op. cit., págs. 210-211


  • Dión Casio, op. cit. 38.3


  • Apiano, 2.9.


  • Goldsworthy, Adrian César, págs. 227-229


  • Montanelli, Indro, Historia de Roma, pág 229-230


  • Goldsworthy, Adrian, Grandes Generales del Ejercito Romano, pág.215


  • Goldsworthy, Adrian Grandes Generales del Ejercito Romanopág 215


  • Goldsworthy, Adrian César, págs. 224-227


  • Suetonio Vida de los doce Césares, César, 20. Al parecer había una copla popular a este respecto, que decía «Non Bibulo quidquam nuper, sed Cesare factum est: Non Bibulo fieri consulte nil memini», esto es, «Nada es de Bíbulo; todo es de César, pues nadie recuerda lo que hizo aquel».


  • Goldsworthy, Adrian César, pág 256-257


  • Goldsworthy, Adrian César, pág 267


  • Goldsworthy, Adrian César, pág 347 y ss.


  • César, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, passim


  • Goldsworthy, Adrian, César,pág. 439


  • Goldsworthy, Adrian César, pág 456


  • Plutarco, Vidas Paralelas, César, 15


  • Goldsworthy, Adrian. César, pág. 336


  • Goldsworthy, Adrian César, págs 337-338


  • Montanelli, Indro Historia de Roma, pág 243


  • Montanelli, Indro Historia de Roma, pág 243


  • Montanelli, Indro, Historia de Roma, pág 243-244


  • Montanelli, Indro, Historia de Roma, pág 244


  • César, Julio. Bellum Civile. Libro I. Pág. 69, 7.


  • Montanelli, Indro. Historia de Roma, pág 244


  • Goldsworthy, Adrian, César,
    pág. 485) propone ésta (10 de enero) como fecha más probable, aunque
    afirma que es imposible conocer el día exacto en que se produjo este
    hecho en su biografía de César, sin embargo, en el libro del mismo autor
    Grandes Generales del Ejército Romano, se decanta por el día 11 de Enero. Kovaliov, S.I. (Historia de Roma,
    pág 506, nota 201) propone el día 7 como fecha, el mismo día en que se
    promulgaron las leyes en el senado, aunque dadas las distancias entre
    ambas ciudades, este hecho parece poco probable. Kovaliov dice:

    Las circunstancias históricas reales del
    cruce son desconocidas. No se puede descartar que César pasara el
    Rubicón antes del día 7 de Enero y que los tribunos de la plebe lo
    encontrasen en Rímini,
    debido a que para César era importante demostrar que no fue él el que
    inició la guerra civil. Por eso la tradición, que le ha sido favorable,
    presenta los hechos como si el cruce del confín hubiera sucedido después
    del 7 de enero.





    En cualquier caso, hay que tener en
    cuenta que Kovaliov es materialista histórico. La única conclusión es
    que la fecha del paso del Rubicón no está definitivamente fijada.





  • , «Alea iacta est»
    («La suerte está echada»). Se suele creer que César pronunció esta
    frase en latín. Originalmente es una frase del dramaturgo ateniense Menandro, uno de los autores preferidos de César y la pronunció en griego. Suetonio, op.cit. Pompeyo, 60 y César 32.


  • Montanelli, Indro, Historia de Roma, pág. 245


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 34


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César,35


  • Montanelli, Indro, Historia de Roma, pág 248.


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 35


  • «Veni, vidi, vici»
    («Llegué, vi, vencí»). Frase pronunciada por César en el Senado romano
    haciendo referencia a la facilidad de su victoria contra Farnaces II del
    Ponto. Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 35 y respecto de la
    frase Veni, Vidi, Vici, op. cit., 37


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 35 in fine


  • Goldsworthy, Adrian César. pág 601


  • Suetonio, Vidas de los doce Césares, César, 24


  • Suetonio, Vidas de los doce Césares, César, 38.


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 39


  • Plinio, Naturalis Historia XXXIV, 18.


  • Goldsworthy, Adrian César pág 641


  • Walter, Gerard César, Capítulo 57 pag 482. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales


  • Walter, Gerard Cesar Capítulo 57 pag 483. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales


  • Walter, Gerard César Capítulo 57 pag 484. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 79


  • Walter, Gerard César: Capítulo 57 pag 485. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales


  • Walter, Gerard César,: Capítulo 57 pag 486. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales


  • Walter, Gerard César Capítulo 57 pag 487. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales


  • Dion Casio. Historia Romana. Libro XLIII, 51, 1.


  • Marco Tulio Cicerón. Cartas a Ático. Libro XIV, 9, 3.


  • Dion Casio. 47, 27, 2-5.


  • Horst, Eberhard (1982). Cesare, a cura di Agusto di Guida. Milán: Rizzoli, pp. 269. En italiano.


  • Plutarco. Vidas Paralelas. Julio César, 58.


  • Apiano. Historia Romana. Libro XIV. Historia de las guerras civiles de los romanos II, 110.


  • Marco Tulio Cicerón. Cartas a Ático. Libro XIII, 31, 3.


  • Dion Casio. Historia Romana. Libro XLIII, 47.


  • Dion Casio. Historia Romana. Libro XLIII, 49.


  • McLynn, Frank (2009).Marcus Aurelius: a life. De Capo Press, pp. 349. ISBN 9780786745807.


  • Montanelli, Indro Historia de Roma. pág. 255


  • Montanelli, Indro Historia de Roma. pág. 255


  • Walter, Gerard César: Capítulo 58 pag 491. Impreso:Ediciones Ciencias Sociales


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 80


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 82 in fine


  • Goldsworthy, Adrian César. págs 643-646


  • Montanelli, Indro Historia de Roma, pág 254


  • Goldsworthy, Adrian César pág.650


  • Los romanos no escribían en papel, sino en tablillas de madera cubiertas de cera. Para grabar los signos usaban un punzón


  • Goldsworthy, Adrian César pág. 651


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 82


  • Goldsworthy, Adrian César pág 652


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 80


  • Shakespeare, William La Tragedia de Julio César. Acto III, escena I


  • Plutarco, Vidas Paralelas, César, 66


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 84-85


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 81


  • Véase
    la etimología de la palabra Käiser en el DRAE; en cuánto a la
    etimología de Zar, proviene del ruso царь, a su vez del eslavónico
    цѣсарь, procedente del latín caesar, se puede ver en esta web


  • Carcopino, Jerôme (2004): Julio César. El proceso clásico de la concentración del poder, p. 257 seqq.


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 44


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 88


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, Vespasiano, 23.4


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 50


  • Plutarco, Vidas paralelas, Bruto, 5


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 51


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 52


  • Pina Polo, Francisco (1999). La crisis de la República (133 - 44 a.C.). Madrid: Síntesis. ISBN 9788477386735. Consultado el 6 de febrero de 2016.


  • Goldsworthy, Adrian op.cit., pág 606


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 40


  • Syme, Ronald (1989): La revolución romana, pp. 112-34).


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 41


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 42


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 43


  • Suetonio, César, 76.


  • Suetonio, César, 54.


  • Harl, Kenneth (): Coinage in the Roman Economy, 53.


  • Goldsworthy, Adrian, César, pag. 633


  • Burnett, Andrew (1987): Coinage in the Roman World, p. 36.


  • (Burnett 1987: 197).


  • Meliani, Chiara et alii, Atlas Ilustrado de la Antigua Roma, pág. 111


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 64, dice:
    Era César muy diestro en el manejo de
    las armas y caballos y soportaba la fatiga hasta lo increíble; en las
    marchas precedía al ejército, algunas veces a caballo, y con más
    frecuencia a pie, con la cabeza descubierta a pesar del sol y de la
    lluvia. Salvaba largas distancias con increíble rapidez, sin equipaje,
    en un carro de alquiler, recorriendo de esta forma hasta cien millas por
    día. Si le detenían los ríos, los pasaba a nado o sobre odres
    henchidos, y con frecuencia se anticipaba a sus correos.







  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 53-54, cuenta por ejemplo:
    En Alejandría atacó un puente, pero
    una inesperada salida del enemigo le obligó a saltar a una barca,
    perseguido por gran número de enemigos; se lanzó al mar, y recorrió a
    nado el espacio de doscientos pasos hasta otra nave, sacando la mano
    derecha fuera del agua para que no se mojasen los escritos que llevaba, y
    llevando cogido con los dientes su manto de general para no abandonar
    aquella prenda al enemigo.







  • Suetonio, op. cit., 62-65


  • Suetonio, op. cit, 66-75


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 61


  • Cowan, Ross Roman Battle Tactics. pág. 25


  • César, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 1-24-26


  • César, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 69-70


  • César, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 70-2


  • César, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 71-4


  • César,Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 79-80


  • César,Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 82-83


  • César, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 87-88


  • César, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 88-6


  • César, Julio Comentarios a la Guerra de las Galias, 89


  • Cowan, Ross Roman Battle Tactics, pág. 26-27


  • César, Julio, Guerra Civil, 3 84-99


  • César, Julio Guerra Civil, 3 84-99


  • Plutarco, Vidas paralelas, Pompeyo, 69-72


  • Anónimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 12-3


  • Cowan, Ross Roman Battle Tactics, pág. 15


  • Anónimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 13-2


  • Anónimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 15-2


  • Frontino, Strategicon, 12-b-17


  • Cowan, Ross, Roman Battle Tactics, pág. 17


  • Cowan, Ross, Roman Battle Tactics, pág 18


  • Anónimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 18-4-5


  • Cowan, Ross, Roman Battle Tactics, pág. 18


  • Anónimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 70-78


  • Cowan, Ross Roman Battle Tactics, pág. 30


  • Anónimo, Tria Bella, Guerra de Africa, 81


  • Cowan, Ross Roman Battle Tactics, pág. 31


  • Anónimo, Guerra de Africa, 81-84


  • Cowan, Ross Roman Battle Tactics, pág. 32


  • César, Gayo Julio y Autores del Corpus Cesariano, Guerra Civil; Guerra de Alejandría; Guerra de África; Guerra de Hispania, Introducción


  • César, Gayo Julio y Autores del Corpus Cesariano, Guerra Civil; Guerra de Alejandría; Guerra de África; Guerra de Hispania


  • César, Gayo Julio, Guerra de las Galias


  • César, Gayo Julio, Guerra de las Galias, 6.24.2, 25.1


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 56


  • Suetonio, op.cit., 56 in fine


  • Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 55


  • Caerols, José Joaquín (2002). Introducción a los Comentarios a la Guerra de las Galias. Col. Bibiblioteca temática. Madrid: Alianza Editorial. pp. . 32-33. ISBN 978-84-206-4092-1..


  • Caerols, José Joaquín (2002). op. cit. Col.Biblioteca temática. Madrid: Alianza Editorial. pp. . 24-26. ISBN 978-84-206-4092-1..


  • Caerols, José Joaquín (2002). op. cit. Col.Biblioteca temática. Madrid: Alianza Editorial. pp. . 29-30. ISBN 978-84-206-4092-1..


  • Goldsworthy, Adrian (2007), César


  • Wilder, Thornton Los idus de marzo. Editorial Edhasa, 2005, en cuya introducción se lee: «en el caso de Los idus de marzo, además del éxito, recibió la admiración de Jorge Luis Borges»


  • Borges, Jorge Luis. Los conjurados, en "Obras completas 3 (1975-1985)", 1ª edición. ISBN 978-950-07-3451-6. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2011, página 498.


  • Goldsworthy, Adrian César, pág. 666.


  • Alighieri, Dante. La Divina Comedia. Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1994, pp. 44 y 110 (comentario).


  • Fue
    nominada a los Oscar por Mejor Actor (Marlon Brando), Mejor Banda
    Sonora Original, Mejor Película, Mejor Fotografía en Blanco y Negro y
    Mejor Dirección Artística, ganando solamente este último


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