sábado, 19 de noviembre de 2016

HISTORIA VASCOS

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JUDIOS VASCOS e HISTORIA






Vivían entonces en España alrededor de seiscientos mil judíos,
el diez por ciento de la población. Una tercera parte cayó asesinada.
Otra tercera parte fue convertida a la fuerza. El resto, pese a
permanecer en su fe, logró salvarse.










vascos Judío Universal








INDICE DE ESTA PÁGINA


Sefarad


Historia de judios en Vasconia








S E F A R A D








En general los reyes, los obispos y los grandes nobles favo­recían a los
judíos y éstos seguían siendo funcionarios de la teso­rería,
arrendadores y recaudadores de impuestos, contribuyendo al desarrollo
racional de la administración del Estado.


Crecía, en cambio, el odio popular. Cualquier interregno -la
muerte de un rey, la minoría de edad de un sucesor, una revuelta contra
el trono, una crisis económica podía dar eco a las fulminantes pisadas
de la Muerte y entonces, ay entonces, en las aljamas se oía dlento
guadañar de su acero
...



La historia es terrible, pero ocurrió y acaso contiene el refle­jo
oculto, ensangrentado, de las tensiones religiosas que, alcan­zado el
siglo XIV, atravesahan la España de las tres religiones.



Leemos: en 1450 la peste negra rindió la vida del gran Alfon­so XI; el
pueblo, fortalecido por la opinión de conocidos inte­lectuales, vió en
los judíos a los sembradores de la funesta epide­mia; y la guerra civil y
fratricida que conmovió Castilla a la muerte del gran monarca trajo el
terror antiguo a las aljamas del reino, trajo la voz: ¡Vienen, llegan!, y
el tumulto que se precipita y arrasa cuanto encuentra en un instante.


La encanallada turba que resuella azacaneada, que lanza exclamaciones de codicia y, a ratos, queda en un silencio increíble.



Ocurrió así. Los asaltos contra las juderías fueron los pri­meros
síntomas de lo que más tarde se convirtió en una larga y cruenta guerra
entre las tropas de don Enrique y las de su her­manastro, el rey
legítimo, Pedro el Cruel.


En marcha el levanta­miento encabezado por los bastardos de Alfonso
XI, la protec­ción real a los financieros e intelectuales judíos sirvió
a los rebeldes para ganarse a las masas cristianas.

Decían: Castilla está en manos de israelitas, que se elevan a costa de los cristianos.

De­cían: los males de los últimos tiempos obedecen a las perversas actividades de los judíos.

Decían: el rey favorece a los enemigos de la comunidad cristiana, enseñoreándolos, acrecentándolos y enriqueciéndolos.

Había en esta propaganda una arma podero­sa, pues bastaba esgrimirla para que ciudades y villas se alzaran contra don Pedro.



La campaña de Enrique de Trastámara adquirió así el aire fanático de una
cruzada, destinada, superficialmente, a liberar al reino de Castilla de
un monarca enemigo de los cristianos y de­fensor de los infieles y
DEICIDAS JUDIOS; en realidad, a ganar el tro­no para don Enrique.



En la primavera de 1355 las tropas rebel­des entraron en Toledo y saquearon la judería menor de la ciudad, dando muerte, según López de Ayala, a más de MIL judíos.


Los años más terribles llegarían, no obstante, después de que
En­rique buscara refugio en Francia y allí reclutase mercenarios para su
lucha.


Cuando el año 1366 regresa a Castilla al frente de un ejército
formado por los guerreros franceses de Bertrand du Guesclin, los
tumultos, los saqueos, las destrucciones y matanzas se multiplican.
Briviesca, Valladolid, Burgos. Toledo...



Tampo­co los mercenarios ingleses del rey don Pedro frenan sus bárba­ras
efusiones. Detrás de varias y abundantes violencias está In­glaterra y
los jinetes y arqueros del príncipe de Gales, el príncipe Negro:
Villadiego, Aguilar de Campoo...


Trasfigurado por la guerra, aquel furor incontenible también alcanzó
al rey, que acu­sado por su rival de protector de los semitas tomó, sin
embargo, fieras medidas contra aquellos súbditos suyos, "los míos
judíos", que se decía: y así, para compensar a los musulmanes de
Grana­da, que tan valiosa colaboración armada le brindaban en la lucha
civil, les permitió que tomaran cautivos a los judíos de Jaén y los
vendieran como esclavos.



Unas trescientas familias quedaron así libradas de la libertad, de su
tierra, del aire, de la esperanza, de la misericordia, de ellas mismas.


vascos Muro Lamentaciones en Jerusalem


Jerusalen : Oración en el Muro del Templo








Establecida finalmente la paz, muerto don Pedro en el pu­ñal de su
hermanastro (1369), Enrique II volvió a la política tradicional con los
judíos. Los tomó bajo su protección y les confirmó en sus frágiles
derechos.

Tal y como había ocurrido durante los reinados que
precedieron al suyo, intelectuales y fi­nancieros judíos intervinieron
en la burocracia del Estado, pero ahora en un paisaje más tenebroso, más
violento y exasperado.



Memorias y relatos dan testimonio del creciente clima anti­semita al declinar el siglo XIV.

Memorias
y relatos refieren cómo esta agitación encuentra eficaces colaboradores
en algunos con­versos, que en sus polémicos manuscritos niegan el aire a
las gen­tes de la Torá y predican la persecución sangrienta e incitan a
los reyes a favorecer con las armas la conversión.



Gritan: "con pala­bras no se corrige a un esclavo, aunque las comprende
no se avie­ne a ellas" y "al sabio, un guiño, al necio, un puñetazo"...




Curas ardorosos y fanáticos multiplican en campos y ciudades estas
vo­ces. Es ahora cuando por las claras callejuelas de Sevilla camina
ferozmente iluminado el arcediano Ferrand Martínez.


Sus ser­mones destilan violencia. Llaman al vulgo a demoler
sinagogas y a encerrar a los judíos en sus barrios. Llaman al saqueo,
exaltan­do lo criminal hasta la historia.
Toda esta avalancha de inflamable fanatismo dio su amargo y horrible.



Cuentan que los asaltos se iniciaron el verano de 1391 en Sevi­lla,
extendiéndose vertiginosamente por todas las tierras de An­dalucía y por
Castilla. Luego los alborotos llegaron al reino de Aragón, a Valencia, a
Barcelona, a Mallorca...



En las cifras que manejan los especialistas tiembla la barbarie a la que
se entrega­ron las puebladas cristianas. "¡Que viene el arcediano!
-gritan frente a la aljama de Valencia unos chiquillos- ¡Para los
judíos, bautismo o muerte!".



Vivían entonces en España alrededor de seiscientos mil judíos,
el diez por ciento de la población. Una tercera parte cayó asesinada.
Otra tercera parte fue convertida a la fuerza. El resto, pese a
permanecer en su fe, logró salvarse.



¿Existía refugio en el destierro?: francamente así lo creyeron muchos.
De Barcelona salieron judíos catalanes rumbo a Alejan­dría y Beirut.
Judíos castellanos cruzaban tierras de Aragón para embarcarse en el
puerto de Valencia. Entre los conversos que desde Mallorca emigran ahora
a Palestina, se encuentra el ancia­no astrónomo Isaac Nifoci.



¿Existía refugio en Sefarad? Conocemos la respuesta de los Reyes Católicos en 1492: NO.



Converso o desterrado. De los que permanecieron en Sefarad muchos
recordarían luego las adver­tencias: ¡ay, pesada es la servidumbre que
lleva dentro el cristia­nismo para el converso! Serán esclavas las
palabras, esclavos los gestos, esclavas las miradas, esclavos los
sueños.


Llena de odios y desengaños, había quedado la vida del cristiano
nuevo después de 1.391. Llena de Inquisidores quedará la existencia del
que decida quedarse en SEFARAD el año de 1.492.


Por Fernando García de Cortazar (Historiador)





 

 



 




vascos Rabino vasco



Historia de los JUDIOS EN VASCONIA










Datos aportados por don MARIANO AGIRITA Y LASA en el año 1904, y respetando su grafía original:





Los testimonios aducidos por los historiadores para justificar la
existencia de la raza hebrea en el pueblo hispano en el siglo III de la
Era cristiana, no se armonizan con los que se ocupan de la implantación
de dicha raza en el país vasco, á la que asignan una época muy
posterior, en lo que atañe á documentos fehacientes.





Es cierto que un escritor del pasado siglo, el más perito acaso en
estudiar la manera de ser de los vascos, describió la vida de la grey
israelita en nuestro suelo constituyendo un estado completo, con su
aljama y sus ritos, con vida independiente y con no pequeña influencia
entre los cristianos en los comienzos en los comienzos del siglo VIII y
principio del reino pirenaico ; pero es de creer que, en este punto, se
dejó guiar el escritor de referencia más por las alas de su imaginación
fecundísima que por los senderos de una crítica imparcial.


Los hijos de Judáh no empiezan á dar señales de vida en el país vasco hasta el año 905,
cuando derrocado por completo el imperio del Islam, y definidos con
mayor fijeza los atributos de la autoridad real por mano de Sancho
Abarca, se abría camino la raza hebrea para demostrar su incesante
actividad en la precisión de repoblar las ciudades llanas, nuevamente
redimidas; y á esta época parece deber su origen la primera sinagoga,
fundada en la Navarrería de Pamplona con número no insignificante de
judíos, que más tarde tanto había de influir en las discordias civiles
en la capital.





Verificóse algunos años después, en 958, un acontecimiento de gran
importancia para los hijos de Judáh, cual fué la venida que rabbi Abu Joseph Aben Nasdai,
renombrado físico del califa de Córdoba Abd er Rahman III, hizo á
Iruña, á petición de la Reina de Navarra D.ª TOTA, con el motivo que
diremos luego.


Todos aquellos agasajos que, según relatan los historiadores se hicieron
al famoso médico, de quien esperaban no sólo la curación del rey D.
Sancho el Gordo de León, sino el auxilio eficacísimo de que tanto
necesitaba para recuperar su trono, es de creer redundarían en pro de la
grey israelita; porque es cosa por demás averiguada, que el judío,
cualquiera que sea la situación en que se encuentre, no olvida jamás lo
que debe á su raza; y rabbi Abu Joseph Aben-Nasdai, que tanto había
hecho por los suyos, merced á su valimiento con el califa cordobés, en
las llanuras de Andalucía, no dejaría de aprovecharse de su influencia
con la Reina de Navarra para favorecer á sus hermanos de Vasconia.





Ello es que, á principios de la siguiente centuria, no en Pamplona
solamente sino en Tudela y otros puntos, donde los hijos de Judáh
aparecen por documentos fehacientes entregado de lleno al negocio que
más cautivaba sus corazones, cual era manejar dinero y hacer fortuna, en
lo que fueron siempre maestros.





Figuran en 1033 los hermanos Juseph y Albofazan, de Tudela,
comprando de Galín Ciprián una algolecha; recibiendo en 1042 la donación
que D. Juan Díaz les hizo de varias piezas en Mosquera y el agua de la
fuente del Mallolo, donación que debemos suponer no se haría por puro
cariño, sino por temor de algo grave que no dice el documento;
adquiriendo en el mismo año de D.ª Alvira Martínez de Almansa una
algolecha en el propio término de Tudela; ó prestando dinero so fianza
de un terreno á Guillermo Tort, con todas las seguridads que podían
proporcionase.





Y en los años sucesivos vemos á los dichos Juseph y Albofazan,
secundados por D. Muza, hijo del primero, otorgando escrituras de
empeños de fincas para responder de módicas cantidades de dinero, con
que aparentaban favorecer á los cristianos de EESTELLA y TUDELA,
CASCANTE, MONTEAGUDO, VALTIERRA, ABLITAS, FONTELLAS y hasta de lugares
tan míseros como ARAZURI.





De esta manera se iban haciendo lugar entre los cristianos,
aprovechándose de sus necesidades, no menos que de la benignidad de los
Reyes que les abrían la puerta para que entrasen á poblar distintas
localidades, si ya no fomentaban su engrandecimiento concediéndoles
fueros especiales, como veremos al estudiar su influencia política,
igualando sus condiciones personales con las de los cristianos y
permitiéndoles alternar con éstos, no obstante las prohibiciones de los
concilios toledanos, y especialmente la del cuarto de Letrán, celebrado
en 1215, cuyo capítulo LXVII prohibía severamente á los cristianos andar
en comercio con los judíos, que les agobiaban con usuras inmoderadas, y
excitaban el celo de los príncipes cristianos par aque protegiesen á
sus súbditos contra la avaricia de los israelitas.





Y como tal disposición no tuviese efecto en el país vasco, el Papa
Gregorio IX, por su bula dada en Letrán á 7 de Junio de 1233 y séptimo
de su pontificado, llamó la atención del Rey D. Sancho VIII de Navarra,
significándole el gran escándalo que resultaba de que anduviesen
confundidos cristianos y judíos, y el peligro que con ello tenían de
mezclarse aquéllos con mujeres judías y éstos con cristianas.


Y concluía amonestando á dicho Monarca para que obligase á los israelitas á llevar vestido distinto del de los cristianos, á fin de que pudieran ser siempre conocidos





Esta disposición envolvía gran trascendencia, puesto que tendía á
establecer un valladar entre las dos razas, y á mantener vivo y perenne
el antagonismo que originaba la diferencia de religión y de categoría
social, muy en armonía con la idea que los cristianos tenían de los
hijos de Judáh.





Consistía la distinción de vestidos, según disposición expresa del
Pontífice, en un RUEDO DE FIELTRO ó de paño de color de azafrán, de
cuatro dedos de ancho en su circunferencia, COSIDO sobre el vestido en
el pecho y en la espalda.


Igual solicitud mostró Gregorio IX respecto á los reinos de Castilla y
Portugal; pero si en dichas regiones fué obedecida la disposición
pontificia, no sucedió otro tanto en Navarra; como que al siguiente año
volvió el mismo Papa á dirigir otra bula al primero de los Teobaldos,
apretándole sobre las mencionadas divisas de los judíos.





No consta que este Monarca cumpliera el mandato de Roma, y hay motivo
para creer que siguiera la misma conducta su sucesor Teobaldo II, á
quien vemos en 1256, no sólo no mortificando á los hijos de Judáh en
modo alguno, sino andando en tratos con ellos, como lo prueba una
escritura otorgada por Lope Ortiz, baile de Tudela, cambiando una viña
del Rey, y en nombre de éste, sita en el término de Albates, por otra
que , judío tudelano, tenía en la fuente de
Juan Díaz, con todas las seguridades y fianzas que eran de rigor, como
si se tratase de un particular cualquiera, porque los judíos no
guardaban mayores consideraciones á los reyes que á los demás mortales,
en tratando de dineros ó de bienes.





El Rey D. Teobaldo II, que antes apenas había hecho caso de las
amonestaciones pontificias, fué ahora precisamente quien acudió á la
Sede Apostólica en demanda de auxilio, y el Papa Alejandro IV, pro su
bula dada en Viterbo á 5 de Octubre de 1527 y tercero de su pontificado,
le autorizó para QUITAR á los judíos TODOS LOS BIENES que constase
legítimamente habían hecho por medio de la usura, y devolverlos á sus
legítimos dueños si pudieran ser hallados éstos, y, en caso contrario,
para invertirlos en usos piadosos.






vascos barra




vascos Auto de Fé o proceso a judios








JUDIOS EN PAIS VASCO y NAVARRA II







Este fué un golpe terrible para los israelitas vascos, puesto que
patentizaba el fin que les movía al relacionarse con los cristianos y
estimulaba á éstos á no fiarse de tan interesados vecinos.


Es cierto que no había otros medios de comunicación social entre los
individuos de ambas razas; porque, ENCERRADOS los judíos EN SUS ALJAMAS
cercadas de altos muros, no hacían pública su manera de vivir en cuanto á
las interioridades domésticas, practicando sus ritos mosaicos y
ejerciendo la poligamia, no obstante la prohibición señalada en el libro
sagrado del Levítico, de contraer matrimonio dentro de los grados de
parentesco prescritos en el mismo; pero podían tener cuantas mujeres
pudiesen gobernar, no pudiendo desamparar á ninguna sin desamparar á
todas; conservaba el padre dentro del hogar doméstico su extremada
autoridad, á tenor de la memoria que guardaban de las costumbres
patriarcales; autoridad que obtenía el hijo cuando contraía matrimonio,
si bien no quedaba del todo emancipado de la paterna, respetada hasta la
tumba.


Al cumplir los veinte años cobraba el varón respecto de la aljama los
privilegios de la mayoridad, y en tal concepto figuraba ya en la
capitación, considerado desde aquel momento como vasallo, ora del Rey,
ora de los maestres, prelados y magnates, para todo linaje de servicios.






Tales condiciones hacían que la raza hebrea se acrecentase
extraordinariamente y creciesen por lo tanto los tributos que había de
pagar á sus señores; pero no mejoraba por este concepto su situación
social en medio de un pueblo que veía con malos ojos la multiplicación
de la raza deicida.





Séanos lícito traer aquí á colación un documento curiosísimo, que indica
del modo más expresivo el concepto que el israelita merecía á sus
cohabitantes, en materia de honradez y fidelidad. Tal es el famoso
Juramento del Judío, que aparece en el Fuero general de Navarra (Lib.
II, tit. VII, cap. III), publicado en la segunda mitad del siglo XIII, y
que, cualquiera que sea su compilador, no puede negarse que demostró
cumplidamente el concepto que merecían á los cristianos los hijos de
Israel y el grado de estimación social que éstos se habían granjeado.


Al verificarse un juicio entre dos individuos de ambas razas, al
cristiano le bastaba jurar sencillamente según la fórmula establecida en
los casos respectivos, pero al judío se le obligaba á jurar según la
ignominiosa y degradante fórmula que copiamos á continuación:





"Di tu, Iudio, ¿cómo has nompne?.


"-Iuras a tu este Xpiano que dizes verdat, o dreito por aqueilla demanda que eill te fizo, tu disist de non?


-Iuro.


"-Iuras por el Domino Dios Padre poderosso, que fizo Cielo, tierras,
Mar, abismos, Angeles, Arcangeles, Tronos, Dominaciones, Principatus,
Potestates, Cherubin, Seraphin, todas las Virtudes qui hi son?-

Iuro.







vascos Judios en Vasconia








JUDIOS VASCONIA -III






Esta humillación, por la que se hacía pasar á los judíos en cualquier
juicio que tuvieran con cristianos tenía que engendrar en ellos un odio á
muerte, que disimulaban hasta que llegase la ocasión de traducirlo en
hechos positivos.





Y la ocasión se presentó, aunque no con los síntomas favorables que ellos apetecían.





Al morir en 1274 el Rey D. Enrique, el Gordo, sucesor de D. Teobaldo II,
su hermano, estallaron las discordias que de antiguo dividían, más que
los muros, á los ciudadanos de la Navarrería de Pamplona y á los
moradores del Burgo de San Cernín y San Nicolás, obligando á la Reina
viuda D.ª BLANCA á buscar asilo en la corte del Rey Don Felipe de
Francia, bajo cuya protección puso á su tierna hija D.ª Juana.





En aquella terrible sublevación, que tan cara costó al gobernador D.
Pedro Sanchiz de Montagut y tan de relieve puso las excelentes
cualidades del caballero francés Eustaquio de Bellamarca, los hijos de
Judáh, unidos á los de la Navarrería, cometieron toda suerte de
violencias y desafueros, llevando más de una vez el robo, el incendio y
la muerte al Burgo de San Cernín, sin perdonar en su destructor enojo
las viñas y heredades.





No conocieron en esta ocasión los judíos el terreno que pisaban.
Traidores y felones, falsos y glotones, según los apellida el poeta
Guillermo de Aneliers, no pensaron más que en la ganancia que podían
sacar del río revuelto de los cristianos, sin discurrir que al voltear
la rueda de la fortuna podían caer sobre ellos mayores calamidades.





Sitiada la Navarrería en 1276 por un poderoso ejército al mando de
Bellamarca, fué entrada á saco con horrible carnicería, dominaron en
ella el incendio y la muerte, y la judería fué víctima del más espantoso
exterminio, en que pereció con su sinagoga, sus sacerdotes y sus riquezas casi toda la generación hebrea.





La judería de Pamplona no fue reconstruida hasta el año 1336, pero
durante este largo espacio de tiempo no permanecieron inactivas las
demás aljamas del país vasco, y lo que no podía hacer la sinagoga
capital, lo suplieron con ventaja las de Estella, Tudela, Viana, Funes y
otras de menor importancia, no obstante los apremios que adoptaron los
monarcas de la casa de Francia para esterilizar la actividad de los
hebreos y quebrantar sus riquezas.





Solamente D. Luis Hutin se mostró más favorable á los judíos, llegando á
declarar en un documento público que los tomaba bajo su protección y
haciéndoles varias concesiones; de cuya actitud se valieron los hijos de
Judáh para seguir su camino de atesorar dineros y de inmiscuirse en los
negocios de sus convecinos por medio de préstamos en moneda y trigo, de
compras y donaciones en su favor.





Caballeros é infanzones, clérigos y seglares, hombres y mujeres caían á
porfía en las garras de los judíos y judías para obtener dineros.


En 1276 apenas quedó un judío en Pamplona; en 1329 fueron destruidos en
su mayor parte los de las otras merinddes; en 1368 alcanzan ya solamente
en Navarra mil cabezas de familia, que pagan al Rey una pecha anual de
12.000 florines.





Y es de observar que en lo restante del territorio vasco apenas se
nota la existencia de los israelitas, ni se conservan documentos para
estudiar su condición social entre los cristianos.



Así se ve que, fuera de las juderías de Vitoria y Villabuena, cuya
capitación en 1294 acusaba una menguada existencia, no sólo en las
regiones de Guipúzcoa, Alava y Vizcaya, sino en territorio del mismo
reino de Navarra, como el Baztán, Bertizarana, Aézcoa, y, en general,
toda la Montaña, apenas se nota más paso de judíos que el de los
encargados de recoger las pechas y tributos reales,lo cual sabían hacer á
maravilla; pero no resultan documentos de préstamos ni de exacciones
usurarias en los valles referidos, porque no se prestaban á ello, ó por
su carácter natural ó por su desahogada posición, de menos exigencias
que los pueblos próximos á la mansión real; y en regiones como Vitoria,
por la natural ojeriza que guardaban á los hijos de Judáh, contra
quienes pedían y obtenían del Rey D. Alfonso el Onceno, en 1332, "que
los de Vitgoria ovieron de uso e costumbre de luego tiempo, seyendoles
siempre goardado, que los judíos que morasen en la villa ni en otro
logar, que non fagan cartas de debdas sobre los cristianos vecinos
dende, et que si las fiçíeren que no valan".





Así se explica que ni en tiempos de prosperidad ni en circunstancias
azarosas adelantaran en intimidad las relaciones sociales de cristianos y
judíos en el país vasco.










vascos Sinagoga
















JUDIOS EN VASCONIA-IV






Sin embargo, no tardó la ocasión de demostrar la enemiga que los vascos
guardaban á los hijos de Judáh, en el terreno religioso.





La famosa Guerra de los pastores, especie de remedo de las gloriosas
hazañas de las Cruzadas, iniciada en 1321 allende el Pirineo, que tan
horrorosos estragos produjo en la Francia meridional sobre los
descendientes de Israel, no obstante los clamores y amenazas de la Sede
Apostólica, movió sus terribles hordas contra los judíos vascos de
aquende, y capitaneados por el benigno D. Alfonso, hijo de D. Jaime II.





Pero la mecha estaba ya encendida y sólo faltaba quien la aplicase á la
leña. Tocóle hacer este oficio á un religioso del convento de los
Menores de Pamplona, llamdo Fr. Pedro de OLLOCOYEN, quien empezó á
predicar, pro aris et focis, contra los judíos, concitando con sus
sermones y consejos el odio de los cristianos, que no necesitaban mucho
estímulo para estallar contra la grey proscrita.





Tudela, Funes, San Adrián, Marcilla, Viana y Estella presenciaron
escenas horribles, muros y puertas derribados, la sangre corriendo por
las calles, miles de judíos degollados en horrenda carnicería, y sus
casas y aljamas dominadas por el incendio y saqueadas bárbaramente.





Y en medio de aquella espantosa hecatombe, sobresaliendo la exaltada
figura del fraile franciscano aguijando á los cristianos al pillaje y
matanza de los israelitas. ¡Escándalo abominable en una persona que por
su condición y estado debía recomendar la mansedumbre y la caridad de
Jesucristo y de su Iglesia, que no quieren la muerte de nadie! ¿quién
diría que luego se había de ver el tal religioso envuelto en un proceso
por causa de lo mismo que él predicaba á los cristianos?





El concejo de Estella, donde mayores habían sido la carnicería y el
estrago, fué condenado á pagar diez mil libras de multa, y el de Viana
doscientas, por la parte que habían tomado en la ruina de los hijos de
Judáh.





Con este lamentable acontecimiento quedó muy mermada la raza judiega en
nuestro suelo, pero no por eso ganó el sentimiento religioso de nuestros
mayores.





Pasados aquellos momentos de efervescencia, que sólo tenía de religiosa
la apariencia, los judíos van rehaciéndose paulatinamente merced a su
actividad prodigiosa, y antes de concluir aquella centuria se les ve
ascender á puestos de consideración que antes no habían obtenido.





Los Reyes D. Felipe y D.ª Juana, D. Carlos II y D.Carlos III les llenan
de mercedes, les hacen donaciones ó remisiones de importancia,
permítenles, si ya no les ayudan, á reconstruir las juderías,
reconócenles sus fueros y privilegios, y confíanles, por último, tales
oficios que les obligan á comunicarse con frecuencia con obispos y
clérigos, con religiosos y religiosas.





Y con todo esto no se altera el orden religioso en el país vasco. Los
judíos persisten en su obstinación sin hacer un solo prosélito, antes al
contrario, presenciando conversiones como la de luis, el ahijado del
Infante don Luis, hermano de Carlos II, y las de los dos que se
bautizaron solemnemente en Olite el día de Navidad de 1392, en cuyo acto
desplegó el real padrino toda su acostumbrada esplendidez; pero no se
encuentra un documento que demuestre que ningún cristiano vasco renegara
de su fe para pasarse al judaísmo; y si algún valor tuviera la leyenda
de Orsini, de Cáseda, según la cual fué acusada de judaizante aquella
joven hebrea bautizada, únicamente probaría que no había sido sincera su
conversión, y que guardaba cierta consecuencia en el obrar la que
renegó de la fe de Dios para renegar luego con infame adulterio la fe
debida á su esposo.





Por donde se ve que no tuvo influencia alguna la existencia semítica en
el pueblo vasco, en el terreno religioso, ni perjudicó en modo alguno al
triunfo de la Cruz redentora que nuestros mayores llevaron siempre
sobre su corazón y sobre su cabeza, poniéndola en la frente de sus hijos
al nacer, escudándolos con ella durante su paso por el mundo y
coronando su humilde sepultura en el término de su jornada.





A más especial mención se han hecho acreedores en el terreno literario,
aunque los frutos de la erudición judaica en nuestro suelo afecten más á
la literatura en general que á la euskara.


Figuró ya en el siglo XII el famoso rabbi BENJAMIN Ben Jonah, natural de TUDELA,
sujeto de gran discreción, muy erudito en Sagrada Escritura, en
historia, en ciencias y artes, VIAJERO por las tres parte del mundo,
Europa, Asia y África, cuyas descripciones consignó en su renombrado
Itinerario, que no obstante la diversidad de opiniones que merecio á los
eruditos acerca de la veracidad de sus asertos, tiene el honor de haber
ocupado las prensas tipográficas para diez y siete ediciones en
distintas lenguas, en menos de dos siglos.





En el XIII aparece otro hebreo, natural de la misma ciudad de Tudela, llamado rabbi Chaiim Bar Samuel,
discípulo de Rabbi Selomoh Ben Adereth, gran filósofo, cabalista y
poeta, autor de las obras Hacecito de la vida, ó comentario de las dos
pates de la doctrina de la Cábala, y Hacecito de plata, ó tratado de
filosofía moral.





Rabbi David Destiliiah, nació en Estella en 1306; fué jurista,
expositor y predicador ó doctrinero de los judíos, y dejó escritos los
libros siguientes: Libro de la Torre de David, ó colección de sermones
doctrinales: Casa de Dios, ó exposición de los preceptos de la Ley de
Moyses: y Ciudad del Libro, ó recopilación de los preceptos ó
instituciones rituales de los judíos, según la doctrina de sus maestros:
de todas estas obras parece ser que sólo ha sido impresa la Torre de
David.





En Estella nacieron también el insigne teólogo , y su hijo Menahem Aben Seraq,
triste narrador de las matanzas de 1328, que en la catástrofe de
Estella tuvo el fatal privilegio de ver degollar á su padre, á su madre y
á sus cuatro hermanos.


Debió su salvación á la piedad de un soldado que le amparó cuando había
sido dejado por muerto. Acogido Menahem Aben Seraq á Castilla, encontró
asilo en la ciudad de Toledo, donde su ciencia le elevó al rabinato de
aquella principal sinagoga, mereciendo que su nombre figure dignamente
en la historia científica y literaria del siglo XIV.





¿Cómo no mencionar aquí el nombre de rabbi Selomoh Halevi, el famoso judío converso, llamado desde su bautismo D. Pablo de Santa María?


Nació en Burgos el año 1350, de noble y esclarecida familia de Navarra, y
sus hechos gloriosos no pueden ser expuestos en esta pequeña noticia.





Del mismo siglo XIV es otro escritor hebreo llamado rabbi ,
natural de Tudela, médico, filósofo y talmudista célebre y gran enemigo
de los cristianos, autor de la Piedra de toque sobre las profecías y el
Evangelio; del Huerto de las Granadas, ó explicación de las alegorías
del Talmud; del Descubridor del secreto, ó exposición de los Comentarios
de Aben-Hezra al Pentateuco; y pasa además por traductor de las obras
De Anima y Physica auscultatione de Aristóteles, y del Libro de
Medicinas de Almanzor.





Pasemos ahora á estudiar otro punto no menos importante, ó sea la influencia política del pueblo hebreo en el país vasco.
















JUDIOS EN VASCONIA- V








Corría el año 958 de la Era Cristina, cuando llegó á las puetas de la
hermosa ciudad de Córdoba numerosa y brillante cohorte de caballeros,
que llevaban á Abd-er-Rahman III la más peregrina embajada de parte de
la Reina de Navarra D.ª TODA AZNARIZ, viuda de D. Sancho García II y
madre de D. García Sánchez IV.





Admitidos á presencia del Califa, exponíanle en efecto los embajadores
que la indicada Reina solicitaba de su magnanimidad que, olvidando
antiguos agravios, le facilitase uno de los sabios físicos de su corte
para curar la enfermedad de gordura al Rey D. Sancho de León, nieto de
dicha Reina.





Oyó el Califa la petición y despachó luego á los caballeros, prometiendo
enviar uno de sus gualíes para tratar con D. Sancho de la curación de
su enfermedad y auxiliarle en la recuperación del trono, de que había
sido despojado por Ordoño IV, el Malo.





Vino en efecto á Navarra, enviado por Abd-er-Rahman III, el famoso
médico judío Rabbi Abu Joseph Aben Hasdai, siendo recibido en Pamplona
con toda suerte de agasajos; quien, más atento á los intereses del
Califa su amo, que á la necesidad del gordo monarca, prometió la
curación de éste y su reposición en el trono lenonés, pero exigiendo que
la Reina y su nieto se trasladasen a Córdoba para verificar lo primero,
y que en recompensa de lo segundo se habían de entregar al Califa hasta
diez castillos.





Todo se hizo á gusto del judío. El Rey D. Sancho se vió curado de su
enfermedad y restituido por un poderoso ejército sarraceno en el trono
de Ramiro II.





Ahora bien: todos aquellos obsequios que Rabbi Abu Joseph Aben Hasdai
recogió en su paso por Pamplona, y las albricias que obtuvo por la
curación de D. Sancho y su reposición en el trono, debían reflejarse
directamente sobre sus hermanos del país vasco, y hacerles menos
repugnantes ó más agradables á los monarcas navarros, en lo cual podía
influir el famoso rabino, dada su preponderancia en el califato de
Córdoba, á quien el trono de Vasconia no podía menos de guardar ciertas
consideraciones.





Ya fuese por su extraordinario crecimiento, ya por los servicios que
hacían á los reyes, se observa que en los fueros y cartas-pueblas se van
ensanchando á los israelitas los derechos que antes se les habían
negado ó escatimado, y corriendo el tiempo se les va IGUALANDO en la
estimación y seguridad personal á los demás pobladores.





En los fueros concedidos por D. Sancho el Mayor y Don García á los
moradores de Nájera, se iguala á los judíos con los monges é infanzones
en cuanto á la pena que debían pagar por homicidio ó por heridas, y con
los vasallos cristianos, así nobles como plebeyos, en los derechos
relativos á la propiedad; en los cuales fueron confirmados por el Rey
Alonso VI en 1076.





Casi igual benignidad se nota en el renombrado fuero de Jaca, concedido
en el año 1090 por el Rey D. Sancho Ramírez de Aragón y Navarra, al cual
fueron después aforadas tantas ciudades, villas y lugares de Vasconia.





En él fueron igualados los judíos y los vendedores de pan, si bien se
hizo á uno y otros de peor condición que á los demás vecinos,
prohibiéndoles ir al molino que quisieran, sin duda por tener en Jaca
algún molino propio de la ciudad, á donde deberían ir los judíos y
vendedores de pan y pagar alguna cantidad; pero no se hizo más excepción
de ellos en cuanto á la administración de justicia en lo civil ni en lo
criminal, quedando por ende sujetos á dicho fuero como los demás
vecinos.





Este recuerdo, que los monarcas navarros, castellanos y aragoneses
hacían de los hijos de Judáh en sus fueros y cartas-pueblas, no
significaba solamente una tolerancia política, sino cierto afán de
ganarse el afecto y estimación de la raza proscrita, no sólo para
impedir que se marchasen los que vivían en el país, sino para que
vinieran á él los que estaban fuera.





Y como los judíos no necesitaban mucho de tales estímulos, llegan muy
pronto á constituir en cada localidad una especie de república, y
consiguen del Emperador D. Alfonso, en 1150, un fuero especial para la
aljama de Tudela, á raíz de la conquista de dicha ciudad, en que se les
da toda suerte de seguridades, se les afora al fuero de Nájera, se les
libra á perpetuo de pagar portático en los mercados y se les faculta
para vender y comprar libremente, sin pagar calonias, ni homicidios,
sino según el dicho fuero de Nájera.





Semejantes concesiones obtienen al poco tiempo los de Cáseda,
Carcastillo y Peña, del mismo Emperador, quien les afora á los fueros de
Soria y de Daroca, en que se les iguala á los demás pobladores; llegan á
constituir en Estella una población aislada é independiente, llamada
Olgacena, sobre la iglesia del Santo Sepulcro, que después viene a ser
propiedad de los barones, por donación del Rey D. García Ramírez VII en
1135.


Y á tanto llega la parte activa, aunque secundaria, que los hijos de
Israel van alcanzando enla suerte de los estados cristianos, que logran
incorporarse temporalmente en los ejércitos reales, y el Rey D. Sancho
Garcés el Sabio, de Navarra, no contento con permitir gozar de su fuero
propio á los judíos de Tudela, pone bajo su guarda el fuerte castillo de
dicha ciudad y los de Funes, Estella y Marañón, ampliando á los
primeros con notables inmunidades y franquicias.





El documento original que poseemos, dado en Tudela en Julio de 1170, pone de manifiesto la importancia de tamaños privilegios.





Consistían éstos principalmente, además de la facultad de vender y
comprar con libertad absoluta todo género de heredades y fincas urbanas,
situadas dentro de la judería, en la exención del impuesto conocido con
el nombre de lezta en toda Navarra, equivalente al moderno de consumos;
en la autorización, harto preciosa por cierto en aquellos días,
tratándose la grey mosaica, para defenderse de todo linaje de agresiones
dentro del expresado castilo, cuya custodia, á excepción de la torre
mayor, ponía á su exclusivo cuidado; en darles por juez un merino real,
al cual acudiesen con sus quejas los cristianos, y en otras no menos
estimables inmunidades, relativas á la forma de los juicios y del
juramento; todo lo cual era evidente muestra de lo estimable del
servicio que el mencionado Rey D. Sancho esperaba en Tudela de la gente
israelita.


Finalmente, les señalaba fuera de la ciudad un lugar á propósito para
cementerio, lo cual contribuía á asegurar su permanencia en aquella
población de la Ribera. Iguales privilegios concedió al año siguiente á
los judíos de Funes.





Esta benignidad del Rey Sabio de Navarra tenía que producir sus frutos
naturales en provecho de la raza proscripta y en beneficio de la cultura
pirenaica.





Constituidos los judíos vascos en un estado político, aunque dentro
siempre de la órbita general cristiana, desarrolalban su actividad
prodigiosa en la industris de sus distintos oficios y manufacturas;
ensanchaban el círculo de sus operaciones mercantiles, ingiriendo nueva
savia al comercio, y producían hombres de tan elevada cultura como Rabbi
Benjamín Aben Jonah, que en sus peregrinos viajes por Europa, África y
Asia iba dando testimonio de la prosperidad á que habían llegado sus
hermanos de Vasconia, cuya largueza le permitía tales expansiones.







vascos Fray Ferrer o quemador de libros





Fray Ferrer quemando libros










JUDIOS EN VASCONIA-VI






Imitador de la conducta de su padre y abuelo, muéstrase favorable á los
hijos de Judáh el héroe de las Navas de Tolosa, D. Sancho VII el Fuerte,
quien en Marzo de 1211 confirma á la aljama de Tudela, con ánimo
agradable y espontánea voluntad, los fueros que les concedieran sus
predecesores; y esto á sabiendas y con expreso consentimiento del Obispo
de Pamplona y de los seniores del Reino, que suscriben el documento,
apreciando sin duda con el Monarca el beneficio que podía reportar al
mismo la adhesión de la grey judiega, ya muy numerosa por este tiempo,
de las que necesitaban el Rey y los grandes para sus empresas guerreras y
hasta para sus necesidades domésticas.





Es cierto que á raíz de las matanzas de 1328 los representantes de la
autoridad real simularon algún acto de justicia, imponieno las multas
mencionadas á los concejos de Estella y Viana, procesando á Fr. Fedro de
Ollogoyen, por haber dado "consejo y favor al pillaje", y aparentando
oir las quejas de los oprimidos israelitas; pero con todo esto no se dió
satisfacción á sus lamentos, no consta que produjera efecto el proceso
formado al fraile franciscano, era levantada la multa impuesta a la
ciudad de Viana por la matanza de los judíos, y el rey D. Felipe III se
apropiaba sin escrúpulos de los bienes de los israelitas muertos ó
fugitivos, á quienes no se reconocían herederos, al mismo tiempo que
esquilmaba á las arruinadas aljamas de todo el Reino, exigiendo la suma
de quince mil libras pra las fiestas de su advenimiento y coronación.





¿Cómo se explica esta conducta y cómo se armoniza este proceder en un
monarca que al dictar el Amejoramiento del fuero general, que ilustra su
nombre, se acuerda del estado lastimoso de los judíos, á quienes
declara cosa suya propia, y en cuyo favor da por nulas las Ordenanzas de
San Luis, introducidas por Felipe el Hermoso?





Esta contradicción demuestra el concepto que D. Felipe III tenía de su
situación. Veía por un lado la animosidad que el pueblo cristiano
guardaba á los judíos, animosidad difícil de acallar, dado el carácter
de ambas razas, y por otro conocía la utilidad que en todos tiempos
habían obtenido las rentas reales con la administración judiega; y
estimaba prudente equilibrar estos dos puntos y sacar todo el partido
posible de su situación aparentando oprimir á los hebreos mientras ponía
todas las rentas reales al cuidado de D. Ezmel de Ablitas, judío
riquísimo de Tudela.





Permitía que fuese reedificada la sinagoga de Pamplona y hacía la vista
gorda cuando los jueces cristianos aplicaban la ley á los judíos de la
manera más absurda.





En 1333 el juez de Tudela condenaba á Rismado, el Mozo, y á Jento,
vecinos de aquella judería, á ser ahorcado por el hurto de una borrica,
mandando enterrar viva á Pechera, hebrea cómplice de este delito, é
imponía la pena de ser sofocado á Puntas, judío, que movido á piedad de
sus hermanos, los descolgó de la horca; desorejaba en Fustiñana al
hebreo Jacob, por hurto de dos panes; y en 1342 era ahorcado en Pamplona
Don Azach, por haber falsificado una carta de pago. Todo lo cual se
hacía á sabiendas del Rey y de su corte.





Por donde se ve que al mediar el siglo XIV era poco apetecible para la
generación hebraica la hospitalidad que le ofrecía Navarra, lo cual fué
causa de que muchos judíos buscasen abrigo en otros reinos; y si á esto
se añade la gran mortandad que la peste negra causó en la raza
proscrita, en la cual se cebó con especialidad, no obstante las
prescripciones higiénico-litúrgicas del Talmud, se comprende que
quedaran desiertas no pocas juderías, cuyos moradores huían aterrados
por tan dolorosa calamidad, dándose prisa á vender sus ya mermadas
heredades, en virtud del Amejoramiento de D. Felipe, y amenzando con una
expatriación total del pueblo israelita.





Y entonces se cambiaron los papeles. Carlos II, que en 1349 había
sucedido á su madre D.ª Juana, comprnediendo el peligro que amenazaba á
la población de su reino y el perjuicio que se notaría en las arcas
reales con la salida de los hebreos, pone todo su empeño en acariciarles
para retenerlos.





Distingue con donaciones á su físico el Maestro Salamón de Tudela,
confirma ampliamente á la aljama de dicha ciudad sus fueros y
privilegios, autorizándoles para usar su ley de judíos en cuanto á
procedimientos judiciales, admite á los judíos á ciertos cargos de la
Casa Real, comisiona para hacer las provisiones de su hostal por todo el
Reino á , con ocho sueldos
diarios, pone al frente del Castillo de Tiebas á su amado Salamon de
Polvorot, en premio de sus buenos servicios, se solaza con Bonafox su
juglar, á quien señala una pensión vitalicia, y autoriza á la aljama de
Tudela para que haga las Ordenanzas necesarias para su gobierno;
logrando con este procede evitar algún tanto aquella expatriación que
arruinaba su Estado, pero viendo con asombro que á pesar d etoda su
magnanimidad á favor de la grey hebrea, ésta, que tan numerosa había
sido en los años anteriroes á la invasión de lapeste negra, en 1366 sólo
figura en el padrón del Reino con la suma escasa de 423 hogares ó
vecinos judíos.




vascos rabino actual





JUDIOS EN VASCONIA-VII






Esta política de atracción, no obstante sus intermitencias y la merma
que en las aljamas judiegas produjeran las epidemias mortíferas que
asolaron nuestro país en el primer tercio del siglo XV, produjo algún
efecto benéfico para la población hebrea, que en los primeros años del
reinado de D. Juan y D.ª Blanca experimentó cierta reacción,
especialmente en la Ribera.





Imitando estos monarcas la conducta del Rey Noble, no ponían obstáculo á
la inmigración de los judíos de otros países, sino que por su cédula de
22 de Enero de 1435 aliviaban á los de Tudela las cargas que no podían
pagar, para que los que eran absentados tornaran á vivir á su regno,
volvían á encomendarles el castillo de dicha ciudad y les hacían toda
clase de halagos para traerles á sus dominios.





Pero esta reacción no podía ser positiva, porque faltaba á la raza
judiega del país vasco la principal armadura para sotenerse en su
terreno.





Mermada por las causas enunciadas y pobre en demasía para ejercer su
industria, volvía á experimentar la enemiga que siempre le había
guardado el pueblo cristiano, enemiga que sólo se había contenido ante
el amparo que los reyes habían concedido á los hebreos y la utilidad que
éstos prestaban á señores y siervos.





La noticia que había circulado de la muerte que los de Tolosa habían
dado á Don Gaon, judío de Vitoria y recibidor de todo el territorio de
Guipúzcoa, cuando fué á cobrar la imposición real á dicha villa,
repercutía en toda la Vasconia, amenazando concluir para siempre con los
hebreos.





Colocados éstos, por lo que atañe á Navarra, en medio de aquel foco
encendido á raíz de la muerte de la reina D.ª Blanca, merced á la
conducta de su viudo, los que nunca habían medrado con las guerras
civiles tenían que sufrir dura suerte, víctimas sucesivas de
agramonteses y beaumonteses.





Era en vano que la gobernadora D.ª Leonor procurase conservarlos en su
dominio, mandando en 1469 que se reedificase la judería de Pamplona y se
obligase á los judíos á vivir dentro de sus muros, por el gran
perjuicio que se seguía al Real Patrimonio de la destrucción de aquella
aljama; ni durante el gobierno y breve reinado de D.ª Leonor y el de su
nieto D. Francisco Febo podían sustraerse los hebreos á la general
desconfianza que se había apoderado de su raza; perdida ya la esperanza
del medro entre los cristianos, reducidos á gran pobreza, disminuido en
gran número el contingente de sus aljamas, sin horizonte para animarse á
nuevos trabajos, obligados de nuevo á llevar el DISTINTIVO que los
separaba y hacía odiosos á los cristianos (1466) en virtud de
constituciones sinodales, hostigados por sus propios hermanos los
conversos, empezaron á desertar de nuevo de las villas, abandonando sus
juderías, en busca de otra hospitalidad, recordando dolorosos las épocas
de prosperidad que antes habían alcanzado en el país vasco.





Con el advenimiento de D. Juan de Labrit y D.ª Catalina al solio de los
Garcías y de los Sanchos, la raza judiega tiene ya en el país vasco una
historia, común con la de España.





En Guipúzcoa, Alava y Vizcaya, por su dependencia del Rey Católico; en
Navarra, por la influencia del mismo, que miraba ya como propio aquello
que todavía no había usurpado.


Es cierto que el Tribunal del Santo Oficio no había podido echar raíces
en Navarra á pesar de dicha influencia, como lo prueba la acogida que
Tudela dió á los asesinos del maestro Epila, por lo cual eran
severamente amenazados por el Rey Católico, como si ya no hubiera rey en
Navarra; pero no lo es menos que su influjo se dejaba sentir tan
eficazmente como si ya hubiera sido admitido, merced á la sumisión de
nuestros últimos reyes á la voluntad de D. Fernando.





En Vitoria no sólo se acordaba por el Consejo, en 28 de Mayo de 1482,
rehabilitar la antiguas ordenanzas, que vedaban á toda mujer cristiana
la entrada en la judería, acuedo que agravaba en 24 de Julio del mismo
año, añadiendo que ninguna persona cristiana fuese osada en día de
sábado "á façer fuego, nin guisar en casa de judío para judío alguno",
sino que, ya en 16 de Junio de 1486 mandaba pregonar por calles y plazas
ciertos artículos acordados por el alcalde, regidores y diputados, en
que invocando el servicio de Dios y de los Reyes y el "aumento de la fe
católica" disponían:





1.º Que nadie entrara en la Judería á vender hortalizas ni vianda alguna, limitándose á expenderla del lado afuera de su pueta.


2.º Que ninguna moza ni mujer casada entrase en la expresada Judería,
bajo ningún pretexto, sin la compañía de un home lego, que la vigilara y
guardara hasta su salida.


3.º Que ningún judío recibiese en su casa á mujer cristiana, de cualquier estado ó condición que fuese.


4.º Que ninguna mujer ni moza cristiana "se alquilara á jornal" á judío ni judía; todo bajo penas aflictivas y pecuniarias.




Con tales Ordenanzas, agravadas cinco años más tarde con nuevas
restricciones, se cerraba la puerta á toda negociación entre los
individuos de ambas razas; extendíase la atmósfera de aversión que el
país vasco profesaba á los hebreos, renunciando hasta á darles la
hospitalidad que por tantos años habían disfrutado.





La villa de Tafalla convenía en 1492 con la ciudad de Tudela en
no recibir en ambos pueblos á los judíos expulsados de Castilla que
intentaban entrar en Navarra, por creerlos ser en total perdición de las
repúblicas de este regno.





Así que al reproducirse el edicto de expulsión, librado por los Reyes
Católicos en 1492, eran relativamente muy pocos los judíos existentes en
el país vasco.





De Alava, Guipúzcoa y Vizcaya salieron bastantes á raíz del mismo para
embarcarse en Santader y Laredo; de Navarra, para la Provenza y Francia;
pero, al menos en Navarra, fueron más los que se quedaron,
convirtiéndose á la Fe de Jesucristo y renunciando sinceramente á la
mosaica.








JAVIER AROCENA










:Sábado 19 de Noviembre de 2016

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